Música suave suena a nuestro alrededor, me aferro a ti como quien teme olvidar que alguna vez fue amado.
Miro tu rostro y vuelvo a enamorarme de esos ojos que una vez fueron mi hogar.
Me escondo en tu pecho, cierro los ojos intentando grabarte en la memoria como si el recuerdo pudiera salvarme.
Las lágrimas recorren mi rostro, presagiando lo inevitable.
Siento tus manos cálidas secándolas una por una, con esa ternura que duele más que la ausencia.
Tengo miedo de abrir los ojos y que el mundo confirme lo que el corazón ya sospecha.
Seguimos bailando. Escucho tu corazón, tu voz tan amena susurrando algo que no alcanzo a entender, tal vez un adiós que no quise oír.
Y cuando por fin abro los ojos, ya no estás. Solo yo, en el centro, bailando sola como quien amó a alguien que ya no existe.
La melodía es otra, las personas a mi alrededor no son las mismas. Y sobre todo ya no estás tú para decirme que todo va a estar bien.
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