Amarte nunca fue el problema,
lo difícil fue odiarte, esperé a que me destruyeras tanto
que odiarte no me carcomiera de culpa.
Ahogué mi voz, mi pasión, mis sueños
para mantenerte a flote, pero tú subiste al bote
y me dejaste a la deriva, rodeado de tiburones.
Ahora me doy cuenta que no soy suficiente
para saciar tu hambre, tu amor o tu ego.
Me pregunto si valdré la pena,
si mi ausencia te hará sentir algo, aunque sea un poco.
Dicen que debo olvidar y seguir adelante,
pero no quiero perdonarte, no quiero dejarte ir.
Aunque esto me lleve al borde de la locura,
mis entrañas al borde del colapso,
mis ojos vacíos y mi piel arda de dolor.
Lo que un día fue una persona de amor y emociones,
hoy es un cascarón vacío, funcional para la sociedad.
Y ahora, ¿qué queda de mí?
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