Fui al cine y después de un rato todo me hacía pensar que voy a morir sola sin nadie que me ame. Volví a mi casa con sueño pero no duermo porque llueve y me da miedo que se caiga el techo a pesar de que vivo en un cuarto piso en un edificio de siete.
No hay nada que valga la pena decir sobre amar y que no te amen. Eso y la muerte son las tragedias que moldean todas las historias, son prácticamente lo mismo. Por eso me siento patética. Ni siquiera puedo hacer algo que me guste con esto.
La lluvia y estar triste me inquietan de la misma manera: va a terminar pero nunca se cuándo y tampoco hay indicios de que vaya a ser pronto.
Mientras tanto miro la hora y cuando veo números repetidos me acuerdo que hace unos meses pensaba que eso era una señal de algo. Lo único que significa es que mis horas de sueño se van achicando a lo largo de la madrugada.
Lo más difícil no es solo lidiar con la desilusión de lo que podría haber sido y no fue, sino velar y enterrar la persona que fui cuando creía cosas y no se me cruzaba por la cabeza estar sola, con miedo, esperando que caiga el techo y el agua fría. Con los brazos abiertos. Entregada.
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