No siempre es tormenta.
A veces
es solo el cuerpo
pidiendo tregua.
Cargar el mundo
con manos humanas
también cansa.
Y está bien.
No sos menos fuerte
por necesitar detenerte,
ni menos valiente
por cerrar los ojos un momento
y apoyar la frente
sobre tu propio silencio.
Respirar
no es huir.
Es volver.
Volver al centro,
a la parte intacta,
a ese lugar donde todavía
late algo limpio
que nadie pudo romper.
Que el aire entre despacio.
Que salga más lento.
Que te recuerde
que seguís acá.
Que no todo lo que pesa
es culpa tuya.
Que no todo lo que duele
es derrota.
A veces el mayor acto de coraje
no es resistir…
es soltarte del juicio.
Que nada te quite la sonrisa
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