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Por hoy, se terminó la época de las esperas

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Sep 1, 2026

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Por hoy, se terminó la época de las esperas
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La verdad es que el corazón, después de cierto número de arrebatos, deja de saltar igual todas las veces. Nunca como la primera, jamás como la segunda. Acaso se convierten todas en una repetición infinita de la tercera: con algo de esperanza, pero sin tanta sorpresa; con los ojos arrugados que solo da la experiencia.

Y de repente escribir que reviento en vos y me muero en tu mirada pierde sentido. Me siento una boluda tratando de provocar un suspiro sin nada mío. Y se decoloran los versos de madrugada, la vereda empañada, las noches en la terraza, las yemas cansadas que jamás pasé por tu cara. Y de repente descubro que le perdí el gusto al tabaco y a vivir de plegarias; que con ese éramos apenas dos guachines aprendiendo a caminar rengueando; y que la muerte me seduce menos de lo que me seduce vivir.

Qué soso decir que quiero vivir.

Tanto tiempo comiendo de melancolías que lo siento desabrido. Yo me siento una persona desabrida.

Pero ¿qué voy a hacer? Lo prefiero así.

Prefiero apagar la luz y quedarme con la sombra, esa que solo sabe escuchar mi nombre, que de golpe en nuestras charlas no hayan tantas incongruencias, no haya polvo ni cosas viejas, y quede sobrante la brasa en la mano al contemplarnos.

Ni soy tuya, ni quiero serlo, ni voy a morir si no lo soy.

Y cuesta entender eso, y saber a la vez que, si tengo un rato, sos mi primer pensamiento. Pero si toco la puerta y nadie viene a abrir, no voy a quedarme pasando frío. Cuando no hay nadie en casa, no se resienten los timbres.

Por hoy se terminó la época de las esperas.

Antes decía que quien me conoce sabe que odio la sobriedad. Yo solo veía siluetas e imaginaciones. Jugaba a las muñecas y todo pasaba por dentro de mí. Qué fácil vivir de vicio en vicio así, cuando lo real dolía y la única que quedaba era irse para adentro. pensando que conectás con alguien y resulta que es tan solo otro enfermo del mundo haciendo lo mismo que vos.

Y ahora que tengo la cercanía suficiente para apreciarte los poros sin tener que imaginármelos.

Ahora que nadie es tan indispensable en mi rancho.

Ahora que mi propia liviandad es mi peor peso.

Ahora, ¿qué?

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