¿Cómo le explico a un pájaro tan pequeño que lo quiero mucho?
¿Cómo darle un abrazo tan fuerte y sentido sin lastimarlo?
Él sabe cuándo no doy más.
Aparece de repente con su aleteo, en un zumbido entrecortado.
Me mira, pareciendo retarme con el ceño fruncido.
Mis lágrimas y mi labio tembloroso son mi única respuesta.
Vos solo parecés ver los mil demonios cruzando sus tridentes en batalla.
En un segundo, mientras mi ángel parpadea o la calma matutina lo amansa lo suficiente,
ellos se disputan el poder de mi ira y la alimentan como un fuego sediento.
Puedo ver los mil futuros simultáneos de mis sueños de venganza más fríos y oscuros.
Una gran explosión que termine con todo y deje salir a todos los espíritus atrapados en sus pasillos de penumbra.
“Justicia divina”, susurrás en mi oído.
Las caretas de los mil demonios caen al piso en el mismo momento.
El fuego que alimentaban se ve inundado por una lluvia fina y crepuscular.
Se hace presente el silencio del origen.
¿Cómo contradecirte?
Dios siempre me dio tiempo y salud para ver a mis enemigos caer en llamas al abismo infinito.
El encuentro de nuestros ojos habla de la sabiduría más antigua de esta tierra,
la que no necesita palabras para enseñarte.
Ahora entiendo, de grande, ese famoso: “me lo contó un pajarito”.
Mi día, con un nuevo rumbo, se prepara, y mientras ensillo mi mate,
te encargo saludos a los que extraño y te quieren tanto como yo.
Gracias.
Gracias por venir.
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Damaso
Reside en la eternidad y su reinado vive cuando los relojes mueren. Despiertan los predestinados a ser lo fuera de lo normal por poseer el don de ser portador del bello milagro.
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