noviembre 19, 2025.
Mi pequeña,
Para ser sincero, mi corazón siempre ha sido una remolienda,
lleno de enredos y entremeses.
Pero un agosto cálido azotó en medio de la tormenta,
en pleno invierno austral,
derritiendo bloques de hielo a mi alrededor:
una muralla implacable
de mi propia conmoción.
Y aunque acostumbrado a caminar
con las mejillas frías,
las manos congeladas
y los pies empapados,
esas asas de luz se colaron por mi ventana,
abrazándome la piel,
impregnándome de olor a sol.
Cual fruta en la copa de un árbol,
te dejaría quemar cada parte de mi interior
hasta quedar podrido.
Quiero que mi nombre se pudra en tu boca,
lleno de larvas.
¿Podrías devorarme igual?
—remanente de sabor,
carente de color—
sé sincera.
Ojalá aquella semilla frutal
crezca en nuestra tierra, que vuelva a florecer
con el calor de tus abrazos
y con una paciencia
que dé fruto frente a tus ojos.
Esta vez, podrías probar
sin el dolor de por medio,
sin fantasmas,
sin el retorcer de mis costillas
al abrirse
para mostrarte mi corazón.
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