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Psique en la niebla

Mar 25, 2025

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Psique en la niebla
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Las noches en esta ciudad

son un agujero negro

donde los poetas se pudren

y las putas tienen los ojos de Dios.

 

La encontré en un bar de San Telmo,

casi etérea,

como un humo que no se deja atrapar.

Se llamaba Psique

y tenía el corazón lleno de ruinas.

 

Pedí un whisky doble

y me quedé mirándola

como si todavía creyera en el amor,

como si no me hubiera largado

de casa hace siglos

porque mamá Afrodita nunca estuvo de acuerdo

con las chicas de los barrios.

 

Psique hablaba de sueños,

de almas,

del sentido de las cosas.

Yo solo quería bajarla a la realidad,

a la mugre de esta ciudad

donde el amor se vende por hora

y los dioses ya no tienen altares

sino habitaciones de hotel barato.

 

Me seguía,

ciega,

como si aún creyera en las promesas.

Pero las promesas no pagan el alquiler

y yo nunca fui bueno en ser eterno.

 

Le dije que no preguntara.

Que no tratara de ver mi cara

cuando caía la noche

y el humo de los colectivos

se mezclaba con la desesperanza.

 

Pero ella lo hizo.

Ella siempre lo hace.

 

Abrió los ojos en la madrugada

y me vio como soy:

un hijo de puta con alas rotas,

un dios con resaca,

un hombre que nunca supo querer

porque su madre le enseñó que el amor

es un truco barato.

 

Psique lloró un poco

y después se fue.

 

Las mujeres siempre hacen lo mismo

cuando entienden que la eternidad

es solo otra forma de la condena.

 

Encendí un cigarrillo,

pagué la cuenta

y caminé por Corrientes

como si Buenos Aires fuera el Olimpo

y yo,

el dios más triste de todos.

 

Giovanni Battista Manassero

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