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    8) ¿Por qué te quedás? ¿Por qué no renunciás? Tranquila/o no estás sola.

    8) ¿Por qué te quedás? ¿Por qué no renunciás?  Tranquila/o no estás sola.
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    ¿Por qué te quedás? ¿Por qué no renunciás?
    Tranquila/o no estás sola.


    Sentís un pinchazo. No sabés de dónde vino. Mirás a los costados. Todo parece tranquilo. Estás confundida. Los filamentos agrios de un dolor tardío se deslizan lejos de los pensamientos. Debe haber sido tu imaginación. No le prestes atención. Empieza la disociasión. Va aumentando. Percibís un pinchazo en las piernas. Ahora tiene lugar. Te acordás que cuando niña te quemaste las rodillas con leche hirviendo. Todos los días te curaban la herida para que no se te infecte y te dolía cada vez más.

    Otra vez, ahora en el brazo. Te enojás y no entendés. Esa rabia que no podés procesar te despoja de la capacidad. Querés que pare pero no sabés de dónde viene. Volvés a mirar. Sin moros en la costa. Todo en son de paz. Ya más intranquila volvés a tratar de desaparecer en la calma. El color se va. Te hundís en el fingir de un paisaje impecable. Desaparecés. Una ola ácida rompe en tu estómago, pero no vas a interrumpir la perfección con tu dolor confuso.

    Todo parece tranquilo. Oscilas entre un buensentir y otro ardor. Es extraño. Los pensamientos persiguen una luz que se apaga con otra voz. Se desliza suavemente por los recobecos de un lugar que siempre conduce al mismo sitio.

    Llega un día. Tu cuerpo no aguanta más. Te perseguís contra enemigos invisibles. Ya no lo podés ignorar. Desconfiás. ¿Qué pasa? preguntás. ¿No estarás siendo muy dramática? ¿Y muy sensible? El dolor es parte de la vida. Si. Debe ser eso.

    Otro día que ya no sabés qué hacer, comprobás con horror que hay cientos de alfileres navegando por tus venas. Como un ejército de enemigos que se beneficia de la fuerza vital que empuja tu vida a continuar. Desembarcan punzantes en las costras de tus heridas pasadas. Rompen tu sangre.

    Te clavaron uno cada día mientras no veías, mientras estabas distraída. Te creías segura, te creías tranquila. Pero no, no estás a salvo todavía. Ahora, ¿cómo vas a volver a ser la misma?

    Trenes camiones y tractores

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