mobile isologo
buscar...

Perdona, ya no quiero olvidar_e. 1

Jan 16, 2026

82
Empieza a escribir gratis en quaderno

Hoy he visto un elefante en el páramo de la guerra, aquella que nos tuvo tanto tiempo en vilo. Ese ser era majestuoso, enorme con su orejas extendidas abanicándose con elegancia; a pesar de su colosal tamaño, y contextura poco atlética, su andar se veía tan grácil y ligero.

Verlo me trajo paz. Me hizo recordar esa vez que dormimos en tu casa, a medianoche te levantaste a orinar mientras yo estaba en la cama abrazando la almohada que aún conservaba tu aroma y tu calor. Afuera la luna iluminaba el jardín con un resplandor plateado, y en ese momento, el tiempo parecía detenerse.

La guerra había dejado cicatrices en nuestra tierra, pero en esa quietud nocturna, todo parecía volver a su lugar después de mucho tiempo entre mis pensamientos.

Recuerdo esa tarde que me viste llegar con mi maleta roñosa de un color violeta un tanto desteñido. Habías llorado, creíste que no lo notaría, y yo te hice creer que no lo noté, pero tus ojos de miel añeja te delataban, de alguna manera, poco a poco fui entendiendo el lenguaje que hablaban tus ojos, incluso, a veces, sabía lo que decía entre susurros tu respiración. Esa tarde tus dos luceros en penumbra me confesaron tu dolor: minutos antes de mi llegada te habían notificado tu alistamiento obligatorio al frente de batalla. Por esa razón, tu rostro al verme llegar a tu hogar me transmitió más un sentimiento de despedida antes que una alegría por nuestra primera velada juntos.

La noche se hizo eterna en el instante en que me pediste que nos fuéramos del país, que buscáramos “nuevos horizontes”, y tal vez en ese momento no comprendí muy bien el porqué de dicha premura por escaparnos de nuestra caótica y tierna calma. Quizás fue por la hora, o también porque lo propusiste inmediatamente después de terminar nuestra intimidad.

No te respondí, nuestros cuerpos aún eran uno y nuestro sudor se evaporaba entre tus sábanas blancas, siento que tendría que haberte respondido; pienso que mi respuesta sería un no.

Imagínalo, si hubiese aceptado tu loca y desesperada propuesta hoy no habría visto tan de cerca a ese elefante, aunque también hoy estaría junto a ti en tierras extranjeras lejos de cualquier alma enamorada. De igual manera, con o sin respuesta, esa noche... Esa tan calmada noche se interrumpió en cuanto terminaste de orinar.

Lloraste, recuerdo oír tu llanto desde el lavabo y yo solo pude mirarte desde la cama. La luz opacaba tus detalles, mientras estabas en tus quehaceres en el baño, apenas y podía distinguir tu silueta, porque de todo lo que he olvidado, no he podido olvidar tu costumbre de orinar con la puerta del cuarto de baño abierta.

Mimi del Castillo

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión