No me amaste a la luz.
Me elegiste a ciegas,
como se elige lo que duele
pero no se puede soltar.
Fui tu sombra
y tu refugio.
Fuiste mi secreto
y mi prueba.
Me hablaste sin rostro,
y yo respondí
como quien aprende a creer
sin ver.
Pero quise saber.
Y al saber, perdí.
Porque el amor -
me enseñaste-
no es solo ternura:
es fe sin garantía.
Te busqué
como se busca el aliento
bajo el agua.
Y caí.
Pero el alma también aprende
a morir sin romperse.
Y ahora, Eros,
si volvés,
que no sea como dios,
ni como castigo.
Volvé
como quien ve y es esto.
Como quien ama
a pesar del fuego
y también por él.
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