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PUNTO ARROZ

Jun 7, 2024

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PUNTO ARROZ
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Punto arroz

 

- ¡No me pidan que me quede tranquila, ni que deje de pensar en Eliseo!… ¡Simplemente no puedo! -, expresó angustiada Estela.

- ¡Ay, Estela! …Si continúas preocupada por el Eliseo vas a terminar enfermándote- le advirtió Lola, su hermana mayor.

- ¡Voy a dejar de pensar en el Eliseo cuando deje de sentir lo mismo que él está sintiendo allá, tan lejos!... Así que mejor me dejan tranquila con mis “pensares”- ordenó Estela que, suspirando, volvió a su tejido, que iba tomando forma gracias a su gran dominio con las agujas.

-Dos adelante… dos atrás… punto derecho… punto revés… pasada… punto revés… punto derecho… y de nuevo: dos adelante…

El ovillo de lana bailoteaba en el piso, mientras, las agujas de tejer insinuaban el inicio de un retazo color celeste.

Debe estar viendo el cielo o el mar, pero está sintiendo frío-, Dijo para sí Estela, que movió con mayor rapidez las agujas para, en poco tiempo, crear un inmaculado retazo de color celeste.

Interrumpió su ajetreo para mirar a través de la ventana cómo, unos niños, al jugar a corretearse entre ellos, exhalaban humito de sus bocas como si fuesen pequeños y felices dragoncitos. Estela suspiró y regresó a su tejido hasta que la caída del sol le indicó que ya debía preparar la cena. La comida fue sencilla: milanesas con puré. Mientras el resto de la familia comía, Estela, mirando su plato, se abstraía de los diálogos de la mesa.

- ¿Qué habrá comido Eliseo?… ¿Habrá comido Eliseo?...

- ¿Por qué no comes mamá? -, le preguntó Nora, su hija.

-Es que estaba…

-… Pensando en el Eliseo… tranquila mamá, recuerda que él nos dijo que lo enviaban a un lugar  lejos de todo peligro.

-Lo sé, Norita… Lo confirmé con el tejido color celeste-, respondió Estela, señalando el tejido que se encontraba sobre el sillón de totora.

-A veces sos tan rara…-, afirmó Tito, el benjamín de la familia.

-Rara o no… a mí me hace bien tejer y pensar en Eliseo…así no lo extraño tanto.

Al día siguiente, luego de los quehaceres, Estela regresó a su tejido:

-Uno adelante... dos atrás… punto derecho… punto izquierdo…

Mientras tejía, a Estela la asaltó la imagen de la nieve.

-Dos atrás… 

Estela notó cómo, de a poco, el nuevo retazo comenzó a clarearse hasta tener un inmaculado blanco nieve.

-Está pasando frío… Y también tiene miedo-, pensó Estela, que inspiró profundamente, y luego exhalo con fuerza, buscando expulsar la angustia que la ahogaba.

Pasó el resto del día tejiendo retazos de color blanco, hasta que, cansada, se quedó dormida en su sillón de totora. Mientras dormía, la asaltaban imágenes discontinuas de Eliseo: unas, vestido de rugbier, y otras con su uniforme.

-Mamá, despertá, ya está lista la cena-, le dijo Nora, tocándola con suavidad de uno de sus hombros.

- ¿Vos hiciste la cena? -, preguntó sorprendida Estela.

-Claro… No es tan difícil meter unos fideos en la olla.

Luego de la cena, ya en la cama, Estela no podía conciliar el sueño. Le angustiaba pensar que Eliseo estuviese ahora en peligro, allá, tan lejos.

- “Si quieren venir que vengan”… ¡Borracho de mierda! -, rezongó a media voz Estela, antes de que el cansancio la venciera.

Estela despertó a la mañana sintiendo una profunda angustia. Apenas se levantó fue en busca del tejido.

-Uno adelante…

Los retazos de lana eran ahora de color verde, muy parecido al que tapizaba el jardín que adornaba el porche de su casa.

-Dos atrás…

Desde las agujas de tejer, los retazos verdes surgían vertiginosos. Esta vez, ni siquiera paró para almorzar ni cenar, mientras, sus hijos se limitaban a observarla sin decirle nada. Avanzada la noche, Estela, exhausta, se fue a dormir. De madrugada despertó sobresaltada. La dominada una profunda angustia y su cuerpo temblaba con los espasmos que genera el miedo instintivo: ese que paraliza e impide pensar con claridad. Desesperada, se dirigió en camisón al living, donde tomó el tejido y, con nerviosismo, comenzó a tejer.

-Uno adelante, dos atrás ¡Eliseo ¡qué le estará sucediendo!, dos atrás, punto adelante…

Tejía con desenfreno, sin pausa. Ahora Estela respiraba con dificultad, mientras movía las agujas a gran velocidad.

-…Dos atrás ¡qué miedo!, esto me asusta, uno adelante…

De pronto, sintió que su pecho era perforado por impactos invisibles que casi la voltean del sillón. Estela se tambaleó, y cuando se recuperó, asustada, continuó tejiendo.

- ¡Dios mío!... ¡Por favor no! …-, exclamó desesperada, al ver que los retazos eran ahora de color rojo

- ¡No, Eliseo no!… ¡Dos atrás uno adelante, que cambie otra vez de color!... ¡Rojo no…rojo no!... ¡Punto derecho!… ¡Punto atrás!… ¡Mi hijito no!… ¡Eliseo no! -, gritaba, al tiempo que comenzaban a encenderse las luces de las habitaciones.

De pronto, los retazos se fueron oscureciendo hasta tornarse negros. Al ver esto, Estela se detuvo…  segundos después, Estela lanzó un grito desgarrador, y llorando, abrazó con gran dolor  su tejido punto arroz.

 

 

 

 

 

 

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Roberto Dario Salica

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