Hoy saldré a pasear la cara,
a tomar aire,
desfilar entre la muchedumbre,
buscar entre sus ojos esa mirada
que contenga un ápice de la tuya.
Quizá te encuentre,
en la misma estación,
tarareando tu melodía.
Danzando de aquí para allá,
mirarás y mirarás el reloj,
pero el tren no llegará.
Tal vez me acerque,
vistiendo el mismo pulóver lila,
salvo por esta pequeña mancha de café.
Tocaré tu nombre y te diré un chiste malo.
Reirás,
tu hoyuelo izquierdo se hará presente.
Nos sentaremos e iremos charlando,
intentando acordarme de algún poeta,
nombrando películas viejas y sin gracia.
Justo esas que más te gustan.
Quizá me vista formal,
compraré un perfume caro,
lustraré mis zapatos
e iré a conocer a tu familia.
Me perderé en el camino,
pero me irás a buscar.
Tus perros me saltarán,
y, casi cayéndome, pisaré barro.
Comeré y reiré hasta no poder más.
Me acompañarás afuera y me verás llorar por primera vez.
Entre lágrimas y mocos te diré que nunca me sentí parte de una familia,
que el ambiente mataba mi monótona soledad.
Quizá me calles con un beso, dos o tres.
Y a lo mejor me enamore.
Y tal vez me ames,
me demuestres
que debajo de este aburrido personaje,
que camina mirando la nada,
no se peina y su pelo parece una virulana,
que tiene pánico a poner el volumen en número impar,
que odia terminar los cafés y los deja a la mitad,
que su mayor sueño es escribir un libro,
aunque nunca supo de qué,
o que nunca recibió un abrazo desde el alma,
o un mísero «Lo hiciste bien»,
tal vez debajo de eso se encuentre alguien que pueda ser amado.
Quizás nos tiraremos en medio de un campo,
justo en la línea que divide el algo de la nada,
seremos ese diminuto espacio donde Dios no llega a ver.
Las estrellas cantarán encima nuestro,
dibujando formas,
implorando ser contempladas.
Te quedarás callada unos segundos
y luego matarás cada imagen mía.
Cerrarás el círculo y dirás que no soy para vos.
Te irás.
Y quizá me vaya también,
subiré al colectivo,
esquivando las miradas hasta la última fila.
Me pondré los auriculares,
sacaré el libro que me regalaste,
releeré las frases marcadas
y ahí me caerá
el silencio,
el vacío de saber que nunca habrá otro
«¿Cómo estás?»,
de saber que jamás veré crecer a tu hermanita,
de cambiar los verbos a pasado y de...
no saber qué pudo pasar.
Y quizá te supere,
vuelva a reír sin miedo,
vuelva a contemplar el mismo cielo estrellado,
a comprar los libros que me prestaste,
a ir a los conciertos que nos prometimos,
a sentarme en un banco sin esperar que se siente alguien más.
A adoptar otro gato negro,
nombrarlo como los personajes de series cliché que veíamos.
Y tal vez, quizás, nunca lograré entender qué significaban esas palabras.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.
-increased-7GH8BI.jpeg)

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión