A la que vive en el espejo,
Te sigo viendo ahí.
Apareces cuando la habitación se queda en silencio y la luz cae de lado, como si el cristal todavía guardara pedazos de la persona que fui. Me miras con esos ojos que antes eran míos, como si quisieras preguntarme en qué momento empezó a romperse todo.
Y la verdad… es que no lo sé.
Solo recuerdo que hubo un tiempo en que creías que, si eras lo suficientemente buena, alguien iba a elegirte.
Pensabas que si sonreías más, si ayudabas más, si te volvías más amable, más ligera, más fácil de querer… entonces alguien miraría hacia ti y diría tu nombre.
Así que cambiaste.
Te limaste los bordes.
Guardaste el enojo donde nadie pudiera verlo.
Aprendiste a hablar suave incluso cuando por dentro todo era ruido.
Te convertiste en el lugar donde otros podían apoyarse.
La escalera.
El peldaño.
El suelo firme donde alguien más subía.
Y durante mucho tiempo te dijiste que estaba bien.
Que ver a otros avanzar también era una forma de avanzar.
Pero mírate ahora.
Mira lo cansada que estás.
Porque hay una verdad que empezó a aparecer demasiado tarde: hay personas que no buscan corazones, buscan escalones.
Y tú fuiste uno.
Uno fuerte.
Lo suficiente para sostenerlos,
pero nunca lo bastante para que se quedaran contigo arriba.
Y sé que todavía te preguntas qué hiciste mal.
Si debiste ser más bonita.
Más pequeña.
Más perfecta.
Más todo.
Pero la respuesta es más simple y más cruel que eso.
No era cuestión de cambiar.
Porque incluso cuando cambiaste…
nadie dejó de subir.
Solo siguieron pasando por encima,
como si tu lugar siempre hubiera estado abajo.
Y ahora te miro…
y entiendo algo que antes no veía.
Tú sigues ahí,
detrás del vidrio.
Intacta.
La misma que creía en las promesas,
la que pensaba que ser buena bastaba,
la que todavía esperaba que alguien la eligiera.
Pero yo ya no sé cómo volver a ti.
Porque mientras tú esperabas
que alguien te mirara,
yo aprendí lo que se siente
cuando el reflejo empieza a parecer
un extraño.
Y quizá eso es lo más triste de todo:
no que nadie me haya elegido.
Sino que un día miré el espejo
esperando reconocerme…
y la única persona que seguía ahí
eras tú.

Aleinad
Soy una escritora en formación, una buscadora de palabras que intentan decir lo que a veces la voz calla. Descubrí en la escritura un refugio.
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