Hay una casa de amarillos eternos, con ventanas bañadas por el sol y jardines donde las flores jamás aprendieron a marchitarse. A ella conduce un sendero de violetas, tan hermoso que duele mirarlo, porque al final del camino estás tú, como siempre te imaginé.
A tu lado camina una pequeña figura, con los ojos llenos de cielo, con la misma luz tranquila que un día encontré en los tuyos. Dos mariposas danzan alrededor de ustedes, y sus risas llenan el aire como una canción que alguna vez escuché en mis sueños más felices.
-Entonces sonrío-
Porque por un instante la vida parece haber sido amable, porque por un instante todo está exactamente donde debía estar. Todo aquello que construí mil veces en mi corazón se encuentra frente a mí, vivo, hermoso y real.
Pero cuando intento acercarme, mis pasos se vuelven raíces, mis piernas no avanzan y mi voz no alcanza. Y comprendo que soy apenas una espectadora, mirando desde lejos la vida que tantas veces soñé y que ahora pertenece a otro destino.
Tú me ves y extiendes tu mano,
y por un instante creo que podré alcanzarte. Pero justo cuando mis dedos están a punto de encontrarte, despierto y la casa desaparece.
Las violetas desaparecen
Las mariposas desaparecen
Tú desapareces
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