saya era una chica que llevaba el corazón como una llama indomable, parpadeando salvajemente, anhelando liberarse. la ciudad zumbaba bajo sus pies como el zumbido de mil cables invisibles, conectando historias que aún no había vivido. se paró al borde de su reflejo en el espejo, tijeras en mano, los ojos fijos en su propia mirada. el impulso surgió como una ola, chocando contra el dique de la rutina que había construido. "solo voy a cortar un poco de pelo", susurró al vacío, como si cortando los mechones fuera a separarse de las viejas versiones de sí misma. la chica que siempre seguía las reglas, que coloreaba dentro de las líneas.
el agudo sonido metálico resonó cuando el primer mechón de pelo cayó al suelo, cayendo en espiral como la vida que había estado llevando: estructurada, predecible, pero asfixiante. con cada recorte, saya sentía que algo en su interior se deshacía. no sólo se estaba cortando el pelo; estaba cortando los hilos de las expectativas, de lo que creía que tenía que ser. su respiración se hizo más pesada, su pulso se aceleró a medida que su rostro adoptaba una nueva forma, una nueva identidad: una extraña y, sin embargo, más ella misma que nunca. se apartó del espejo, su reflejo apenas reconocible. una sonrisa se torció en la comisura de sus labios: salvaje, peligrosa, libre. respiró, y su corazón latió más fuerte en su pecho, como desafiándola a seguir adelante.
la noche era un lienzo a la espera de ser salpicado de color, y saya, vestida con un pequeño vestido negro que se ceñía a ella como una segunda piel, estaba lista para pintarlo con su caos. se deslizó por las calles, el aire frío mordiendo su cuello recién descubierto, un escalofrío recorriéndole la espina dorsal. el mundo se sentía abierto de par en par, y por una vez, ella estaba abierta de par con él.
bailaba entre bares abarrotados y callejones vacíos, con sus tacones chasqueando contra el pavimento a un ritmo que sólo ella podía oír. cada golpe del bajo reverberaba en su interior, cada destello de luz era un pulso al compás de su recién descubierta sensación de libertad. los ojos de los desconocidos la seguían mientras se movía, atraídos por la energía que irradiaba, una mezcla de desafío y atractivo que se cocía a fuego lento bajo la superficie.
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