Pienso en vos y siento tu olor como si estuvieras a centímetros de mí. Menta, marihuana y miel como tus ojos: frescos, dulces y alucinantes.
Veo tu cara cada vez que cierro los ojos y lo único que puedo hacer es respirar, respirarte y respirarme.
Te recuerdo a vos, a tus plantas, tu piel, tus tatuajes, tu pelo, tus dibujos, todx vos. Vos, que volvés a mi en loop, como una ola constante que me lleva hacia lo más profundo de la vida, del deseo, de las ganas, de mis sueños. Vos que me desenterraste.
Me acuerdo de vos y de mí, nos imagino juntxs mirándonos y no existe nadie más, no existe nada más que tu boca haciendo milagros, que tu cara rozando la mía, que tus manos tocando mi pelo.
Pienso en vos con las muelas llenas de chocolate. Pienso en vos cada vez que veo fuego y deseo ser yo la llama que acercás a tu boca cada vez que no querés pensar. Aprovecho el fuego y le entrego los sueños que tuve que dejar ir, que los consuma o que los guarde para nuestra próxima vida.
Por suerte estás lejos. Mi cuerpo no resistiría tanto fuego y tanto frío enredados. Me río sola cuando tomo consciencia de dónde estás y de dónde estoy yo. Lejos, separadxs, infinitxs, latiendo y vibrando en este mundo que compartimos una vez. A veces creo que viniste de otro mundo. Tu mundo ahora es otro, con nieve, con frío y yo que soy calor todo el año no puedo entrar.
Todavía te siento en cada cosa que hago, en cada cuerpo que toco, en cada beso que doy. Tu alma me eleva. Sos mi inspiración, mi musa, mi maestrx.
Gracias por las ideas, por tu belleza, por la ternura y la libertad.
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