Pulso
A la masacre de Orlando en 2016
I
Las luces me iluminan
me descubren como uno más,
como el que no soy
o como el que deseo ser,
parte de un todo y apenas un descarte
y me sumo a la deriva como el hijo de nadie
que decide ignorar que todo tiene un final
y el camino siempre será el placer perpetuo,
el de la eterna risa y la sutil locura,
ese camino brillante que te hace ignorar las voces que se olvidan
del cielo, de la vida y de la muerte
y te sumas así,
sorprendido y desconcertado
junto a cuerpos penitentes,
eróticos deseos del candor
convulsa realidad que ante la frialdad
y la voluptuosidad de una noche maldita
deciden vivir.
II
Somos tantos y nada sabemos
sobre el miedo que corre afuera
que intolerante y febril acecha
que desea un tiempo de calor perpetuo
de sonrisas que queden como muecas,
deformes
e inauditas
guiños de un tiempo que sabemos morirá inevitablemente
máscaras de la intensidad
que deben ser atrapadas entre las paredes y el alcohol
mientras juegan a ignorarse mutuamente bajo el placer culpable
es todo lo que veo,
mas no quiero ver
me aterra la sapiencia del testigo que no quiero ser
no quiero estar allí porque huelo el miedo
como huelen las flores del día después
cuando ya muertas te miran a los ojos y tú, por no llorar, las dejas estar.

Yom Hernández
Aquí un licenciado en Historia, loco por la literatura que lee y escribe pertinazmente. Padre de tres libros publicados por Ed Atlantis, Ed Adarve, Ed Cuadranta.
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