¿A qué me estoy aferrando con tanta intensidad?
¿A mi estúpida terquedad de “paloma salvadora abre-jaulas”?
¿O a la absurda ilusión de haber encontrado a alguien que sabe querer como yo?
¿Por qué me aferro a vos como si tu presencia me diera oxígeno?
¿Me lo da… o me lo quita?
Pensé —con la escasa claridad que permite el dolor— si lo que no tolero es verte con otras.
Y no.
Lo que hacés con tu cuerpo no me duele. Me gusta verte disfrutar.
Lo que me lastima es el lugar donde me dejás.
Ese rincón pobre y sombrío de "opción".
Ese banco de suplentes emocional donde solo entro en juego cuando te sobra tiempo o te falta consuelo.
Donde te gana el “viejo vos” y venís a acurrucarte rendido al amor que te doy.
Supuestamente, entre nosotros hay algo especial.
Una amistad.
Una conexión.
Un espacio donde podés ser vos, sin máscaras, sin defensa.
Eso, eso te lo doy yo.
Porque soy yo quien sostiene esa libertad que ni siquiera vos podés darte.
Y vos… vos me das lo que te queda.
Las sobras.
Lo que nadie más quiso, lo que no podes mostrar. Lo que pesa y no sabés dónde poner.
Me usás como refugio momentáneo.
Como un paréntesis donde el mundo deja de exigirte.
Y yo… yo me dejo.
Pero ¿qué clase de ser sin alma creés que soy?
¿Pensás que no siento?
Porque no celo, no reclamo, no exijo…
¿Pensás que no me duele?
Me estoy vaciando.
Me conformo con las migajas de quienes, como vos, no tienen el coraje de entregarse.
Y mientras, doy todo, me pierdo.
No soy tu sanadora.
No vine a lamerte las heridas ni a tejerte alas.
No quiero ser tu experimento emocional.
No soy tu pista de pruebas.
Querés amor, pero no lo admitís.
Querés cuidado, presencia, complicidad.
Querés todo. Que te vean, te amen, te validen, te cuiden. Que te mimen y también te sometan.
Queres que te cojan de la forma mas primitiva que existe, pero también que te hagan el amor dulcemente.
Querés que te elijan sin que te limiten.
Que se queden, incluso cuando el frío de tu melancolía apaga el fuego que tanto te gusta mostrar que tenés.
Pero te da pánico nombrarlo.
Decís que no querés una relación tradicional.
Y sin embargo, conmigo construiste justo eso: rutina, silencio, abandono, monotonía. Se apagó el fuego, abandonamos el juego.
Conmigo lo tradicional jamás tuvo lugar. Te lo dije, te lo hice saber, te lo demostré.
Porque lo que te ofrecí fue otra cosa:
Algo sin forma, sin molde. Algo más verdadero.
Yo te mostré que podía acariciar tus alas, celebrar tu vuelo.
Y también te ofrecí un lugar donde volver.
Donde descansar.
Pero tenés miedo.
Miedo al equilibrio.
Miedo de hacerte cargo de tu deseo. El real.
Vivís entre extremos: lo convencional o lo descartable.
Nunca al medio.
Y ahí estoy yo, en un limbo, bancando los trapos, mientras me vuelvo cada vez más invisible.
Esto no es una despedida, es un aviso. Porque no quiero menos de la entrega que doy.
Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor
Comprar un cafecitoRecomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión