mobile isologo
buscar...
Empieza a escribir gratis en quaderno

He oído por ahí que él está mejor sin mí.

En un segundo, me encontré cubierta de lágrimas,

expulsando humo mientras sentía como se envenenaba mi débil corazón

Hace tres días que no puedo dormir,

y hace tres días que no puedo levantarme de la cama.

Casi como si un imán me retuviera bajo la sábanas.

Las canciones ya no acompañan en las tardes de soledad,

no hacen más que matarme lentamente,

y solo me queda hundirme en el compás.

En la soledad profunda no hay más nada que esperar.

El único calor que siento proviene de un monstruo sigiloso que me acecha desde atrás.

Escuché que sus ojos siguen vacíos,

más tristes que la primera vez que me vio.

La culpa me carcome, mis ojos se vuelven fuente inagotable de lágrimas,

que se consumen entre el odio y el rencor.

La injusticia divina se planta frente a mí y me obliga a preguntarme:

¿Cuánto durará este castigo para que Dios pueda perdonarme?

El monstruo ya no acecha, ahora comprende.

Me abraza con fuerza, y lo veo teñirse de gris.

Estoy sola otra vez.

Los mareos no cesan, 

las pastillas no alcanzan,

y pensar en escribir otra estrofa me parte el alma.

Aún escribo estas cartas inútiles, 

que jamás serán leídas por ninguna de mis musas.

Se dice que a veces me busca entre las líneas,

que se infiltra en mis redes,

que me espía intentando descifrarme mejor.

Una resignación espesa se apodera de mí,

con una chispa mínima de ilusión de que, en el fondo, sea así.

Pero ni siquiera Peggy Lee logra imponerse ante mis pensamientos,

cosidos dentro de mí,

desde la cornisa de mi cabeza hasta la punta de mis pies.

Este tormento es demasiado,

incluido para alguien que ya no se siente humano.

Sigo pensando estrategías para remendar el caos que provoqué.

Ojalá pudiera hacer algo, pero acá estoy otra vez.

Cegada por amor, 

me desangro ante su rechazo, 

cayendo nuevamente en su red.

Y al oír que ya no puede tolerar más veneno de mi parte,

estos sentimientos punzantes brotan sin control contra su piel.

Antes de darme cuenta, 

mis palabras salen y atraviesan todo lo que pase por delante,

lastiman a todos los demás, haciéndolos sangrar.

No me detengo hasta verlos caer frente a mí,

destruidos, agonizantes,

como su amor por mí.

Sé que ya no quiere ser blanco de mis disparos,

que no piensa tolerar una herida más,

que mi presencia lo mortifica

y su cuerpo no resiste más.

En sus silencios contenidos vive una ira que me aniquila.

Entonces surge ese deseo, oscuro y tentador,

de verme con el cuerpo congelado,

inmovil e inconsciente,

dejándome escapar del dolor.

No puedo dejar de llorar de amor por vos,

te amo, y como te amo, solo te deseo lo mejor.

Te amo porque, sin vos,

no habría nada que sentir.

Siento más de lo que puedo sostener,

y finalmente, caigo vencida,

marchita siempre a tus pies.

Nunca verás un cuerpo tan mutilado,

una mente tan dañada,

ni un alma tan amarga en un mismo lugar.

Quizás piensa que recibí lo que merecía.

Pagando todos los males que alguna vez causé,

me disuelvo con el viento, hasta volverme polvo y tan blanca como el papel.

Escuché que ya no quiere saber nada de mí,

que mis canciones le resultan indiferentes

y que está mejor en soledad.

Mi compañía —mi sensibilidad—

no es más que lodo que ensucia su paz.

Golpeada y abatida, 

por fin me permito soltar.

Levanté la bandera blanca,

deseando que, en otra vida,

nos volvamos a encontrar.


Mar ₊✩‧₊˚౨ৎ˚

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión