...
La estatua.
Esa imagen que vemos en las películas y documentales con esa colosal figura de una mujer con un libro y una antorcha que se supone representa la libertad, erguida sobre un pedestal de casi cincuenta metros sito a la entrada de la bahía de Nueva York, es tan solo una más de las mentiras publicitarias de aquel país que es todo negocio, tapado por un espléndido y ficticio decorado.
Lo que debería lucir en esa peana es un tipo obeso, con un rifle a su lado, una hamburguesa en una mano y un refresco de cola en la otra. Y con su enorme peso aplastando al mundo entero.
Esa si sería una imagen representativa.
Con fianza.
Veo en películas y series como los abogados, al principio de un procedimiento judicial, pelean para conseguir para los inculpados, libertad sin fianza o prisión incondicional o que el montante no sea muy alto. Cada quien en su papel.
Como para todo, las leyes y demás normas, se hacen a favor de los ricos.
Si tienes dinero, más posible es que no pises la cárcel.
En esto de las fianzas, yo pondría otro sistema. En vez de aportar un dinero, que es un asunto discriminatorio y favorece a los ricos, establecería unos años de prisión. Ejemplo:
Queda usted en libertad comprometida a cinco años de cárcel. Si no cumple con el compromiso, esta condena se cumplirá aunque resulte absuelto del delito por el que se le va a juzgar, y se aumentará a lo que se dicte si es considerado culpable.
Es de Justicia.
Sé que me equivoco.
Sí, en lo suficiente como para no pretenderme sabio ni por encima ni especial ni diferente. Me equivoco tanto como cualquiera.
Pero aquí digo sobre el actuar de la gente.
Vive cada quien su mentira de forma diligente. Es su hacer cada día el sentido de su estar en el mundo, mientras la enfermedad y/o la muerte no vengan a perturbar el paisaje de su cotidianidad.
Trabajo, relación con el dinero, ideario político, trato social, costumbres, vicios... todo lo criticable de la vida es lo que la compone. Da igual, a ese respecto del juicio ajeno, lo que se haga, pues todo, todo, puede ser censurable.
En este asunto es curioso observar como al personal, el prójimo suele importarle mucho más para la crítica malsana que para echarle una mano.
Pero, sigamos; si yo, equivocado, hago ver al ciego su mentira ¿qué vida hará que sea su vida?
Cada uno se engaña por tradición, cultura, costumbre, atavismo, irracionalidad, sinsentido, fe... y avanza en su rugoso camino.
Solo la constante duda es un buen destino.
Tan despacio. Tan deprisa.
Fueron miles de años viviendo en cuevas. Lo mismo, siempre lo mismo. Generación tras generación.
Llegaban los cambios tan despacio que la vida de los hijos era igual a la de los padres e igual a la de sus propios descendientes.
Fuego, hierro, agricultura, rueda, arado romano, imprenta, máquina de vapor...
Mi abuelo, ya en tiempo más cercano, vivió como el suyo; eso sí, llegó a tener aparato de radio. Y vio la televisión.
En la casa en que nací, el suelo del portal era de tierra, barro; en época de lluvia atravesado por una reguera. No gocé de otra agua corriente hasta cumplidos los trece años.
Las cosas que no se cuentan, en la cuadra, con la mula Gervasia a su bocado, y, las gallinas en su palo, de público poco interesado, salvo para picotear el remanente.
Si yo hubiera visto entonces mi vida de ahora, me habría quedado... ciencia ficción.
Y cada día seguimos en un alocado mundo que igual nos augura la energía gratuita e inagotable como la inminente destrucción de todo por una guerra nuclear o por el evidente deterioro climático.
Desde el nosotros cromañon, en su cueva, pintando un bisonte, mirando las llamas, dormitando, hasta este hombre de hoy, sapiens sapiens, frenético dislate, hay una enorme distancia.
Los senderos, que son inescrutables.
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