Queja y gratitud son dos caminos que se pueden seguir. El camino que se elija, a su tiempo, te llevará a cosechar sus frutos y vivir, día a día, según ellos.
La queja hace las tareas cotidianas pesadas.La gratitud hace de las tareas algo trascendente.
La queja puede hacer de nuestras actividades un castigo, algo hasta humillante. La gratitud convierte las tareas en un Don y hasta algo de gran virtud.
La queja nos limita. La gratitud nos expande.
La queja es egoísta. La gratitud es universal.
La queja es elegir quedarse viendo solo lo malo. La gratitud es reconocer lo bello que hay en todo.
La queja sin la verdad puede llevarnos a pecar por omisión. Hay quejas nobles y necesarias.
La gratitud sin la verdad se convierte en adulación y habladuría, actuando así, se peca también por omisión.
La queja carga a la persona. La gratitud le libera.
La queja es activismo sin freno. La gratitud es paz en acción.
La queja es ver solo lo que falta. La gratitud es ver lo que hay y lo que puede ser.
La queja es prisa. La gratitud pausa.
La queja es muy difundida y ha abarcado el amplio “mercado” de las almas, podríamos decir: se ha posicionado muy bien, pero la gratitud, aún siendo muy poco difundida, es un tesoro, el cual, su fruto más pequeño se convierte en un bálsamo que cambia la dinámica dominante de NUNCA ESTAR CONFORME.
¿Queja y gratitud? Vos elegís.
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