No me corresponde, pero aún así está entre mis manos. Marcada por el tiempo, en un sobre de papel satinado, ya casi sin brillo. Debo el hallazgo de esta carta a mi último recorrido por la casa de antigüedades de la ciudad. Estaba ahí, en el último pasillo, entre los libros empolvados. Cayó al suelo al momento de tomar una antigua edición de “El corazón de las tinieblas”. Dice así:
Querido Marco, debo confesarle que no he podido dormir con normalidad desde aquella tarde del día 12 de febrero de 1963 en su quinta de Cafayate. Fue allí donde tuvimos esa extensa charla sobre la estética del lenguaje junto a otros colegas. Recuerdo que en aquella reunión, usted planteó una idea innovadora. Habló de la posibilidad de descubrir una amalgama de palabras, no tan extensa, que fuera capaz de contener toda la belleza del universo, toda la eternidad, todo el lenguaje y todas las ideas.
Por este medio le hago llegar mi más sentidas disculpas. Lamento reconocer que fui reacio a semejante sentencia, y hasta creo haberme burlado de sus palabras, entendiendo como absurdo el planteo. Recuerdo haber argumentado que la simple idea de contener el lenguaje, todo, en un fragmento del mismo, me parecía ridículo en sí, y hasta una aberración. Sin embargo, después de 20 largos años reflexionando, con la idea retumbando en mi cabeza, creo haber encontrado la solución. Pero antes de compartir mi descubrimiento, permítame hacer algunas aclaraciones necesarias.
En primer lugar, es importante que encuentre las formas de leer el párrafo que pondré a continuación, dedique toda su atención, imaginación e ingenio a esta tarea, de lo contrario, será imposible de entender.
En segundo lugar, debo aclarar que, en este tiempo, he recorrido cada idioma, cada sistema numérico, y cada agrupación de signos para dar con la respuesta. Créame cuando le digo que la única posibilidad de lograrlo es por medio del idioma español.
Tal vez esto tenga gracia para usted, pues no olvidará, porque yo no lo hice, que hemos tenido muchas discusiones al respecto. No me dejará pasar por alto cuando me atreví a explayarme sobre la pobreza estética e inferioridad musical que encontraba en el español en comparación con el idioma italiano (entre otros). Espero que goze su victoria tanto cómo lo que va a leer a continuación.
En tercer lugar lo más importante lea debajo del texto, ya que hay algunas instrucciones particulares que complementan el punto uno. Por último, creo no ser el autor original del siguiente párrafo. Estoy seguro que pertenece a alguien más, aunque no pueda precisar nombre alguno; pues apareció en forma repentina en mi cabeza. Vino a mí como arrastrada por la corriente de ideas, por un sueño que jamás se despidió de mi memoria, yo simplemente soy el encargado de escribirlo. Ahora sí, no seguiré dilatando la cuestión y procedo a presentarle el párrafo de su interés:
Dos faros del fuego con formas fecundas
Telarañas de nieve ojos sin cuerpos terrestres
Olvido ante lunas mil ritmos verdad
Pensamientos cerrados a musicales.
En caso de leer ese texto en el momento en el cual saturno se encuentra abrazado por Castor y Pólux deberá agregar la palabra “vació” después de cerrados.
En caso que Venus se encuentre en Sagitario, o Capricornio, o en Aries; deberá cambiar las palabras “fuego” por “pájaro” y ritmos por “alma”.
En caso de que Júpiter esté en Leo deberá quitar las palabras “terrestres” y “musicales”.
En el sobre de la carta se puede leer (a pesar de las manchas amarillentas):
Remitente:
Dr. Sebastián C. Rojas
Dirección: Av. Santa Fe 1491
Capital Federal
Destinatario:
Marco Rossi
Dirección: Av. Independencia 497
San Miguel de Tucumán
Enviada el 23 de Marzo de 1983
Se registra un sello postal con la figura del General José de San Martín.
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