Titulo: PREMATURO
Capítulo I: Piloto
PARTE 1
Lima, Callao, 2010
La noche se derramaba sobre las calles como un trago mal servido. Entre música distorsionada, humo de marihuana y alcohol barato, una fiesta desbordaba su caos en medio de un barrio oscuro, donde las casas parecían sostenerse de milagro: techos de calamina, ventanas rotas, muros rajados por el tiempo y el descuido.
A las dos de la madrugada, la puerta principal de aquella vivienda escupió de golpe a cuatro muchachos: salieron tambaleando, ensangrentados, con el sudor chorreándoles como si vinieran de una guerra. Se levantaron con furia, como un enjambre alborotado, gritando improperios hacia los que habían quedado dentro. Con botellas rotas en mano, empezaron a arrojarlas contra la puerta mientras desafiaban a gritos a los desconocidos.
Eran Coco, un hombre de treinta años, con barba rala y cabello enmarañado, vestido con ropas holgadas que parecían esconder un cuerpo cansado. Rukeli, un chibolo de quince, cabezón y de facciones serranas, la piel todavía marcada por el acné. Huamán, un joven de diecinueve de aspecto famélico, el rostro surcado por cicatrices que parecían quemaduras y una gorra que jamás se quitaba. Y finalmente el Zambo, de dieciséis, pelo seco y ruloso, mirada insolente y un aire salvaje que lo hacía destacar incluso entre el desorden.
La puerta volvió a abrirse y de ella emergió un sujeto que les superaba en fuerza y presencia. También estaba golpeado, con la respiración entrecortada, pero su sola aparición bastó para tensar el aire. Nadie se atrevía a dar el primer golpe, como si el silencio antes del choque fuera un ritual inevitable.
El Zambo, encendido por la droga, rompió la calma:
—¡Ven pues, mierda! ¿Te crees macho, conchetumare? ¡Ven, pendejo! ¡Mete golpe, sanazo de mierda!
El desconocido, con los ojos rojos de rabia, escupió su respuesta:
—¡Cállate, peluconazo! A ti de un manazo te parto en dos, oe perraza. ¿Qué chucha usas botella, maricón? ¡Métetela al culo de la puta de tu vieja!
Los insultos retumbaron como gasolina sobre el fuego.
-¡¿QUE CHUCHA DIJISTE DE MI VIEJA DESGRACIADO?!-
Exclama el Zambo antes de lanzarse hacia el. Le soltó un puñetazo en el mentón al adversario, apenas un chispazo que lo movió lo justo para encenderle la furia. El desconocido reaccionó como un animal desatado: sus golpes cayeron torpes pero brutales, haciendo que el Zambo se cubriera los brazos como si fueran alas inútiles. Coco, Huamán y Rukeli se abalanzaron para salvarlo, repartiendo patadas y botellazos hasta derribar al tipo en el pavimento, dejándolo sangrando.
Un grito resonó desde el fondo de la fiesta:
—¡¿Qué putas están haciendo, mierda?! ¡Lárguense de acá, ratas!
Las palabras fueron la chispa. Seis figuras más salieron en defensa del caído, parecian ser sus amigos. El callejón se volvió campo de guerra.
El Zambo, enceguecido, destrozó la quijada de uno más débil que él, pero aquello encendió la furia del resto. Se abalanzaron como jauría rabiosa: los golpes eran secos, las patadas sonaban huecas, y el aire se llenó de jadeos, sudor y sangre. Coco cayó pronto, reventado en el suelo. Rukeli apenas duró, derribado de una patada que lo sacó volando. El Zambo intentó sacar una navaja, pero lo desarmaron enseguida y lo redujeron con saña. Solo Huamán resistía, con un martillo en la mano, logrando tumbar a dos que lo tenían arrinconado.
Entonces un disparo rasgó la madrugada. Un estruendo metálico, seco, que detuvo la pelea. Era el guachimán del barrio, que merodeaba las calles como perro viejo con escopeta ajena.
—¡Lárguense de acá o los meto a cana a todos! —tronó su voz entre el eco de la bala.
El silencio duró apenas un instante. Luego, el instinto de supervivencia: ambos grupos corrieron en direcciones opuestas. Los desconocidos se perdieron por el callejón vacío. El grupo de Coco, en cambio, se lanzó hacia el guachimán, arrollándolo como avalancha. El hombre cayó al suelo, desarmado, mientras los muchachos escapaban a toda prisa, jadeando entre calles oscuras.
Cuando por fin sintieron que la persecución había quedado atrás, aflojaron el paso. Coco, sudoroso y con rabia en la voz, encaró al Zambo:
—Oe, por tu culpa nos sacaron la mierda. Siempre igual, huevón. Te mechas con cualquiera, ¡eres un imbécil, cómo la cagas, a la firme!
El Zambo, con el pecho inflado, respondió sin arrepentimiento:
—Ese cabro empezó, pe. Me metió un puñetazo de frente, yo estaba de vacilón nomás. ¿Quién chucha se cree? Solo por ser causa de Raúl, ps.
Huamán, con tono irónico, agregó:
—Yo también me asaría, causa, si veo que un pata se chapa a mi flaca en mi cara.
El Zambo soltó una carcajada seca:
—¡Puta! ¿Y yo qué iba a saber que era su germa? Esa perra se me lanzó a patas abiertas... y bueno, uno es hombre, obedece el instinto, pues. Además, era chibola, y el depravado ese ya parecía jubilado.
Rukeli, resignado, se acomodó la gorra:
—Ptmr... ni mear tranquilo dejan, causa.
El Zambo escupió al suelo y cerró la discusión:
—Ya fue. Vamos al parque, nomás. Me llega al pincho esa mancha.
...
Pasamos a la perspectiva del grupo contrario, no sabemos el nombre de ninguno. Los 6 estan caminando con una bronca arraigada que se siente impregnada por el aire, se nos presentan los nombres de cada uno, Tato, Fabian, Alonso, Carbajal, Favio, y Ramon.
Era ya entrada la noche —la ciudad respiraba a medias, un olor a gasolina y a orín pegado a los muros— cuando el grupo salió de la penumbra y se dejó ver con la pesadez de quien lleva un rencor calentando en el pecho desde la tarde. Iban seis; la bronca se pegaba al aire como un sudor frío. No pedían paso: lo tomaban. A cada paso, la vereda parecía encoger bajo sus botas.
Tato caminaba con la mano en el rostro, frotándose el ojo como si así pudiera volver a colocarlo en su órbita. Se le veía la tensión en la mandíbula, el labio partido. “Aggh… ese zambo desgraciado,” masculló, y el sonido salió seco. “Me reventó el ojo… lo tengo rojo, ¿no, mano?”
Alonso lo miró con cierto asco y con la broma torpe de quien no sabe cómo calmar la sangre. Se inclinó, contó en voz alta como haciendo un rito: “A la madre… tienes la córnea reventada, está sangrando. ¿Aún puedes? A ver: ¿cuántos dedos tengo?” Sus palabras eran chanzas, pero la mirada buscaba respuesta; la violencia había dejado huellas y la risa era un parche mal puesto.
Tato se tensó, el humor negro reventando en rabia. “Oe, deja de hablar weás—habla serio, p.” Su voz no admitía juego.
Alonso soltó una carcajada baja, despeinada por el humo que se adhería a la noche. “Jajaja. Te estoy jodiendo nomás, un chistesito pa’ alivianar el ambiente, p. Pero si tienes el ojo reventado, hazte ver esa webada, vete a una posta.”
Favio escupió un hilillo de sangre que brilló como vidrio roto en la luz de una farola lejana. “Ese guachimán conchesumare,” bufó con los ojos inyectados. “Últimamente se cree la gran cagada el imbecil, con ese fierro que se compró. La próxima vez que lo vea, te juro que lo mato, weón. Ese pendejo me agarró sano nada porque no traje mi cohete.”
La rabia de Favio era una promesa con trémulo de alcohol. Fabian, con el pecho apretado por una mezcla de culpa y orgullo herido, intentó poner palabras a lo suyo: “Ese cojudo de mierda nos cagó el tono a todos, a la firme. Una disculpa, pero compéndanse conmigo también: ¿cómo voy a dejar que un chibolo me quite la flaca? Tampoco soy manco pa’ no hacer nada. ¿Y cómo iba a adivinar que traería a ese par de kabros?”
Ramon alzó las manos, buscando apagar brasas que aún chisporroteaban. “Ya cálmate, mano. Ya pasó, el tema murió… ¿no quieren que los lleve a la jato en la moto?”
Se encaminaron a un terreno baldío donde la noche olía a aceite y a polvo seco; filas de mototaxis dormían alineadas como insectos mecánicos. Entre el metal y la lona, el sexto —el que nadie había nombrado— sacó un manojo de llaves y se acercó a una mototaxi celeste sin placas. La chapa brilló con la luz intermitente de la calle. Se metieron arrimados, el espacio era una lata; la chaqueta de Tato rozó el hombro de Carbajal, Favio apretó el bolso contra el torso, y el motor arrancó con un gruñido que se parecía a la advertencia misma de la noche.
Avanzaron, la moto cortando la penumbra hacia la avenida principal. La ciudad los tragó de nuevo, con sus bocas encendidas y sus esquinas de hierro, y la promesa de venganza latía firme entre ellos, aunque ni se daban cuenta, pero en el ambiente, ya era palpable la tension constante.
....
El otro grupo vino en dirección al parque con las botas llenas de polvo y la noche pegada a los hombros. La luna apenas se asomaba entre una capa de humo y nubes bajas; las farolas vomitaban luz amarillenta sobre el césped raquítico. Zambo mascullaba con la voz cortada por la furia: “Oe, puta, qué palta todo lo que pasó, p… nos sacaron la mierda.”
Rukeli se encogió de hombros y le dio una palmada en la espalda, grave y vacía de certezas: “Sí, mano, te rayas feo, pero ya fue la cosa, vámonos nomás.”
Huamán trató de recomponer el ánimo con lo que llevaba en la bolsa —un bulto grande que olía a tierra y a resina— y sonrió con esa sonrisa de quien cree tener el antídoto contra cualquier tensión. “Oe, ¿por qué chucha están con esas caras de poto? Miren, pa’ alegrar un poco el ambiente traje algo que los alivianara… jejeje.” Sacó la pipa amarillenta, con el cristal gastado y las costuras de goma pegadas por años de humo. Colocó una porrada de cannabis como si pusiera la guinda a una torta.
Se les hizo agua la boca a todos: la hierba, la pipa, la risa que se les filtraba entre los dientes. Huamán prensó el cogollo grande, lo acomodó en la pipa y la encendió. Las primeras caladas soltaron humo espeso que se perdió en la noche, y por un par de minutos sus voces cedieron al zumbido cálido del porro.
A unos metros, el Guachiman iba con las muelas rotas de rabia. Caminaba lento, con la boca hinchada y un diente faltante que le daba a la cara una mueca abierta. El polo tenía huellas de pisadas y agujeros, como si la tela contuviera la historia de la paliza. La furia le temblaba en la garganta; entre dientes, maldecía cada paso. Había perdido su fierro en la estampida; la ausencia le quemaba la mano. Encontró una cabina telefónica con el vidrio empañado, entró y, con manos que no estaban del todo firmes, metió una china y marcó el número de la comisaría que recordaba.
Del otro lado, los policías estaban jateando: cerveza fría, la tele prendida, una comedia que los tenía a carcajadas hasta que el teléfono fijo sonó. “Asuuuuu, ¿ahora quién viene a joder a esta hora?”, gruñó uno, "Oye atiende pendejo, luego nos bajan el sueldo por tu culpa", el poli (Miguel) a regañadientes atiende al telefono.
Miguel(Voz cansada): Comisaria Sarita colonia, en que podemos atenderlo?
Guachiman (exaltado): D-disculpen... ahh, hubo un incidente por la calle Manuel barreto... soy el guachiman del barrio, Fernando Paucar, queria reportar que hubo una riña en una fiesta cerca de la zona, el organizador de la fiesta es una tal Raul, es alguien muy conocido por el barrio, podrian hacerles mas preguntas a el para que los capturen mas ra-
Miguel: Oiga, oiga, oiga... hable mas lento, que no pude entenderlo nada de lo que me dijo, hable bien.
Guachiman: S-si, disculpe... soy Fernando Paucar, guachiman del barrio Manuel Barreto... hubo una riña en una fiesta organizada por Raul Dominguez, alguien muy conocido por la zona. Queria reportar el incidente ya que fui agredido por estas mismas personas cuando emprendieron su escape trate de controlar la situacion pero se me fue de las manos, ahh, queria avisarle para que esten mas atentos por este barrio, y puedan capturar a esas lacras
Miguel: Disculpe, me podria dar descripciones fisicas de estos atacantes?
Guachiman: No me acuerdo mucho, pero tratare de ser lo mas especifico posible... ahh, habia un zambo...
La charla fue lenta, entre bostezos, hasta que Miguel —el que contestó— oyó con atención el relato atropellado del Guachiman. Cuando Fernando Paucar empezó a nombrar la riña y a dar los primeros detalles.
Mientras tanto, el grupo contrario —Tato, Alonso, Favio, Carbajal, Fabian y Ramon— pasaba a toda velocidad por la calle.
Tato: Jajaja, puta si hubieras visto como quedo la cara del chibolo, puuuutaaaa, pam, pum, pam, lo deje en el piso weon, ta que te hubieras cagado de risa jajajaja.
Alonso: Jajajjaja, ya me lo imagino mano.
Alonso brincó en la mototaxi, y con la carcajada todavía fresca, bromeó sobre la cara del Guachiman.
Favio(mira por la ventana):
... Oe, oe ramon para la moto!
Ramon(confundido):
Porque causa?
Favio: Mano eres ciego o que? El guachiman esta frente nuestros ojos webon! Parate al toque, porfin le podre sacar su mierda a ese webon, aprovechemos que esta distraido...
Todos quedaron shockeados con la gran coincidencia del destino, y un plan macabro se intercalaba sobre sus murmullos. Favio, con sangre seca en el labio, escupió un rumor de venganza: “Te juro que lo mato, weón.” Y fue el punto de inflexión: cosas dichas en el calor de la huida se transformaron en impulso.
La mototaxi frenó de golpe. Ramon, que manejaba, se detuvo porque Favio lo señaló por la ventana: el Guachiman, con el teléfono en la mano, estaba a dos metros. Nadie pensó mucho: cuando la rabia va en grupo, la responsabilidad se deshilacha. Bajaron como ráfaga.
—¡TE VOY A MATAR, CONCHETUMARE! —gritó Favio, y las palabras fueron la orden.
Se abalanzaron. La primera patada fue un golpe seco en las costillas; la respiración del Guachiman se partió con un crujido que sonó peor que cualquier insulto. Lo levantaron, lo tiraron, lo volvieron a patear. Unos le hundieron los codos en el estómago, otros le dieron codazos en la cintura hasta que el aire le salió por la boca en bocanadas cortas. Era un festín de carne: manos que buscaban sesos, rodillas que se clavaban como cuentos antiguos, pies que repiqueteaban contra la arena como si marcaran un compás de venganza.
En medio del tumulto, uno clavó el pie en las costillas y sintió el chasquido; otro descargó varios golpes de puño en la cara del Guachiman, haciéndole llover sangre. Cada vez que el tipo se incorporaba tambaleando, lo levantaban y lo volvían a tirar: un ciclo macabro de violencia repetida hasta el hastío. Los gritos eran agudos, como si la noche se desgarrara por dentro.
Desde la cabina, Miguel escuchó los alaridos. La línea se cortó en un silbido agudo. “¿Hola? ¿Señor? ¿Está en línea?” —preguntó, y los gritos del guachiman respondieron con un escalofrío. Colgó, blanco, -Y bien, que fue? Oe, Miguel estas bien?- dijo su amigo preocupado. “oye tenemos que ir urgente al barrio de "Manuel Barreto, vamos hacer un patrullaje a la zona". dijo Miguel sin aliento, tratando de recuperaer su falsa compostura.
Los agresores siguieron, hasta que Carbajal notó que el Guachiman estaba inmóvil; el cuerpo no reaccionaba. “Oe… Fabian, creo que está muerto, el kabro no se mueve.” Fabian tragó saliva
-Oe serio? No creo mano...- dirigiendose con nerviosismo a Carbajal.
- (traga saliva) oe Ramon, haber tocalo, pa ver si respira, a mi me da asco.
Evitó tocarlo por el asco que le tuvo, algo ironico, ya que hace lo estaba golpeando con rabia y odio.
-Dios mio, parecen chivos por mi madre... haber...- Dijo Ramon irritado, con una capa falsa de masculinidad.
Ramon, temblando, metió la mano y tocó el torso del Guachiman para ver si seguia respirando —lo soltó con un leve espanto— “Oe, Fabian… está muerto. Vámonos de aca mano.”
-¡¿QUE?!
Exclamo Alonso con conmocion, como si las palabras le quitaran la respiración. El grupo subió a la mototaxi y arrancó como si la noche pudiera tragarlos sin dejar huellas.
El otro bando —Zambo y los suyos— caminaba hacia el parque en un ánimo distinto ahora: mente nublada, risas ahogadas por el humo de la pipa. Compraron varias chelas, el licor se vaciaba ya que se lo tragaban como agua, la pipa pasaba de mano en mano. En un punto, Rukeli le dio ganas de orinar, pararon en una esquina donde el resto se sento a esperarlo en la vereda.
(Secuencia)
Los rostros magullados de cada uno (Huaman, Zambo, Coco) se mostraban de uno a uno, sus caras eran vacias, sin una pizca de felicidad, solo esperando que Rukeli acabe de orinar, como al igual que quieren que acaben pronto sus vidas.
(Volviendo con el grupo contrario)
El grupo en la moto, pasaban por los estrechos barrios en silencio, despues del suceso nadie queria hablar, cada uno estaba en lo suyo, Favio forjo un porro, con una pequeña bolsita de cannabis que tenia en el bolsillo, desmenusaba cuidadosamente la hierba, la hechaba sobre el papelito que tenia en el otro bolsillo, unas cuantas lamidas y 2 enredadas despues, pudo al fin hacerse un porro, si apresuraciones, saca su encendedor, y inquietud porfin logra sacar una debil, que le sirve para poder su tan anhelado pavita. Favio les compartia de uno a uno a los demas, excepto a Fabian que estaba navegando sobre el mar de pensamientos que tenia, ya que habian asesinado aun hombre, con familia, con una vida, y pareciese que a nadie le importaba excepto a el. Fabian ya adolirido por el peso de su conciencia, rompe el silencio
“Oe, ¿ustedes son unas mierdas? ¿Cómo se les ocurre matar al Guachiman?”
aún llevaba la culpa como un sabor amargo— se indignó. Favio, medio ido con el porro, contestó con desprecio.
-Oe calmate weon, ademas ese imbecil se lo merecia por jodernos, se creia bien bacan por tener un fierro namas-
Ramon solo se quedo en silencio mientras los de atras discutian, hasta que bajo un poco la velocidad de la mototaxi al visualisar a nuestros personajes bebiendo sentados en una vereda, bajo los efecto de la tusi y con la ira ya encendida, apretó los puños: “Shhh… hay están los kabros que nos estaban jodiendo en el tono. Vamos a vengarnos de esos hijueputas.”
Fabian ya agobiado de tanta violencia trata de razonar con Ramon
"Oe que?! Ramon que putas te pasa, yo te dije que no te metieras esa webada, estas bien empilado oe, como vamos a pelearnos despues de lo del guachiman?! Que chucha te pasa?!"
Ramon ya prendido por la droga, dirige sus palabras con furia hacia Fabian
"Oe, callate imbecil, te recuerdo que estas en mi moto, y si yo quiero te saco a punta de puñetes y te vas caminando a pata hacia tu jato de mierda que queda por San Putas. Haci te me callas webon"
Fabian solo se calla, ya que emparte tenia razon, esta era su moto.
La mototaxi bajó la velocidad, se detuvo en el borde de la acera, y salieron de golpe: “—HOY DÍA MUEREN, MIERDA—” rugió la esquina.
Nuestros personajes asustados, se levantan de golpe.
Huaman (exaltado): PTMR, Carajo, hay estan esos conchesusmare, corre mrd!!
COCO (dando un paso atrás atemorizado) No jodan...
EL ZAMBO (ya listo pa' pelear) Ni cagando me corro, mano, les sacara la mierda uno a uno.
Comenzó la bronca con una ferocidad tosca casi mediatica: piedras que chasquearon en los craneos, tablas que tronaron contra huesos, botellas que explotaban como luciérnagas rojas. Carbajal en su desespero partió una tabla sobre la espalda del Zambo; este mismo cayó y lo recibieron con patadas como si quisieran arrancarle la vida. Huamán con la rabia corriendo por sus venas, le respondió rompiendole la gran pipa contra la cabeza de Carbajal, lo que lo dejo tambaleando. Coco, desesperado, tiró piedras al azar como quien arroja maldicioes al aire.
Rukeli, en su torpeza, se subio el cierre bruscamente, engachandose el pellejo de su escroto, el dolor fue tan irritable que dio un gritó ahogado. Casi de inmediato, Fabian algo coibido, pero por la presion social, decidio luchar contra el Zambo, el Zambo lanzó puños y patadas al azar, toscas y poco eficases, como Fabian era mas fuerte fisicamente, este mismo le metio con fuerza una patada a la pantorilla que lo desvarato al instante, y ya en el piso Fabian lo agarro del brazo, alzandolo como si fuera un gato, y le metio 3 golpes a la nariz, este se larga algo ajitado despues de su cometido, Zambo algo mareado, se recompone dificultosamente; Huamán fue directo hacia Ramon. Con una fuerza descomunal, lo agarro de las piernas, y lo tumbo contra fria acera, ya teniendole a su merced, se monto sobre su estomago, y lo golpeo repetidamente el rostro, lo golpes resonaban contra el aire. Recien paro cuando sus nudillos empezaron a sangra, pero la cara de Ramon ya estaba irreconocible, sus pomulos estaban inchados, sus ojos apenas y los podia abrir de lo moreteados que estaban, y un cachete suyo estaba desgarrado. Cuando Ramon volvió a levantarse apenas y podia manterse de pie, su cabeza le retumbaba como un reloj haciendo tic-tac, tratando de mantenerse de pie, camina con torpeza, tratando de huir de la zona con dificultad, callendose sobre el piso constantemente por su torpe huida. Huamán corre freneticamente por el "campo de batalla", pero Alonso y Favio lo rodearon con la intencion de darle una paliza, Huaman acorralado, se acuerda recien que tenia su martillo, lo sacó con brusquedad, y los ataco como una bestia. Le acertó un golpe seco en la frente a Favio, noqueandolo al instante, pero Alonso fue mas complicado, no porque era alguien fuerte, sino que lo tuvo que corretear por medio barrio al tratar de golpearle, le logro dar uno certero a la costilla, inmovilizandolo instantaneamente, otro en la rodilla, y uno ultimo a la nariz: Ramon cuando ya estaba media cuadra lejos de la riña, colapsó como un títere sin cuerdas al tropezarse con una piedra, yaciendo desmayado. La sangre manó caliente y la arena absorbió el barro de la pelea.
La canción “Fatal” —esa que alguien había dejado prendida en un parlante— sonó como ironía mientras la escena se hacía violenta y ridícula a la vez.
Mientras a 3 cuadras de distancia. La patrulla que habia pedido el Guachiman estaba por la zona, los municipales se encontraban exhaustos al no encontrar novedades.
Miguel(aburrido): ahhh, oye, que aburrido esta esto, me estoy muriendo de sueño, hazme acordar porque que queria ir aca con tanta urgencia.
Su pareja: Que dizque que por un guachiman y nose que vaina mas.
Miguel: Puta ni yo me acuerdo, Dios... ya vamonos nomas
Su pareja: (mira el retrovisor, sorprendido):
Oe, oe Miguel para el auto, estan peleandose por hay webon, deten la patrulla.
Miguel: Putamare... estos chibolos de mierda siempre la cagan!!!
Los tombos aparecieron con sirena en el retrovisor, pero no fue suficiente para detenerlo todo: la mayoría ya había huido. Huamán, en su mala suerte, mientras peleaba con Tato, y este mismo al ver que no podia ganarle a Huaman, saco la navaja que le habia quitado al Zambo en la anterior pelea. Y sin previo aviso la hoja afilada se hundió en el estómago de Huaman en medio de la confusión; y por otra distraccion, Carbajal que ya se encontraba conciente, le tiro una piedra a Coco en plena huida, le dejo una rajadura en la cabeza. Zambo y Rukeli lo cargaron como pudieron, arrastrando su cuerpo que gemía entre dientes y sangre. La patrulla alcanzó a agarrar a Huamán —sangrando y resistiéndose— y lo presionaron contra el capó sin contemplaciones.
Huamán, con la voz entrecortada: “Ya pe jefe, no me trate como perro, estoy herido, carajo, me duele.” Pero el apuro policial no iba a la compasión: lo esposaron y lo empujaron a la patrulla.
Zambo, mirando desde la oscuridad, jadeó: “Tmr… esto recién empieza, no se va a quedar así, mrd…”
La imagen se congela momentaneamente. Una guitarra estruendosa rompe el silencio y, entre las cuerdas, aparecen las siglas: PREMATURO.
(Pasando a otra escena)
Se nos presenta 2 integrantes mas del grupo principal.
La madrugada mordía el asfalto con un frío húmedo que entraba por los poros. En la vereda, junto a una reja oxidada y la penumbra de un farol que titilaba, estaban dos de los muchachos: uno de piel muy morena, labios protuberantes y uñas larguísimas y descuidadas —sobre todo la del meñique—; tenía veinticinco años y una presencia que imponía solo por su gesto hosco. El otro era un muchacho de dieciocho, alto y flaco, moreno como la tierra mojada, los ojos siempre vidriosos de quien fuma demasiado; tenía en la cara ese gesto bobo que la calle, a veces, confunde con valentía. Los llamaban El Negro y Culebra.
Sentados en la acera, jalaban coca y fumaban hierba a la vez. Parecían rígidos, vigilantes en su propio barrio, como policías extraños que suplían la ley con la amenaza.
—15 soles, psss —dijo Culebra, soltando el humo entre los labios—. No alcanza ni pa’ la comida, causa. Ya, pe, no seas malo, llevamos como a siete cojudos y solo 15 putos soles, tamare.
El Negro miró el hueco de la calle, la sombra de un perro que pasaba. Era la noche la que respondía con su silencio.
—Ya fue. Choreamos a uno más y listo, causa —replicó con voz plana—. Queda linda, pa’ descansar; ya es muy noche y me cago de frío.
—Claro, fácil pa’ ti, mano —contestó Culebra—. Tú ya tragaste, pero yo me muero de hambre y necesito una buena bajada, por mi madre.
—Ya sé, causa —cedió el otro, con la paciencia masticada—. Pero ahorita no ha salido mucha gente. Yo te dije pa’ asaltar otros barrios, pero tú no haces caso, p. Y mira, te cagas de hambre porque quieres; por estas horas no hay nadie a quien chucha asaltaremos.
Culebra se apoyó en la pared, las manos temblándole apenas. —Oye ahora, ¿cómo chucha va a ser mi culpa, p? Si hubiéramos asaltado otro barrio, ya terminábamos muertos o en cana. Es más seguro acá; además, ni estoy acostumbrado a esto… y si se te escapa un tiro?
—Pss… ¿a mí? No jodas, causa —dijo El Negro con una risa seca—. Mi viejo fue militar. Ya te conté mi historia hace tiempo; ¿no te acuerdas? ¿Por qué tanta desconfianza?
Los dos callaron. Fueron minutos de espera que se estiraron, pegajosos, Culebra, como el buen parlachin que era, no resistio la tentacion de seguir hablando.
Entonces, en la penumbra de la otra vereda, apareció un muchacho que caminaba solo: las manos metidas en los bolsillos, la mirada perdida en un efecto de sustancias que lo hacía errático y ligero de reflejos. El Negro se alegro un poco despues de tanto tiempo esperando a que gente pasara por estas horas de la noche, metio su mano a la delantera de su cintura, reflejando su pistola, y callo a Culebra, que no estaba atento del chico por estar charlando hacia la nada.
Shh...Shh ya callate, callate, ves a ese chibolo, el de la otra vereda? Le quitamos la plata y ya nos largamos de aca causa.
Dijo el Negro con suma concentracion.
Lo vieron y, sin más rodeos, se lanzaron.
—¡Ya perdiste, p, tírate con toda la plata, mierda! —ordenó El Negro, desenfundando la pistola con la naturalidad de quien lee su linea en una obra de teatro.
El chibolo, aunque asustado, reaccionó con una desdén que parecía fabricado por la adrenalina:
—No te voy a dar ni mrd, reconchatumare.
En un acto de falsa valentia inducido por los efectos de la cocaina, se lanzo contra el Negro. En el forcejeo que siguió, la pistola se movió entre manos sudadas y gritos ahogados. Culebra, nervioso, se precipitó y sujetó al chico con brusquedad, estampándolo contra la acera. El muchacho intentó soltarse, a zancadas, a empujones, buscando una salida que no llegó. El Negro, ciego de cólera, descargó la culata del arma contra la cara del joven una y otra vez; la nariz cedió, la sangre brotó como fruto partido. La sangre corrió por la acera —un salpicon rojizo oscuro que pronto empapó la tela del pantalón—. Culebra no atinó a hacer más que mirar, con los ojos humedecidos, y encender una pava para contener el temblor que le mordía en las manos.
—¡Ahora sí te cagaste, chibolo de mrd! —vociferó El Negro, y levantó de nuevo el arma, apuntando con la resolución de quien cree cerrar una cuenta pendiente con la vida.
El joven al parecer ya cobro conciencia al momento de ser apuntado, como dice un viejo refran, "la coca te envalentona", presa del dolor y del terror, cruzó sus brazos sobre su cabeza, en un envano intento por protegerse.
—No, por favor, señor —sollozó—. Tengo a mi viejita. Soy su único hijo hombre… no le hagas eso. Va a morirse de pena si me pasa algo; no le des esa carga, por favor…
El Negro vaciló un instante.
¡Ya no eres tan valiente verdad cojudo, entonces suelta la plata!
--No tengo nada, mano... estoy misio por las huevas sera.
Titubeo el chibolo. El Negro, registró los bolsillos con los dedos, buscando un botín que no existía. Nada. La frustración le creció como un ácido.
Culebra, por la vereda más abierta, percibió el sonido lejano de unas sirenas y su cuerpo se tensó como una cuerda que se pone a punto.
—Ya fue, pe. Déjalo. Vámonos ya, será para la otra —dijo, empujando al otro con los hombros mientras intentaba persuadirlo.
Culebra se alejaba de a poco en dirección al parque, en una mezcla de prisa y culpa. El Negro, aún ardiendo por dentro, clavó su mirada por última vez a la cara del joven. La rabia, como aceite caliente, le cubrió la razón.
--Me haces perder mi tiempo chibolo de mrd...--
Con un gesto seco, que sonó más a impotencia que a necesidad, disparó hacia el chibolo.
La bala entró en el estómago del muchacho. Este cayo al instante, y se retorció sobre la acera como un gusano sobre la tierra, agarrándose el abdomen con ambas manos; su llanto era como el de un animal herido que no acertaba a salir del pozo de la noche. La sangre formó una mancha que crecía, lenta y terrible. Parecía un niño, mucho más joven de lo que cualquiera querría admitir; el cuero de su cara conservaba todavía una inocencia brutal que, en minutos, se iría por siempre.
El Negro entro en trance, al ver tal acto que habia cometido hacia a un niño que se estaba retorciendo del dolor frente a sus ojos, fuera de sí, oyó voces y vio sombras en el callejón: a lo lejos se perfilaban Zambo y Rukeli, cargando a Coco entre los brazos, tambaleantes por la propia pelea. Bajo el efecto de la sustancia y en el instante de la confusión, El Negro creyó ver vecinos que venían a lincharlos; la imagen se le mezcló con el estruendo del arma.
Desde la otra perspectiva, Zambo y Rukeli avanzaban con Coco hecho un asco, la respiración contraída; un disparo arrancó el aire de sus bocas. Zambo dejó caer a Coco en manos de Rukeli, clavó la vista en el punto del ruido y vio la figura inmóvil del Negro, la pistola humeante y el chiquillo derramándose en la acera. La escena le taladró el rostro. Un frío distinto le recorrió la nuca: no era la noche, era la certeza de que algo se había roto.
—¿Qué pasó? —dijo Rukeli, sin fuerzas.
—…El Negro —respondió Zambo, con la voz seca.
Rukeli, agotado, sugirió una solución práctica y vanal: —Llámalo; quizá pueda ayudarnos, ya me duele un culo la espalda al estar cargando esta marmota andante (refiriendose a Coco).
El Negro, con el corazón a mil, creyó por un momento que Zambo y los suyos venían a atacar; en su sangre caliente, disparó tres tiros más en dirección a lo que entendía un cuerpo hostil. Por fortuna, Zambo se arrojó hacia atrás y alcanzó a ocultarse. Rukeli pegó un respingo cuando las balas rozaron el aire y la verdad se hizo tan evidente como la mancha oscura sobre la vereda.
Culebra le hecho un gritó al Negro para que reaccione
-Que haces, oe weon?! vamonos!!!
Dijo Culebra antes de tirarse a correr, El Negro ya mas diluido, huyo junto a él. Atravesaron callejones, saltaron muros y se hundieron entre sombras hasta que, pulverizados por la carrera, se detuvieron a respirar en la puerta de una bodega. La noche seguía, insensible, pero sus cuerpos ya no soportaban el peso de lo ocurrido.
Culebra con los nervios de punta empujo al Negro, reclamandole—¿Qué chucha tienes, huevón? —le reprochó Culebra, jadeante—. ¿Eres imbécil acaso? Quedamos en no matar a nadie, weón. ¿Estás loco o qué?
El Negro, algo arrepentido, apenas respondió: —Pucha, Culebra, lo siento, causa. Estaba furioso al no encontrar nada; la cagué bien feo, weón. Lo siento.
—Ya la cagaste —murmuró Culebra con una profunda desesperanza y frustracion—. Ya sabía que iba a pasar una vaina así... Vámonos nomás; nos esperan en el parque.
...
Zambo volvió sobre sus pasos cuando la vereda quedó despejada. Se acercó al cuerpo del joven y se quedó inmóvil un momento. La escena le marco; sus manos, se persinaron como quien apela a algo que no existe en la ciudad. Dijo una pequeña oración —unas palabras que nadie habría podido escuchar del todo— por el alma de aquel muchacho. Llamó a Rukeli con un gesto en la mano, Rukeli vio el cuerpo sin vida con una mezcla de asco y pena, dijo:
—No sabía que El Negro fuera así de perro.
El Zambo, con el semblante endurecido, contestó: —Ya te dije que era una mierda de persona; no sé cómo Pilom lo aceptó. (Hizo una pausa, mirando a Coco.) Vamos a la “guarida” para que lo curen Goliath y Yuyo, tendras plata para comprar aguja y hilo?.
Rukeli buscando entre sus bolsillos saco apenas 1. 50, que el Zambo completo con 3 soles. Fueron aun inkafarma a comprar, el que lo atendio, se que algo asombrado al ver a Rukeli con Coco en brazos.
Despues de comprar se dieron vuelta y se marcharon, dejando el cuerpo del joven en la acera, descubierto al frío, ya en manos del olvido que la madrugada administra con eficacia
4:16 am
Despues de un rato llegan de forma exaltada El Negro y Culebra a la guarida, que resulta ser un baño publico del parque, que el grupo usa como okupas poniendo un letrero mugriento y mal escrito con las palabras "fuera de servicio", comen, duermen y en pocas palabras viven hay.
Al llegar se encuentran con una escena insolita, Zambo le rechillaban los dientes por la cantidad descomunal de sangre que salia de su boca y con una hemorragia en el ojo, Rukeli tenia la nariz reventada, apenas podia respirar con la boca, y Yuyo y Goliath que andaban vendando la cabeza de Coco, hechandole cañazo (un licor muy potente) como anestesia.
NEGRO Oe, qué mrd ha pasado acá?
GOLIATH (con naturalidad le responde)Se mechó el Zambo con unos patas. Vinieron en mancha y les sacaron la mrd a todos oe. Coco está pal carajo.
NEGRO: Y Pilom y DOC donde estan weon?
YUYO: Estan con los vagos esos de la cancha, chupando como siempre.
GOLIATH: Anda buscalos p chibolo que esperas, sueltas informacion y no los llamas, hasta las huevas estas, date prisa p
YUYO: Ya espera chucha que me ando poniendo la tabas
(Yuyo va en busca de Pilom y DOC llendo a la cancha. Pero al llegar, lo unico que ve son a los municipales llevandose a estos mismos, Pilom trata de mecharse con un tombo, pero lo unico que obtiene es una paliza, los drogos que estaban por la cancha empiezan a reclamarle a los tombos por el abuso de su autoridad, Yuyo se une a la muchedumbre para ver que pasa, un drogo le explica la situacion.
-Esos maricones de mierda, los quieren meter al calabozo namas por que se encontraban fumando unos bates con la gente, a mi causa charli tambien lo metieron a la patrulla, vinieron haci de la nada a llevarse a la gente, disque porque ya tenian historial criminal, les quitaron sus tolas y la droga weon, estan bien cagados si creen que dejaremos esto asi nomas.
(Pero esas palabras se esfumaron rapido al responder a los drogos con balazos al aire, ahuyentandolos como cucarachas, Yuyo se larga de la zona al ver como la patrulla se aleja junto con los lideres)
Yuyo llega a la guarida pero se queda inmovil al querer entrar, con un nudo en la garganta al ver el panorama completo, todos están malheridos, tensos. Se siente la peste del baño hemanando miados, sangre fresca y cagada namas afuera de la puerta, el calor humano, la incomodidad física y emocional estan a la vuelta de la esquina. Coco está en un rincon siendo cocido con hilo y aguja, aún medio ido, sabe que si dice algo podria ocasionar una discordia o empeorar la situacion.
GOLIATH (Aun cociendo a Coco) oye y a todo esto Zambo, que fue lo que paso?
ZAMBO (se escupe sangre de la boca) Nada, como siempre… la vida nos trata como perros. Pero esta vez se pasó.
RUKELI (tapándose la nariz, hinchada y chueca) Ese huevón me la rompió, mano. Ni en la mecha me dolió tanto como ahora.
COCO (con la cabeza aun siendo cocida, delirando) Si... si mi amor.... cosita linda... te amo.... mi vida pechosha...
GOLIATH(cociendo)
No te muevas Coco, que puedo hacer un mal corte...
(Yuyo entra)
CULEBRA(burlón) Cállate, huevón, estás hablando con el cráneo abierto. Tamos en guerra y tú viendo visiones, oe y tu Yuyo porque estas parado como webon?.
YUYO
(temblando, apurado)
Putamadre…
CULEBRA
(alzando la ceja, desconfiado)
¿Y esa cara, Yuyo? ¿Qué fue mano? Estas bien causa, tas palido neto, te han pegado o que chucha?
YUYO
No, mano… ya se cago todo weon… (traga saliva) … a Pilom lo han metido a cana.
Silencio. Todos se miran. El aire pesa.
NEGRO
(levantándose, alterado)
¡Habla serio, huevón! ¿Que hablas?
YUYO
(escondiendo las manos en la polera)
De verdad causa… cayó hace rato. Los tombos lo agarraron en la cancha, tambien a DOC, los vagos intentaron liberarlo pero los tucos los espantaron a tiros
ZAMBO
(pegándose las manos a la cara)
¡Conchasumare!… ya fuimos, mano… ya fuimos… ya nos cagamos PUTAMARE
RUKELI
(riendo nervioso)
No, jodas con eso weon, como lo van agarrar mierda?!, ese imbecil es mosca, como lo van meter a cana carajo?! Ahora que hacemos...
YUYO
Unos patas me dijieron que los agarraron en plena movida, andaban con fierro y estaba vendiendole a los vagos, y metiendose unas pepas
GOLIATH
(silencio, mascando bronca)
¿Y ahora qué? ¿ahora Quién va dirigir al grupo weon?
NEGRO
(enciende un cigarro con mano temblorosa)
El barrio ya se enteró?. Si es asi mañana mismo vendran los tombos aca, o otra gente va a querer meterse… ¿Qué hacemos, ah? ¿Qué chucha hacemos sin Pilom? Tenemos un culo de gente que quiere matarnos weon
ZAMBO
(voz quebrada)
Nos van a caer, mano… Pilom siempre nos cubría… ahora estamos expuestos weon, van a querer matarnos o meternos a la carcel.
CULEBRA
(trata de reír, pero le tiembla la voz)
Chanda... hay que irnos de esta webada, puede estar el mismo serenazgo buscandonos, hay que salir al toque...
GOLIATH
(duro, cruzado de brazos)
¿Irnos? Adonde, huevón. No tenemos ni plata, ni nada. Pilom era el que movía todo, este es nuestro unico hogar.
Un silencio ensordecedor invade el ambiente. Sólo se oye el zumbido del foco y un carro pasando afuera.
NEGRO
(bajito)
Miren... conozco aun webon que podria dejarnos vivir en su jai', estuve un tiempo trabajando con el por la zona, y podriamos vivir hay temporalmente, hasta conseguir dinero suficiente y largarnos de aca.
Todos voltean a verlo.
ZAMBO
(serio, acercándose)
Y por qué recién dices eso imbecil, no ves que estamos viendo si podremos vivir hasta la mañana siguiente y recien hablas eh, eres cojudo o que!?
(El Negro empuja furioso a Zambo)
NEGRO (irritado, con la nariz llena de tusi) Tú estás igual, loco, no jodas no sabes nisiquiera en que estas parado baboso, por un momento que no hable no significa que no tenga un plan, tu sabes con quien estas hablando?! Tu no sabes nada webonazo. Como bueno hablas, pero te metes en mechas que sabes que no vas a ganar huevon, nos vas a terminar perjudicando a todos conchatumare.

Sinfonia
Soy un pastrulo que escribe webadas... Si Stephen King se drogaba pa escribir mejor, ¿por que yo no?
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