No quiero ser parte.
Del grupo de palabras estruendosas
De las voces que parecen altavoces y ocupan todos los espacios
como colonizadores en patota.
No quiero ser parte.
Prefiero ser la voz que abraza y entierra el puñal
Sólo a aquellos que quieran escuchar.
No quiero ser parte.
No me interesa, me rehúso.
Sé que hay algo primero, crudo, originario que se pierde en el momento en el que empezamos a encajar.
Como si nuestras asperezas y filos se limaran en la fricción con los otros.
Esas asperezas y filos son las venas por las que corre mi poesía.
No quiero ser parte.
Quiero orbitarlos, justo al borde, sin alejarme demasiado
Ni arriesgarme a estar tan cerca.
No quiero ser parte.
Como ella.
Ella, tan poética, tan auténtica, tan real
Ella, aprendió a habitar el filo
A convivir por un rato con ellos, cuando es necesario
Y retirarse hacia ella misma inmediatamente después de todo el teatro.
Como quien se graduó en el arte de la vulnerabilidad
A abrir la rendija del alma:
espacio escueto, pero por el que se vé claramente el interior.
No quiero ser parte.
Quisiera que nos acompañemos por un rato,
En esas orillas liminales donde podemos crear puentes
Y decidir sin pretensiones ni performance,
si tenemos ganas de cruzarlos.
(Julio 2026)
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Daviana Orlok
"Somos como cuerdas ajustadas por la fuerza que tira en diferentes direcciones"
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