Hubo una vez
en la que te abracé fuerte,
en la que te besé
antes de hundirme en tu cuello.
Hubo una vez
en la que estuve a tu lado
y di a luz palabras
que no sabía
que podían besarse
hasta tatuarse una mancha
de rubor.
Hubo una vez
en la que vestí esas palabras
de besos,
de miradas,
de caricias,
¿Quién les preguntó
qué querían ser?
Hubo una vez
en la que no hacía falta
decir nada,
nuestras lenguas
ya no adivinaban,
solo bailaban juntas.
Hubo una vez
en la que me metí en tu cuello
y no supe salir de ahí,
hasta que desperté
y estaba sola.
Aquella vez las palabras me abandonaron
y parecía como si nadie me hubiera enseñado
a hablar en singular,
a hablar mi pronombre.
Aquella vez las palabras se enfadaron,
fue una ofensa no preguntarles
qué querían ser.
Yo también fui una de ellas,
pero ¿a dónde vuelvo si no estoy
compuesta de letras que saben bien
que pueden difuminarse sin perderse?
Nunca supe bien qué definía
más que amarte
e intentar ahuyentarte del fin,
¿Qué soy a tu lado
cuando amarte es
una terquedad
de mantenerte con vida?
Con más vida
que aquellas palabras que susurré
y fallecieron en tus labios,
tumba de tantas palabras
menos de mi pronombre.
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