PEQUEÑAS ANECDOTAS DE MALVINAS
Cnl I VGM (R) Lucas Marcelo CASTRO
Nota: (Coronel de Infantería Veterano de Guerra de Malvinas Retirado)
En servicio desde 1964 hasta 1998.
Oficial de Estado Mayor – Licenciado en Estrategia y Organización
Aptitud Especial de Montaña
Movilizado de la ESG (Escuela Superior de Guerra - 3er año)
con el grado de Capitán al conflicto de Malvinas en el Cdo Br I Mec Xma
(Comando de la Brigada de Infantería Mecanizada Décima),
inmediatamente después del 02 de abril de 1982.
Desde el 14 Abril al 15 de Julio 1982 permanecí en el Conflicto,
regresando con el último contingente en el Ferry Saint Edmond
(arribando a Puerto Madryn – Provincia del Chubut – República Argentina)
14 de Abril al 14 de Junio en Operaciones
15 de Junio al 15 de Julio como Prisionero de Guerra
En la foto de portada el Capitán I Lucas Marcelo Castro
En las afueras de Puerto Argentino - Mayo 1982
Gentileza de mi amigo Carlos García Malou
DESARROLLO
Anecdotas
- 1. Viaje a las Islas.
- 2. Mis tareas en el Aeropuerto.
- 3. Bañarse.
- 4. Mi compañero Marcelo Novoa.
- 5. Mis amigos periodistas.
- 6. ¿Quién viviría en las Islas?
- 7. Compra de ovejas.
- 8. Después de la rendición.
- 9. Un problema casi insalvable.
- 10. Retenido en Puerto Argentino.
- 11. Embarque y viaje de regreso.
- 12. Arribo a Puerto Madryn.
- 13. Observaciones someras sobre el conflicto
Año 2005
Viaje a las Islas
Tenía 34 años. Cursaba 3er año de la Escuela Superior de Guerra.
Mi grado, Capitán (en el 5to año), con la esperanza de ascender a Mayor a fines de 1982.
Casado, con cinco hijos, María Belén (8 años), Carolina (5 años), Federico (4 años), Guadalupe (3 años) (Hoy ausente, pero que está todos los días presente en mi corazón), Francisco (8 meses) y mi mujer, Liliana, embarazada de Ramiro (el benjamín), de lo que me enteré en Malvinas, ya que aparentemente tenía solo un atraso, que nació el 09 de septiembre de 1982.
El 02 de abril fui a clases como lo venía haciendo todos los días.
Al entrar al Instituto me encontré con una gran algarabía y al preguntar qué pasaba, me respondieron: “tomamos las Malvinas”.
La sorpresa fue mayúscula y hasta desorientadora.
Nada se había difundido, nada se había filtrado, nadie había hecho ningún comentario, realmente las medidas para preservar el secreto habían sido de un nivel que me sorprendía.
Esta reflexión la hice y la sigo haciendo, porque como argentino, creo que en nada somos discretos, y hasta nos gusta tener la última noticia y si es posible ser los que la anunciamos, haciendo gala de estar muy bien informados.
De allí en más las clases fueron un solo tema: “Malvinas”.
Recuerdo al profesor de inglés, Sr. Lewis (de origen británico, hoy ya fallecido) quien no mostró ninguna alegría, y muy por el contrario, hizo el comentario “para Inglaterra lo que había ocurrido era inaceptable”.
La crítica hacía él fueron muchísimas.
Ya al otro día empezaron los preparativos en la Escuela, porque la orden era dejar las clases, y los alumnos de todos los cursos (son tres años), debían ser destinados a reforzar distintos Comandos ó Unidades.
En mi caso, la espera fue un tanto larga, ya que todos fueron partiendo hacía distintos lugares del país, y cuando quedábamos muy pocos en el Instituto, me llegó la orden de presentarme en el Comando de la Xma. Brigada de Infantería Mecanizada en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, a 60 km de la Capital Federal (Buenos Aires).
Debo citar que fui llamado a ese destino por instancias del entonces Mayor Baneta (lo conocía desde mi primer destino en San Juan), que se desempeñaba como Oficial de Personal de la Brigada.
Pregunté cual era la misión, y me dijeron: “la seguridad costera de la Provincia de Buenos Aires”.
Así, un 10 de abril de 1982, me llevó hasta La Plata mi mujer, acompañada de mis padres, previa despedida de mis hijos y mi recordada suegra.
Allí me enteré que ya tenían la orden de partir hacia Las Malvinas, por lo que me agregaron a la División Logística - Sección Transporte, a trabajar en la orden de desplazamiento del personal hacia la Base Aérea de Palomar, donde se embarcaba rumbo a las Islas.
La Brigada no podía llevar su material mecanizado, por lo que otros efectos se estaban cargando en el Puerto de Buenos Aires para ser llevados por mar.
Así, es que el día 13 de abril, viajamos en un Boeing 707 (ex Aerolíneas Argentinas) desde Palomar hasta Río Gallegos, sentados en el piso.
Dormí en la Cárcel de Río Gallegos, y al otro día, en un Hércules, llegué a Puerto Argentino (14 de abril a las 15 horas).
Eseento es hoy para mi, indescriptible.
Lo único que atiné a hacer fue colocarme de rodillas, apoyar las manos en el piso y besar el suelo. Dios y mi familia pasaron por mi mente.
Luego arranqué una pequeña mata de pasto que guardé dentro de mi casco.
Un pedacito de esa tierra volvió conmigo tres meses después.
CNL (R) I VGM LUCAS MARCELO CASTRO
Aclaración: CNL (R) I VGM (Coronel Retirado de Infantería Veterano de Guerra de Malvinas)
Mis tareas en el Aeropuerto.
Al llegar a las Islas, el Comando de Brigada con el que fui, me reasignó al COL (Comando de Operaciones Logísticas), que estaba a cargo del Coronel Argentino González.
Allí trabajaban otros camaradas, el entonces Teniente Coronel Hilguert (luego General), el Teniente Coronel Romero Mundani (quien años después se suicidaría dentro de un tanque en los hechos protagonizados por el Coronel Seineldín en los años 90), y el equipo que estaba en el Aeropuerto de Malvinas junto conmigo, el Capitán Dante Prina y el Capitán Juan C. Videla.
Las tareas fueron de Enlace con la Fuerza Aérea.
En turnos de 12 o 24 horas, cubríamos la actividad durante todo el día.
Llegaban aviones de todas las fuerzas e incluso de Empresas Privadas (Austral y Aerolíneas Argentinas), con infinidad de abastecimientos.
Llegue a contar 48 arribos en 24 horas.
Realmente era una tarea ciclópea, ya que todo se bajaba a mano haciendo cadenas humanas.
Mi tarea estaba relacionada con recibir los materiales para Ejército, aparcarlos, y cargarlos para ser transportados hacia donde el COL ordenaba.
Así se trabajó hasta varios días antes del 1ro de mayo, cuando los radares en las Islas comenzaron a detectar vuelos de aviones enemigos, ya que la flota inglesa se encontraba en alta mar a unos cientos de kilómetros de Malvinas.
En consecuencia se declaraba “alerta roja” (grado máximo de prevención), no llegaba ningún vuelo desde el continente, y pasábamos la noche descansando, pero con gran inquietud.
El 30 de abril, a última hora de la tarde, se suspendieron los vuelos por la ya citada “alerta roja”.
Próximo al edificio del Aeropuerto, dormían de a dos por carpas, casi 100 soldados de distintas Unidades de la Brigada III. La gran mayoría de la provincia de Corrientes.
Ya estaba haciendo mucho frío, y, no sé por qué razón se me ocurrió hablar por el teléfono fijo de las Islas al COL y pedir autorización al Teniente Coronel Hilguert, para replegarme a la ciudad para que todos pudiéramos descansar con mayor reparo, por el frio que hacía.
Los soldados dormirían en el Puerto, donde había unos depósitos con “balas de lana” (cubos de lana de casi dos metros cuadrados), que eran más abrigados y mullidos que los colchones de campaña.
Los Suboficiales tendrían distintos lugares de alojamiento.
En mi caso dormiría en un depósito sobre la Municipalidad (Town Hall), contiguo al Correo.
Inicialmente no se me autorizó, pero gracias a Dios luego accedieron con la premisa de estar de regreso en el Aeropuerto a las 6 de la mañana del 01 de mayo, a lo cual me comprometí.
A las 04:40 horas de la madruga, la tierra tembló, la defensa aérea se activó, y todo el cielo se tiño de colores rojizos.
Salí del depósito a la calle, en plena ciudad, y el Aeropuerto a la distancia era un “infierno”.
Al otro día fui al Aeropuerto: estaba sembrado de bombas “Beluga”, y las carpas donde dormían los soldados eran harapos.
La vida de todos los que componíamos ese grupo, estaba milagrosamente salvada
Bañarse
Visto ahora y a la distancia, suena a tema poco interesante.
La realidad es que en mi estadía en las Islas Malvinas durante tres meses, dos libre y en operaciones, y uno como Prisionero de Guerra: el tema ducharse no fue fácil.
Desde el 14 de abril (oportunidad de mi llegada) hasta después de los primeros bombardeos del 1ro de mayo de 1982, el bañarme fue una actividad que gracias al lugar donde prestaba servicios y oportuna jerarquía, podía manejar.
Lo hacía en el Cuartel de los Royal Marine que fuera abandonado, en alguna casa que oficiaba de Alojamiento o eventual Comando, en el Aeropuerto, entre otros.
Luego del 1ro de mayo, se empezó a complicar, dado que la planta potabilizadora de agua estaba en las afueras de la ciudad, y los bombardeos aéreos y navales destruyeron las cañerías que llevaban agua a la ciudad.
Así es que empezó un peregrinar, que obligaba en tan poco espacio geográfico a agilizar el ingenio.
Logré dos o tres veces bañarme en una de las dos lanchas que llevó la Prefectura a las Islas, de las cuales una luego fue atacada y varada cerca de Goose Green (Guardacostas Iguazú), y la otra (Guardacostas Islas Malvinas) en su intento por regresar al Continente con el 50% de su motor, fue lamentablemente capturada.
Qué reconfortante era sentir el agua caliente y potable que permitía que del jabón saliera espuma.
Digo esto, ya que para solucionar este problema, se construyeron duchas con agua salada, donde con buena intención concurríamos todos: oficiales, suboficiales y soldados, fundamentalmente los que se encontraban en la primera línea del círculo defensivo y estático que había alrededor de Puerto Argentino.
Si bien el agua era caliente, al ser salada no permitía dejar brotar la espuma, y el jabón se transformaba en una melaza pegajosa, que en lugar de lavar, lo dejaba a uno embadurnado.
Así fue que el baño se transformó en algo buscado y no encontrado (cosas propias de la guerra).
Al terminar en conflicto, y para quienes la fortuna permitió retornar al Continente, según el barco en que cada uno viajó, fue posible bañarse con agua dulce.
Así como yo, hubo muchos que logramos disfrutarlo.
Mi compañero Marcelo Novoa
Ya desatado el conflicto y sin operar el Aeropuerto después del 1ro de mayo, a los que trabajábamos circunstancialmente en el COL (Comando de Operaciones Logísticas), nos tocó participar en la descarga de los barcos, que fueron realmente pocos.
En el caso que relato, amarró en Puerto Argentino el buque Bahía Buen Suceso.
Se descargaron también a brazo muchos efectos con un grupo de estibadores (la mayoría de origen chileno), que habían traído del continente, que por su experiencia rendían cada uno lo que 3 soldados.
Grande fue mi alegría de ver desembarcar al Capitán Novoa (Artillero – Ingeniero Militar), que a su propio decir estaba a cargo de un vehículo lanzador de cohetes, que solo contaba con una carga y media de cohetes.
Realmente muy poco, y que de utilizarse, el lanzador quedaría fuera de servicio por falta de munición.
Allí me contó que había sido destinado ese año a CITEFA, que se estaba poniendo en claro con el proyecto, y que lo habían enviado a Malvinas para coordinar su eventual empleo.
No pasó mucho tiempo de las tareas de desembarco y se produjo un aviso de alerta roja, el barco soltó amarras y se alejó del puerto con gran parte de la carga.
Novoa tuvo que volver a embarcar ya que el material a su cargo no había sido descargado.
Vi alejarse al barco del estuario, y también a un compañero de cualidades notables, casado y con varios hijos muy pequeños.
La historia es conocida, el buque Bahía Buen Suceso se internó en el estrecho, en una bahía interna luego aligeró su carga con el buque Islas de los Estados donde se transbordó el lanzador de cohetes, y con él mi amigo Novoa.
La noche no sirvió contra los radares, y un buque de guerra inglés hundió al Islas de los Estados. Con él se fue la vida de Marcelo.
Años después participé en una ceremonia en CITEFA, donde estaban su señora y los hijos, ya no tan pequeños.
Estoy seguro que Dios lo tiene cerca entre sus hombres elegidos.
Mi muy sentido recuerdo a un “Gran Camarada”
Mis amigos periodistas
Trabajando en el COL (Comando de Operaciones Logísticas), mi alojamiento era un depósito, sobre la Municipalidad (Town Hall).
Por una redistribución de los alojamientos, junto con otros camaradas nos dieron la orden de trasladarnos para pernoctar, a una vivienda de la ciudad.
La sorpresa fue encontrar que la misma estaba ya ocupada por periodistas, fotógrafos y técnicos de TELAM (Agencia Nacional de Noticias) (ex Telenoticias Americanas).
Nuestra llegada fue recibida con recelo y frialdad, estábamos invadíamos un lugar privado, donde compartiríamos “civiles y militares”.
Esa sensación duro poco, y de muchas formas nos complementamos, ellos comprando productos en latas en el Supermercado de las Fackland (por disposiciones de las autoridades militares, los uniformados no podíamos ingresar); y nosotros (los militares) aportando algunos víveres frescos.
Allí tuve la suerte de conocerlos, demostrándonos muchísimo afecto, a lo que tratamos de corresponder.
El tiempo hizo que en especial tenga al día de la fecha una relación particular con Diego Pérez Andrade y con Carlos García Malou (periodistas) (además Carlos un cocinero excelente).
Nació una amistad que me honra, y que en la medida de mis posibilidades trato de no perder a pesar de nuestras obligaciones permanentes y distintas.
Mi Reconocimiento a todos ellos por la tarea que cumplieron hasta el último día que los vi partir al producirse la rendición de Malvinas, yo permanecí un mes más como Prisionero de Guerra.
Muchas veces, años después, tuve la suerte de compartir momentos y recuerdos inolvidables.
CNL (R) I VGM LUCAS MARCELO CASTRO
Aclaración: CNL (R) I VGM (Coronel Retirado de Infantería Veterano de Guerra de Malvinas).
¿Quiénes vivirían en las islas?
Desde 1982, al finalizar el conflicto, me he preguntado ¿“quienes vivirían hoy en Malvinas”, si el conflicto hubiera terminado a favor de los argentinos?
La pregunta tiene fundamentos, viajé por una de las islas por establecimientos ingleses a comprar y trasladar ovejas a Puerto Argentino, para el racionamiento de las tropas.
Poca población en comparación con el total que vivía antes del conflicto en Puerto Argentino, pequeña ciudad de tono muy chato.
La gran mayoría estaban ubicados (no sé cómo será hoy, año 2005), en cientos de establecimientos en la bastedad de las Islas, aislados, con solo equipos de comunicaciones de largo alcance para enlazarse con la Capital, y con equipos de banda de 2 metros para comunicarse con los vecinos.
Una emergencia médica, solo era posible asistirla con un avión con que la Gobernación contaba.
Es decir que una urgencia, tenía pocas posibilidades de ser solucionada.
La dureza de clima, la vegetación muy rala (prácticamente no hay árboles), todo es turba ó roca, con sendas de difícil transitabilidad, hacen muy dura la vida.
Nacidos y criados allí, sin reconocimiento como ciudadanos ingleses (en 1982), las opciones eran pocas.
Reemplazarlos si se hubieran ido, o convivir los argentinos con ellos después de una guerra, aprecio que no hubiese sido fácil, sino una tarea compleja.
Pienso que funcionarios integrantes de distintos servicios, empleados públicos, todos con incrementos salariales por zona desfavorable hubieran ido, pero gente para vivir en la soledad de ese territorio casi inhabitable para explotar el ganado ovino, me permito dudarlo.
La realidad dice que nada de esto se puede comprobar y queda en el terreno de las hipótesis.
Hoy la tecnología a evolucionado y aquel medio áspero supongo ha mejorado en su habitabilidad que presupone la pesca y los hidrocarburos.
CNL (R) I VGM LUCAS MARCELO CASTRO
Aclaración: CNL (R) I VGM (Coronel Retirado de Infantería Veterano de Guerra de Malvinas).
7. Compra de ovejas
Ya desatado el conflicto, y cumpliendo tareas en el Comando de Operaciones Logístico (COL), recibí la orden de ir desde Puerto Argentino hasta una estancia para adquirir 300 ovejas.
Primero me desplacé en un Land Rover caja corta manejado por un “kelper” (denominación de un hijo de ingleses o nativos nacido en las Islas) de quién no recuerdo hoy su nombre, que para mis superiores de entonces era considerado confiable.
Malvinas no se caracterizaba en esa época por contar con caminos transitables.
El camino elegido, partía de la ciudad, y estaba medianamente mantenido hasta las laderas del cerro “Dos Hermanas”. De allí en adelante era solo una senda no definida entre rocas y turba, que el conductor muy experto seleccionaba con gran pericia.
Incluso parte del camino lo hicimos por una playa.
Al arribar al lugar previsto (un complejo de edificios a dos aguas - casas y galpones), fuimos recibidos por los lugareños, entre los que se encontraban mujeres y niños.
Aboné lo pactado con dinero argentino (no recuerdo el monto y tipo de moneda), y quedamos en ir a buscarlas al otro día.
Durante el regreso tuvimos que abandonar el jeep, ante la sorpresiva presencia de un avión de combate a baja altura, que luego nos dimos cuenta era argentino en vuelo rasante hacia Puerto Argentino.
Al día siguiente, con un grupo de suboficiales y soldados, en un helicóptero UH piloteado por el Teniente Anaya, luego de un vuelo con características cinematográficas, muy al ras del piso, pegado a las alturas y zigzagueando, llegamos a la estancia.
Allí se desembarcó, y al tener en nuestro poder las ovejas para trasladar, el problema era como conducirlas.
Ese mismo ganado, los “kelpers” lo arriaban con cuatriciclos y perros muy bien adiestrados y conducidos en inglés.
No podíamos contar con esa ayuda, así que el ingenio surgió, y todos los cuadros y soldados en abanico y ladrando condujeron a las ovejas durante todo el día hasta los corrales que se armaron en la punta del camino al pie del cerro “Dos Hermanas”.
Para llevar las ovejas desde el corral al camino, se ataban de a dos las ovejas y pasando la correa por la espalda con las ovejas de tiro, se las llevaba como si fueran una “biga” (en latín carro de guerra con 2 caballos).
Ya en el camión (Unimog), las ovejas eran trasladadas hasta el frigorífico, donde las mismas fueron procesadas y distribuidas.
El paso por el frigorífico era muy importante, ya que las ovejas en Malvinas tienen hidatidosis, enfermedad que transmitidas a los seres humanos tiene consecuencias muy graves.
La tarea fue cumplida, y muchos de quienes estuvieron en Puerto Argentino pudieron contar con algo de carne para comer, alimento casi imprescindible en nuestra alimentación.
8. Después de la Rendición
El 14 de junio de 1982 se silenciaron las armas.
Habían acordado la Rendición (palabra tan dura a nuestros oídos) entre el Gobernador de las Islas (General Menéndez) y el General Inglés Jeremi Moore.
Los primeros momentos fueron de gran desorientación, y más en mi caso que había regresado de mi dependencia secundaria (Comando de Operaciones Logíticas) a mis tareas primarias en el Comando de la Xma. Brigada, donde había construido mi “pozo de zorro” (posición bajo nivel del piso, donde puede estar un hombre parado), a no más de doscientos metros de donde los ingleses habían detenido su ataque.
Casi enseguida, comenzaron a desfilar lógicamente tristes y cansados, fracciones de soldados de las primeras líneas con destino al Aeropuerto de la península, lugar donde se debían reunir con los elementos que desde los dos últimos días se replegaba en la misma dirección.
La gran mayoría de las tropas fueron trasladadas a pie hasta el Aeropuerto.
Había otras tropas en Darwin, en Fox y en Howard (estas dos últimas en la isla Gran Malvina).
Convivimos con ingleses aún armados por el término de más o menos dos días, donde al cruzarnos, se producía una singular experiencia propia de profesionales de la guerra, que lo constituye el saludo militar reconociéndonos las respectivas jerarquías.
Posteriormente se nos ordenó entregar el armamento, y se inició el repliegue al continente en diferentes barcos, argentinos e ingleses.
CNL (R) I VGM LUCAS MARCELO CASTRO
Aclaración: CNL (R) I VGM (Coronel Retirado de Infantería Veterano de Guerra de Malvinas).
9 Un problema casi insalvable
Después del cese de las operaciones, el 14 de junio de 1982, había cierto desconcierto de cuáles serían las consecuencias.
Concurrí al Puesto de Comando del Comando de Operaciones Logísticas y allí me enteré que todo el personal que se replegaba de las primeras líneas, se iba a desplazar hacía el Aeropuerto.
El Coronel González (Jefe del COL), me ordenó que debía concurrir al Puerto donde había un depósito de víveres, dado que desde allí se iba a abastecer las tropas que estaban próximo al Aeropuerto.
En ese lugar estaba un subteniente del servicio de Intendencia con un grupo de soldados.
Tome el mando del lugar.
La mayoría de los efectos eran latas de todo tipo y en gran cantidad.
Se presentaban diferentes comisiones, que eran registradas y en camiones llevaban los efectos.
El lugar tenía dos guardias de los ingleses, cada una con dos hombres, que estaban, una en la entrada del depósito desde la calle y la otra detrás, sobre el muelle del puerto.
El depósito no tenía sanitarios, pero si los había debajo del muelle del puerto, con puertas y adentro retretes a la turca.
Allí estuve dos días.
En cierto momento decidí ir al baño, saliendo por la puerta que daba al muelle.
En mi modesto inglés, les hice saber a los soldados ingleses que me dirigía al baño.
Uno de los soldados, me coloca el FAL sobre mi pecho y me indica que debía realizar mis necesidades en el muelle.
Le explico, que por lo que iba a hacer debía dirigirme al baño.
No me deja avanzar y me reitera que debía hacerlo allí.
Le señalo y le digo cual era mi jerarquía y reiteré mi intensión de seguir mi camino.
Sin sacarme el fusil del pecho, saca el seguro del FAL, y con actitud enojada insiste en lo que él quería y que yo me negaba.
El soldado que estaba con él, corrió el cañón del fusil de mi pecho y le dice a su compañero, que yo era un capitán y que no podía ir al baño allí.
De mala gana accede a su pedido y me deja pasar.
Sin perder la calma, fui al baño y volví al depósito sin novedad.
Debo decir, que luego de lo vivido, pensé, que había pasado el conflicto y gracias a Dios, lo estaba contando, y que, por un capricho del destino, podría haber terminado mal el entredicho, y allí en el muelle, sin nadie como testigo, me podrían haber disparado y luego aseverar que, por ejemplo, había tratado de arrebatarle el arma.
La realidad, es que nadie hubiera sabido que pasó, hubiera quizás muerto después de terminado el conflicto, por haberme negado a ir al baño delante de soldados ingleses en el muelle de Puerto Argentino.
Lamentable!
10 Retenido en Puerto Argentino
Se inició el embarque en diferentes buques ingleses y argentinos.
En mi caso estuve a punto de embarcar en el buque inglés Camberra, pero un soldado inglés que hablaba castellano (me dijeron luego que era puertorriqueño), al ver mi grado de Capitán, inició un interrogatorio sobre mis tareas en Malvinas.
Al responder que trabaja en Logística (todo aquel que decía a los ingleses que trabaja en Comunicaciones, Operaciones ó Inteligencia, era inmediatamente separado del embarque), literalmente me dijo: “ah, tú eres Capitán papelero”, a lo que luego de mi asentimiento, y, supongo por no creerme, me ordenó “tú te quedas”, y me remitieron a los depósitos del puerto.
Al enterase donde estaba el Gral Jofre (Comandante de la Brigada Xma.) (por el comentario de un camarada de promoción – Cap Gomez Pola-), y atento a que yo prestaba servicio en ese Comando, adonde fui movilizado desde la Escuela Superior de Guerra, me pidió a los ingleses y fui trasladado a una casa, donde el General se alojaba con parte de su Estado Mayo y personal de la Armada.
Permanecí allí varios días, y finalmente, el General y el Estado Mayor fueron llevados a Bahía San Carlos, donde había un gran grupo de Prisioneros de Guerra, quedando yo a cargo de la casa (los ingleses le pidieron al General Jofre que un oficial permaneciera en la casa, y él me designó). Permanecí allí con un pequeño grupo de suboficiales y soldados.
Aumentó la cantidad de personal en la casa, con los arribos de: el personal de la Radio Estación de Malvinas al desactivarse (entre otros el capitán Maidana y el capitán Bonini), luego cuatro personas enfermas enviadas por los ingleses desde Bahía San Carlos, y posteriormente toda la dotación de la Base Naval de las Islas Sandwich (dos oficiales, uno de ellos médico, y suboficiales de la Armada, en total trece personas).
Durante el tiempo que estuvimos en esa casa custodiados por soldados “galeses”, se recibieron “raciones frías” que nos permitieron comer frugalmente.
Ante nuestras necesidades por el funcionamiento de la casa (agua, luz y turba para calefacción), nos visitó un Mayor inglés que recorrió la instalación para ver cómo estábamos viviendo, el que a la postre resultó ser un Asistente Social, algo que en nuestro Ejército no existe.
También nos visitó un oficial médico, del que no recuerdo la jerarquía, que ante distintos problemas de salud que registró, envió posteriormente en pequeñas bolsas de polietileno con el apellido de cada uno, diferentes comprimidos con las correspondientes indicaciones.
Antes del 09 de julio de 1982, se nos comunicó que todos los Prisioneros que estaban en Bahía San Carlos ya estaban embarcados y llegarían a Puerto Argentino, por lo que seríamos trasladados a un barco.
11 Embarque y viaje de regreso
Luego de permanecer en una casa de Puerto Argentino, se nos avisó con muy poco tiempo (aunque teníamos un preaviso) del traslado a un barco.
Así fue que, con nuestras pertenencias, encolumnados fuimos hasta el puerto, y en una lancha se nos trasladó al barco que resultó ser un Ferry utilizado en el cruce del estrecho de Calais entre Gran Bretaña y Francia (su nombre: Saint Edmond).
Embarcamos por un costado del buque, en grupos de cuatro, en un local y sobre una manta, se revisó todo el equipaje, así como fuimos obligados a sacarnos la totalidad de la ropa, la cual fue también revisada minuciosamente, así como nosotros.
Al citar minuciosamente, estoy queriendo citar que desnudos, se nos ordenó flexionar el tronco y con ambas manos abrir los glúteos, sin tocarnos, ordenándonos posteriormente vestirnos.
En el barco, lo que terminó siendo el último contingente, volvimos aproximadamente quinientas personas, de todas las jerarquías.
La permanencia en el barco fue de muy pocos días, que incluyó, autorizado por los ingleses, el cantar el día 09 de Julio el Himno Nacional Argentino en los pasillos de los camarotes donde estábamos alojados.
Al respecto, en los camarotes para dos ubicaban a tres personas, y en los camarotes para cuatro a seis, por lo que una parte dormía en las camas y el resto en el suelo.
En mi camarote para cuatro donde éramos seis, a dos por día nos tocaba dormir en colchones en el suelo.
Del tiempo que estuvimos en el barco como Prisioneros, puedo destacar cosas que me
llamaron poderosamente mi atención:
Disponer del texto de la Convención de Ginebra para conocer nuestros Derechos.
Tanto a las duchas como a los baños, les quitaron las puertas.
En los extremos de cada pasillo, siempre había un soldado inglés apostado, quién al tomar el servicio, cargaba su fusil (FAL – similar al nuestro, pero sin la capacidad de tirar en automático, solo repetición) y le quitaba el seguro.
Los pasillos eran recorridos periódicamente por los ingleses, verificando cada camarote.
En general, el trato fue cordial.
A la mañana muy temprano, distribuían un vaso pequeño de té con leche sin azúcar, y un paquete de galletas de sabor neutro.
Antes del mediodía, se nos trasladaba a un comedor, por tandas, distribuían un cigarrillo por hombre, y retirábamos una ración muy frugal (una rodaja fina de pan tipo lactal, un cubo de queso pequeño, una feta de fiambre, todo esto para hacer un sándwich, más un recipiente pequeño con leche y copos de maíz sin azúcar, contando sólo con una cuchara que oficiaba de cuchillo para cortar el queso, utilizando el mango).
Luego del almuerzo, salíamos unos minutos a la cubierta del barco, donde autorizaban a fumar el cigarrillo, que a su vez quienes no fumaban se lo regalaban a quienes lo pedían.
El Ferry contaba con dos plataformas, una a proa y otra a popa, agregada, apta para aterrizar helicópteros o aviones de despegue vertical.
A las 17/18 horas, se cenaba, también parecido al almuerzo y muy frugal.
Sí recuerdo, que a las 21 horas por la poca comida y los horarios tan cercanos del almuerzo y la cena, el hambre que sentíamos era importante.
Los prisioneros médicos presentaron una queja por la poca comida que recibíamos, pero fueron refutados por los ingleses, quienes fundamentaban que la comida diaria era de aproximadamente 2.600 calorías, suficiente para vivir sin actividad física.
Al cumplirse treinta días de Prisioneros de Guerra, se nos pagó el sueldo como tal, a todos sin excepción, en libras esterlinas, firmando una planilla con el conforme.
Abrieron una Cantina, se nos hizo saber lo que disponía y el costo de cada elemento, a la que pudieron acceder sólo un prisionero cada seis.
En mi caso adquirí 1 caja pequeña de tabaco, ya que tenía papel para fabricarme cigarrillos, un paquete de caramelos de miel y una lata de Coca Cola de origen sudafricano.
12 Arribo a Puerto Madryn
Llegamos a Puerto Madryn el 15 de julio de 1982, donde desembarcamos.
El arribo, luego comparado con aquellos que arribaron antes, y en muchos casos escondidos de las miradas de curiosos, cuando en realidad eran ciudadanos que fueron llamados y enviados a defender su Patria, estuvo bien organizado.
Fuimos recibidos en el puerto por oficiales superiores de las tres Fuerzas Armadas y saludados uno por uno.
La totalidad embarcó en micros, y fuimos trasladados a la Base Aeronaval Almirante Zar de la Armada.
Allí recibimos una colación (sándwich y gaseosa), ropa limpia, toallas y elementos de higiene.
Se nos asignaron lugares para ducharnos y cambiarnos.
Los oficiales y suboficiales recibimos un nuevo correaje y para los primeros una nueva pistola 9 mm.
En función del origen y destino de cada uno se distribuyeron los lugares en los aviones de transporte, e incluso el asiento que correspondía.
En mi caso arribé a Palomar, desde allí nos trasladaron a la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral, donde hubo una formación y un recibimiento formal.
Posteriormente en micro, en mi caso junto con otros nos llevaron a la Escuela Superior de Guerra en Buenos Aires, donde me esperaba Liliana (mi mujer), mis hijos: Carolina (5 años y 10 meses), Federico (4 años y 8 meses), Guadalupe (3 años y 4 meses) y Francisco (11 meses), mi suegra Julita y en la panza de Liliana el embarazo de Ramiro (el benjamín), que nació el 09 de septiembre de 1982. María Belén (8 años) estaba en Santa Fe.
Agradezco a Dios haber vuelto, y siempre estarán en mi corazón el recuerdo de los camaradas que dejaron su vida en nuestras islas y en el mar.
CNL (R) I VGM LUCAS MARCELO CASTRO.
Aclaración: CNL (R) I VGM (Coronel Retirado de Infantería Veterano de Guerra de Malvinas).
Observaciones someras sobre el conflicto
Referido a este tema existen infinidad de publicaciones, inglesas y argentinas, de historiadores, políticos, militares, periodistas y de otros idóneos en temas afines ó no.
En realidad, creo que, por mi preparación y jerarquía alcanzada, estoy modestamente en condiciones de realizar un análisis del conflicto.
Pero fue mi deseo transmitir solo anécdotas.
Sin embargo, me animo a expresar, transportándome en el tiempo, lo que en aquella época veía con mis ojos de Capitán, cursando el último año de la Escuela Superior de Guerra y en condiciones de alcanzar el grado inmediato superior (Mayor), a fines del año 1982.
Dispositivo
Elementos terrestres en 4 lugares de las Islas: Puerto Argentino, Darwin, Puerto Howard y Puerto Fox, sin rutas transitables, prácticamente incomunicados, limitados en medios helitransportados por la cantidad, la calidad (no aptos para vuelo nocturno) y con el espacio aéreo controlado por la Fuerza de Tarea Aero- Naval Inglesa.
Un teatro de operaciones claramente insular, sin una flota naval propia en condiciones de dar batalla y con medios aéreos a muchos kilómetros de las islas, además que debían reabastecer en vuelo para operar sobre el espacio aéreo Malvinas.
Sumado las limitaciones de los abastecimientos, sobre todo a partir del 1ro de mayo, que obligó a un estricto racionamiento sobre todo de víveres.
Equipamiento
No era de primerísimo nivel, pero muy lógico para nuestra área de influencia en sud-américa, pero un tanto limitado para enfrentar a un miembro de la OTAN.
Personal
Cuadros adiestrados e instruidos, con soldados motivados por una cultura de muchos años “Las Malvinas son argentinas” – “Las usurparon en el año 1833” – “Las hermanitas perdidas” –
Muestras sobran de valor y entrega.
649 muertos en acción así lo certifican.
Sensación general en las Islas
Hasta el 1ro de mayo, todo se preparó para lo peor, pero las informaciones eran que, posiblemente hubiera alguna alternativa que evitara el conflicto. Tres banderas (ONU, Argentina y Gran Bretaña), dos banderas (Argentina y Gran Bretaña), reconocer Inglaterra nuestros derechos y ocuparlas definitivamente.
Después del 1ro de mayo, todo cambió, con el bombardeo y con el hundimiento del Crucero General Belgrano. La suerte estaba echada.
El dispositivo se endureció aún más con las acciones de los ingleses.
Lo que deparaba el destino, era luchar hasta el último hombre.
Los ingleses operaron por líneas interiores:
- Desembarco en San Carlos y toma de Darwin.
- Desplazamiento y ataque de Puerto Argentino.
- Aislamiento de Puerto Fox y Puerto Howard.
No les fue fácil, tardaron 44 días para lograr su objetivo, y le costó mucho personal y medios.
Como dijera el General inglés Jeremy Moore “No Picnic”.
Mi reconocimiento eterno a quienes lucharon, a quienes murieron en combate y también para aquellos que después de la guerra no pudieron superar las secuelas y nos dejaron. Sensación general en las Islas
Hasta el 1ro de mayo, todo se preparó para lo peor, pero las informaciones eran que, posiblemente hubiera alguna alternativa que evitara el conflicto. Tres banderas (ONU, Argentina y Gran Bretaña), dos banderas (Argentina y Gran Bretaña), reconocer Inglaterra nuestros derechos y ocuparlas definitivamente.
Después del 1ro de mayo, todo cambió, con el bombardeo y con el hundimiento del Crucero General Belgrano. La suerte estaba echada.
El dispositivo se endureció aún más con las acciones de los ingleses.
Lo que deparaba el destino, era luchar hasta el último hombre.
Los ingleses operaron por líneas interiores:
- Desembarco en San Carlos y toma de Darwin.
- Desplazamiento y ataque de Puerto Argentino.
- Aislamiento de Puerto Fox y Puerto Howard.
No les fue fácil, tardaron 44 días para lograr su objetivo, y le costó mucho personal y medios.
Como dijera el General inglés Jeremy Moore “No Picnic”.
Mi reconocimiento eterno a quienes lucharon, a quienes murieron en combate y también para aquellos que después de la guerra no pudieron superar las secuelas y nos dejaron.
Este pequeño trabajo, suma de recuerdos lo dedico a:
A mi mujer Liliana, que tanto me ha perdonado en mis errores, que permanentemente me acompañó y a quien amo y amaré siempre entrañablemente.
A mis hijos María Belén, Carolina, Federico, Guadalupe, Francisco y Ramiro personas de buena madera, como las madres y que me han llenado de satisfacción toda la vida.
A mis nueras Cecilia, Melissa y Cintia, puntales de mis hijos.
A mis nietas Martina y Camila, dos luceros.
A mis futuros nietos.
A mis padres Luisa y Marcelo, que me acompañan siempre, aún ya no estando presentes.
A mi hermano Luis, un entrañable compañero.
A mí ahijada sanjuanina Cecilia.
A familiares (varios) y amigos (muchos), que han recorrido la vida próximos a mí.
CNL (R) I VGM LUCAS MARCELO CASTRO.
Aclaración: CNL (R) I VGM (Coronel Retirado de Infantería Veterano de Guerra de Malvinas).
Me atrevo a agregar algunas breves palabras, como sobrino del Coronel Marcelo Lucas Castro, respetuosamente decir, que es una persona excepcional, enorme luchador de la vida junto con su mujer Liliana, siempre generosos, amables, gentiles, inclusive con muchos que supieron traicionarlos a lo largo de su vida, jamás demostraron, rencor hacia nadie, fui testigo de su gran amabilidad.
Por último, manifestar mi enorme respeto por los que considero verdaderos héroes, pero, permítanme decirles, que no solo lo son, por lo hecho en Malvinas, además, por su firmeza, honradez y don de gente a lo largo de su vida. -
A todos ellos mi más sentido reconocimiento, créanme que este país, necesita muchas personas como Lucas Marcelo Castro. -
GOD BLESS YOU ALL.-
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