Hay encuentros que no parecen humanos,
parecen fenómenos
como si dos existencias coincidieran por accidente
y aun así el universo entero modificara su respiración
la habitación estaba llena,
pero el vacío encontró la manera
de sentarse entre ambos
no como ausencia,
sino como algo peor,
como la sensación de que incluso estando cerca
hay distancias que nacen desde adentro
uno de ellos llevaba palabras atrapadas en la garganta,
palabras que pesaban demasiado para seguir ocultas
y demasiado frágiles para sobrevivir afuera
el cuerpo insistía en acercarse,
porque el cuerpo siempre reconoce antes aquello que le falta
pero la mente
es cobarde cuando presiente algo capaz de cambiarla
y qué tragedia silenciosa
ser retenido por algo invisible
no unas manos,
no una promesa,
ni siquiera un recuerdo concreto,
solo una especie de gravedad extraña
capaz de dejar marcas
sin necesidad de tocar
quizá por eso la nostalgia apareció antes de la pérdida,
porque hay personas que comienzan a doler
mucho antes de irse
como si el alma, en un acto de crueldad o sabiduría,
decidiera adelantarse al desastre
desde entonces quedó flotando una pregunta
en medio del aire que compartían,
una pregunta que jamás fue pronunciada
porque algunas dudas son demasiado íntimas
para soportar el sonido de la voz
si el destino volviera a colocar ambos mundos frente a frente,
¿seguiría existiendo una elección?
y si alguna vez te reconocés en estas palabras,
entonces ya sabés a quién pertenecían desde el principio
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