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    Primer amor

    Benja

    Mar 4, 2024

    Primer amor
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    Esa mujer que dio su vida por sembrar de forma amorosa el nido, no vio más que terror en la cosecha. Momentos insostenibles que vivía bajo el yugo de su marido alcohólico ¿Podemos decir que vivió? No se vive un vínculo saludable con días de indiferencia total, a modo de manipulación; otros de discusiones violentas, donde lo más leve eran malas palabras propiciadas por él; aplicando la fuerza o sólo levantando la mano, por la mera cuestión de dejar en claro quién manda. Si la mesa estaba servida, ella se tenía que sentar, hasta que él lo ordene; cuando tomaban mates, además de acompañar y cebar, era obligación que ella tomara, por más mal que le acechara. Ay, Dios, libranos de estos males.

    Esa mujer no convivía con un hombre, lo hacía con el alcohol que a él lo dominaba y revelaba su auténtico ser. Era un hombre inseguro y se refugiaba ahí. Su estima propia, desde pequeño, fue muy lastimada; entonces buscaba en su adicción cotidiana sentir algo que, quizás, nunca entenderé. Por otro lado, era un lector voraz y tenía sus anotaciones, eso no lo ayudaba mucho. Lo hacía ser un hombre cerrado en sus ideas, y sin apertura al debate ni a sugerencias. Esta persona es el infierno del cual cualquiera quisiera escapar.

     Ella cambió su destino, tuvo la valentía de huir a un nuevo sitio y armar otro hogar. Antes que un nicho tormentoso, mejor era correr a donde fuera. Mejor un monoambiente de oro, que un castillo de hojalatas.

    Me pregunto qué expectativas puede tener una mujer de setenta otoños para formar un nuevo vínculo. Sí, a esa edad se liberó de su mal, y desde ese momento empezó a disfrutar la vida, a encontrar su propia identidad pisoteada. Tuvo el valor de escapar del infierno al que estaba condenada. Empezó a sentir el sabor de la libertad.

    La vida dio una vuelta de tuerca más o la dieron dos personas nuevas que se amaban sincera y profundamente. Con sus siete décadas volvió al primer amor, ese que en su tiempo no pudo ser por distintos motivos. Desde ese instante de luz, también hubo calor en invierno. Sí, crecieron margaritas en el jardín, un renacimiento. Una historia de película con un final satisfactorio para ellos y también para nosotros, que la empezamos a ver resplandeciente.

    Lo curioso de esta historia es que partieron de este mundo con un mes de diferencia, como sellando un reencuentro en otro tiempo u otro lugar.

    Y quién sabe cuántas vidas van disfrutando estos seres en esos reencuentros.

    Obra maestra para quien pintó esta historia de amor.

    Ella sobrevivió a una tierra seca, aun así, no se dejó vencer.

    Supo escapar de raíz -tal vez tarde- fuerza inimaginable de su amor.

    Buscó el sol en otro jardín, muestra de firmeza.

    Se volvió a sembrar, solamente miró hacia atrás lo necesario.

    Y la vida la recompensó por su tenacidad y su búsqueda de paz.

    Benja

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