La pregunta me nace sola,
como una piedra lanzada al agua,
rompiendo con la calma,
como las manecillas del reloj en la madrugada,
girando sobre un insomnio que me desgasta.
Hay algo en mí que no aprende a quedarse quieto,
un impulso desgarrador, siempre incierto,
que me sacude por dentro,
como un niño esperando que el mundo sea honesto.
No sé si actúo como quien aún no crece
o como quien es terco con aparente convicción.
Solo sé que una voz —eco sin cuerpo—
golpea por dentro:
¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?
Cargo un vacío en el pecho, difícil de llenar,
una sed que pide respuestas claras,
y el permiso de seguir preguntando
hasta finalmente entender que está pasando.
Anhelo que, como a aquel niño
lleno de preguntas sobre el mundo,
me sean concedidas, al fin,
mis ansias más humanas
nombrar, aunque sea a medias,
las razones de mi existir.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión