mi boca no ha parado de llamarte.
aprendo la forma en que tu nombre moldea mis labios. como en un principio expulsa un leve suspiro nombrando la vocal, la manera en que mi lengua arremete suavemente contra la dentadura, así, como un principio fue besarte la boca en un desesperado impulso. continúa hasta que se forma un ligero óvalo, exhalando el aire que me has obsequiado.
degusto aquellas cuatro letras que te conforman. las exclamo cuando el cariño me invade en olas que sacuden mi pecho y me hacen llorar, al enterrar los dedos entre la suavidad de las piernas que me sostienen y andan, inevitablemente, hacia ti.
el proceso se convierte en un rosario al que me aferro por la mañana y al atardecer. lo repito porque sé que me escucharás en ecos sutiles. percibo un refugio mientras te recuerdo en las cuencas redondas e infinitas que caen y cuelgan en el centro de mi escote, ahí, cerca de la piel y del corazón que mordisqueaste con ternura abrazadora.
no paro de nombrarte. menos me reprimo por quererte. te pienso, te quiero, te sostengo en la punta de mi lengua, en una plegaria que se derrite en mi pecho, que me calienta suavemente.
te rezo a ti, mi adoración, por tu futuro brillante y un poco más amable, aunque también lo hago por mí, por quererte y entregarme a ti.
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