Con retazos de frases y ecos de anhelos,
prometí escribirte un libro,
uno de esos jamás leídos,
donde el amor no tiene final,
donde morimos juntos
y nos entierran separados.
En el alma busco un rastro de sabor,
un susurro que me haga recordarte,
pero sin paladar ni memoria,
he olvidado cómo pensarte.
Lo dije en algún escrito:
extraño tu voz,
no la que susurraba "buen día, mi amor",
sino la que me amó
cuando nadie más lo hacía.
Y en medio de esta odisea,
descubrí que te perdía.
Dejé mi piel en el intento de olvidarte,
pero tendría que arrancarla de mi carne
para lograrlo.
El viento en mi rostro,
el cigarro en mis labios,
fueron cómplices de mis versos rotos,
donde mis anhelos quedaron escritos.
Y si aún no lo has notado,
no he podido soltar
esos abrazos tatuados en mi piel.
Mis razones son sencillas:
aún no me amo lo suficiente
como para dejarte ir.
Y en este último susurro de tinta,
te confieso, amor mío,
hasta el día de mañana...
todavía te sigo amando.
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