quimera.
Feb 17, 2026
Floreces en el jardín de mis ensoñaciones, una flor irremediablemente única y salvaje; no te recuerdo porque te inventé, pintando tus delicados pétalos con lujuria, pegándote ojos de cristal brillante que solo me miran a mí, haciéndote tragar una voz que no sepa otra cosa, sino profesarme su amor en una vorágine de desenfreno y fragilidad.
Clava tus espinas de metal en mi piel,
Dibuja grietas por donde rebase mi deseo hacia ti.
Bañándote con esta hemorragia de euforia neón.
Y bien dicen, “la crueldad no es recordar… la crueldad es inventar lo que no existe”. Pero yo quiero obsesionarme con lo imposible, idealizar los besos que aún no me has dado, hacerte la profecía de mi proverbio. Nadie puede sanarme de esta herida creciente cuyo vacío tiene hambre, y es que, estoy perdidamente enamorado de un futuro que te aclama aunque no sepa tu nombre, adorándote de pies a cabeza mientras lloro tu ausencia, enlutado porque no vienes, te espero y no llegas.
¿Cómo se llama este peso en el esternón por alguien que ni siquiera ha tenido la decencia de nacer?
Te busco en las esquinas de una ciudad que parece más ruidosa, más grande y gris con cada estación, en los reflejos de los charcos estancados después de la lluvia, en los rostros de extraños que caminan demasiado rápido como para conectar. Y no estás. No has estado nunca.
Mi fantasma que no tiene pasado. Mi amante hecho de fragmentos de pasajes de libros que subrayé, de retazos de películas con las que me emocioné y de canciones que nunca dediqué. Guardo mi absurda forma de querer para ti, cartas, poemas, suspiros y noches en vela, te pertenecen, todo es tuyo.
Te amo con una nostalgia imposible.
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