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Relato de una pérdida

Nov 4, 2024

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Relato de una pérdida
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Día por medio extraño a Francisco.

Francisco fue mi amigo en mis primeros años de rebelión. En una primaria minada de humanos comunes, junto a Milagros y otros bichos raros, formábamos un círculo de contención abundante de diversión y cultura friki. Jugábamos a la play 2 y nos habitaba un sentido del humor muy non-sense. Todos eramos amigos de Mili y ella nos juntaba.

Fran se fue del colegio y perdimos contacto. En segundo año nos volvimos a conocer. Este periodo de amistad fue corto y no tan avallasante, ya que nunca nos organizabamos para salir. Volvimos a perder el contacto.

En el 2022 recobramos lo perdido y construímos aún más nuestro vínculo, desatado de Milagros. Acá ya compartíamos otra complicidad: ambos virginianos de Septiembre del 2003, melómanos, filósofos en expansión y burlones de las personalidades modernas... eramos almas gemelas. Nos volaba la cabeza lo mucho que nos entendíamos: sentíamos (y me tomo el atrevimiento de hablar por él) un amor tan genuino, placentero y auténtico que no hallábamos en nadie más: eramos dos contra la norma.

Nos peleamos en enero de 2023. Todo comenzó cuando me separé. Ante la incomodidad de mi tristeza por un boludo Fran resolvió presentarme a un amigo suyo, Aritz. Nos terminamos "enamorando", y a Fran no le gustó, por lo cual la pifió con nosotros. Creo que hoy entiendo por qué Fran me quería cuidar de él: Aritz fue mi amor más tortuoso... no eramos para nada compatibles.

Hubo oportunidad de reconciliación, sin embargo no la acepté. No me arrepiento, en ese momento lo sentí así. Tomé sus disculpas pero rechacé su amistad. Hoy actuaría distinto.

Fran fue muy importante para mí, y creo que lo sigue siendo, pero hoy Fran me duele. Me duele reconocer que no somos juntos, que no voy a volver a entrar a su casa, que no voy a conocer sus enamoramientos bruscos ni ser espectadora de su euforia. Me duele no amarlo, pasar por su casa y no sentir nada más que nostalgia. Eramos almas gemelas.

Hoy lo extraño. Jamás volvería a ser lo mismo, y eso me consuela. Ya no somos como eramos.

Sueño con cruzarmelo por el barrio, quizás en Los Andes. Sueño con verlo despeinado y campante, indiferente de la furia de los metropolitanos. Él me percibirá de la misma manera.

jazmín de septiembre

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