A quien corresponde:
He escrito y desechado más de una vez el escribir esto que tengo aquí, guardado en notas desde hace semanas, pensando en si será prudente reavivar quizá la llama de lo que fuimos. Pero sé que, si es que llegas a leer esto, será bajo tu propia responsabilidad, y si es que estoy gritando al vacío sin obtener alguna respuesta –que no deseo una–, por lo menos me sirve para darle un cierre a una de las etapas más intensas de mi vida.
Mi mente dejó de hacer ruido, hace muy poco. Y me duele saber lo que significa, saber que te estás yendo de mí. Hace unas semanas estuve conviviendo con el dolor tan colosal que dejó tu partida, y me lamenté tantas cosas, pero sobre todo anhelaba volverte a ver. Esta vez sé bien que todo es diferente, pero estoy seguro de que es así para ti también. Es momento de dejar que el amor que nació de una coincidencia, de una noche, donde dos corazones se reconocieron, porque sé que te había visto antes, y estar contigo me recordó la belleza de lo efímero; aprender a amar aún si eso implica que las cosas terminen.
Para el futuro, lo único que deseo es que este amor viva como un recuerdo, uno tan grande y preciado para mí, uno que llevaré en mi corazón para el resto de mi vida. Sé que será difícil olvidarte, aún cuando es algo que anhelo porque recordar algunas cosas sigue siendo doloroso, y sigo lamentándome no haber hecho todo diferente, pero además creo que eres parte de mí y eso me hace ser la persona que soy. Aprendí de ti, no solo de cómo amar, y me gustaría decir que me enseñaste lo que era la incondicionalidad, pero ambos sabemos que nos así pues ninguno estuvo dispuesto a eso, pero sí entendí muchas cosas sobre cómo ver la vida, y quizá más sobre lo que no quería para mí.
Me arrepiento de muchas cosas, colibrí, pero nunca de haberte querido con todas mis fuerzas. Espero que también lo hagas, y quisiera que no hubiera rencor, porque créeme que de todas las cosas que siento en este instante por ti ninguna es eso, aún si de vez en cuando resiento las palabras que dijiste y las acciones que no hiciste. Me quedo con lo bueno, eso sí te lo prometo, todo aquello que me hizo sentir infinito y todas esas primeras veces que se permanecerán como algo nuestro.
Por amor y respeto a lo que fuimos, voy a desaparecer y será como si nunca hubiese existido; espero que hagas lo mismo. Es la última vez que te escribo. Cuídate siempre, y no dejes de aletear, colibrí.
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