No me escondo de mis certezas
me escondo de una única idea
a la que le dí ese estatus.
Ese único enemigo
que inventé con ingenio infantil
hace décadas
me mira como si fuera la Torre de Mordor,
allá arriba me busca y huyo de esa luz.
Qué barato decir que soy como Frodo,
pero los vericuetos de las representaciones simbólicas
exceden los precios del mercado.
Y para que no me encuentre
fui construyendo a lo largo de la vida
diversa cantidad de máscaras
disponibles a gusto y piaccere.
La peor de todas es la que uso con mi familia,
la que más detesto,
la que más me aterra.
Porque en cada uso me aleja cada vez más
de la Comarca, para seguir con la metáfora berreta.
Me aleja de ese territorio fértil que también fui construyendo
aprendiendo a escuchar mis propios augurios,
a observar el crecimiento de mis raíces,
a leer los designios de mis mareas.
La cantidad de máscaras no podría detallarla,
con seguridad todas esconden la misma verdad.
Mi propia manera de exigirme cosas,
de buscarme en lo que me falta,
mezclado con una dosis muy alta de curiosidad.
Esto más que poema, es para una sesión de análisis,
a las metáforas se las llevó la lluvia
que inunda la ciudad de Córdoba en este momento.
Y mientras tanto,
tantos laberintos se continúan construyendo
se yuxtaponen ladrillos
que erijen máscaras que esconden
esa preciosidad única
que es la locura de cada humanx.
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Rocío Giménez Ferradás
Hola! Soy dibujante pero las palabras son un jardin en el que refugio el pensar
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