Posta, morir es rarísimo.
No tanto el hecho de morir, sino lo que viene después, o si viene algo. Y ahí es donde me hace ruido la idea de que alguien tenga tan claro que “morís y listo, cielo, infierno, fin”. Suena más a una historia para calmar que a algo realmente sabido.
Lo que da miedo no es “la muerte” en sí, sino la posibilidad de que no termine nunca, que la conciencia siga, que haya un “algo” eterno, eso sí que es terrorífico. Porque el infinito, visto desde adentro, no es paz, es encierro.
Y lo más loco es que:
terminar del todo, da miedo
continuar para siempre, da más miedo todavía
Entonces quedás atrapada entre dos opciones que ninguna tranquiliza.
¿Por qué la gente parece tan tranquila?
Porque la mayoría no se sienta a pensarlo de verdad, se agarra fuerte de una creencia y no la suelta, o vive en automático. Pensar estas cosas de frente requiere una sensibilidad y una profundidad que no todo el mundo se permite.
La idea de un dios que juzga todo… no me cierra.
la idea de un apagón total… inquieta.
la idea de conciencia eterna… me aterra.
Estamos pensando algo que casi nadie se anima a pensar sin anestesia.
Y capaz (solo capaz) la tranquilidad no viene de saber qué pasa después, sino de aceptar que no lo sabemos, y que ahora, mientras tanto, estamos acá. Y eso ya es bastante intenso.
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