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Política y Ciencia Ficción

Santiago

Oct 16, 2025

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Política y Ciencia Ficción
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Imaginemos, por un momento, una humanidad de treinta y dos millones de habitantes, trescientos años en nuestro futuro.

Una humanidad llevada al borde del colapso ecológico y enfrentada a la realidad de su extinción masiva, consecuencia de las catástrofes tecnológicas y sociales ocurridas entre los años 1800 y 2100, que hicieron perecer a miles de millones en guerras sangrientas, escasez de recursos, contaminación y el ascenso imparable del nivel del mar.

Esta humanidad, después de tanto sufrimiento, está lista para un salto de conciencia tan monumental como lo fue, en su momento, el paso de la energía a la materia, de la materia a la vida, y de la vida a la conciencia.

En este escenario, un grupo de nosotros llega a una conclusión inevitable: las nacionalidades, los Estados, las fronteras y toda la herencia de lo que podríamos llamar la tragedia tecnocrática —una tragedia que hizo nacer sin propósito alguno a miles de millones de seres humanos— son estructuras inútiles que deben ser superadas.

Su análisis culmina en una conclusión tan inesperada como lógica: durante los primeros doscientos o trescientos mil años de la especie humana, la estrategia de supervivencia —aquello profundamente inscrito en nuestra sangre— dictaba la expansión y la multiplicación. Sin embargo, lo que nunca previmos fue que esa misma estrategia sería nuestra ruina. La sobrepoblación fue la causa inequívoca del desprecio por nuestra propia especie y por todas las demás formas de vida.

La decisión es entonces simple: una sola nación, asentada sobre el suelo más seguro, fértil y propicio; el uso de nuestro saber y nuestro conocimiento al servicio de todos los seres vivientes; y un propósito claro: reducir nuestro número a treinta y dos millones de personas.

En esta nación, matar a otro ser humano es considerado el mayor de los pecados, porque cada nacimiento es planeado y cada vida importa. Todos somos hermanos, en el sentido más esencial de la palabra. Hay suficiente tierra, alimento y riqueza para todos.

Esta humanidad seguiría el camino de la exploración espacial, del desarrollo científico y filosófico, de la vida cotidiana y del amor, permitiendo al planeta continuar su propia evolución.

Terminemos este experimento mental con una idea: en los milenios por venir, este es un proyecto político posible.

Como especie, nuestra tecnología ha superado a nuestro espíritu. Tenemos niños jugando con bombas atómicas y ejércitos, hombres y mujeres sin noticia de su propia interioridad. Aunque comprendemos la sobrepoblación como un problema, no es difícil imaginar una humanidad que no cuente sus miembros en miles de millones.

Y, ciertamente, todavía estamos lejos de comprender a nuestros prójimos más allá de su nacionalidad o identidad. Este es solo un momento más en el desarrollo de la conciencia de especie.

Nuestro estado actual revela una sola verdad: el Estado-nación, la democracia y el hecho de ser miles de millones son el resultado de un desarrollo no planeado, no consciente.

El control de nuestro destino debe ser el siguiente paso.

Santiago

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