Los poetas no hablan solos.
Tarea difícil en un mundo que si lo hace. Cada uno cara a cara consigo mismo a grito pelado.
El mundo le agradece al poeta la pluma que entrega como una invitación a volver de aquel naufragio propio. Se tienden al fin la mano el mundo y los poetas.
El manojo de palabras hacen de las cosas las cosas, hacen mundo y lo vuelven viable. Todo tiene su nombre y las tormentas ya no callan.
El sabio tiene el don de la palabra. Y las palabras salvan el alma, entienden de llanto, pero también de la esperanza.
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