Hubo una niña
a quien le asignaron madurez
como se asigna un asiento
sin preguntar si quería sentarse allí
hizo del pecho del padre
su arquitectura inaugural,
un techo tibio
donde el mundo todavía no exigía nada
de la madre aprendió otra cosa
la compostura
el arte de sostener sin ser sostenida
la ceremonia de sonreír
mientras algo por dentro se desprendía
pero a la niña
no le preguntaron si quería ser niña
la vistieron de fortaleza,
le colocaron en los brazos
responsabilidades que pesaban más que ella,
y llamaron “carácter”
a la forma en que no se quebrantaba
cuando la piel se abrió
y la sangre escribió su propio testimonio,
los adultos observaron con aprobación
“Ya entiende”, dijeron
“Ya puede"
y así,
sin cuna ni resguardo,
la declararon madre
de dolores que no había parido
le otorgaron la tarea de cuidar
mientras todavía buscaba
quién la cuidara a ella
nadie archivó su infancia
nadie firmó el acta de su pérdida solo firmaron su acto de condena
solo quedó esa niña
erguida demasiado pronto,
aprendiendo a mecer
sus propias ausencias, sus propias dolencias
si preguntan por ella,
dirán que es fuerte
que es mujer
que puede con todo
pero cuando el silencio cae
y la noche no exige postura,
esa niña
se sienta en el borde de mi nombre
y pregunta, todavía
¿ahora sí puedo ser una niña ?
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