Pasos al costado. ¿Qué tienen en común un disco, un libro y una pintura?
Abr 25, 2026

Parte 4:
Kingdom,
Capítulo 9.
La escena se tranquilizó luego de un rato, dejando el ambiente con una neblina marrón, donde ni el cielo se podía ver. La lluvia y los truenos fueron cesando.
La visión se iba despejando cada vez más, hasta que pude ver la silueta de Galeano. Se estaba levantando a duras penas, apoyándose en su rodilla, irguiéndose tambaleante.
Me llevé una mano a mí boca y tosí gravemente. Me dirigí hacia él. Por suerte, ninguno de los dos teníamos heridas graves. Le apoyé una mano en el hombro, susurrando su nombre. Él, sin devolverme la mirada, levantó su mano y señaló en una dirección, para luego ir caminando hasta allí. Le seguí, y dimos a parar con Irys, la cual estaba despierta, tosiendo y aún recostada, con sus manos apoyadas en el suelo.
Alrededor nuestro, una vez el polvo se disipó, no quedó nadie. Nadie con signos de vida al menos. Solo estábamos nosotros, con el cuerpo del rey a pocos metros, hundido en una gran cráter de al menos veinte metros de profundidad. Había esparcidos varios cadáveres de guardias, de animales, estaban también tendidos en el suelo los hijos de Mickael.
Galeano caminó hasta los diferentes cuerpos de los hijos del rey, tocándoles el pecho y las palmas, tratando de encontrar signos de vida, pero no nos decía nada.
—Gali… —susurró Irys, estaba al lado mío, Galeano no la escuchó.
Se acercaba a un cuerpo, lo revisaba, y sin más, se levantaba para irse a otro cuerpo.
—Galeano… —dijo con más fuerza, tosiendo al terminar.
Hasta que en un momento Galeano se levantó del último cuerpo, y se dirigió apresuradamente, haciendo una señal para que le siguiéramos.
—Vamos —dijo desde lo lejos.
Al lado mío, escuche el fuerte respirar de Irys. Estaba volteada, viendo hacia la ciudad, o lo que quedaba de ella. A los pocos segundos, ella se desmoronó, cayendo en un ruido seco al piso. Me acerqué de un salto, aún respiraba, sólo se había desmayado. Miré hacia atrás pero Galeano se había marchado. La tomé en brazos y me dirigí hacia donde me parecía que Galeano se había ido.
Rodee el cráter gigante, hasta llegar a una de las extremidades enterradas del rey, su brazo derecho, allí estaba Galeano, mirando hacia abajo.
—Se lo han llevado todo —dijo seriamente—... inclusive a los prisioneros.
Me miró con Irys en brazos, no hizo ni un gesto, ni una mueca.
—Buscaremos a Bara y nos iremos —dijo.
Y entonces caminamos en completo silencio hasta la ciudad. Todo estaba hecho un desastre, como si un volcán hubiera arrasado contra el reino. La gran muralla dorada estaba doblada hacia dentro, en una inclinación perfecta e imposible para semejante estructura. El puente estaba deshecho, partido a la mitad, dejando los adoquines hundidos en el río, obstruyendolo.
La ciudad se convirtió en una ruina, el fuego en diferentes sectores aún seguía ardiendo dejando escapar un humo terrible. Rastros de muerte, de sangre, de cadáveres humanos, perros, gatos, diferentes aves. Fue un escenario enfermizo. Hasta que por fin logramos llegar a la casa de Galeano.
Apoyé a Irys momentáneamente en el sofá, mientras Galeano traía a Bara. Corrí varios pedazos de piedra, sacudí el polvo y las cenizas, lo dejé lo más cómodo que pude para luego dejarla acostada. Pude hacerlo gracias a la tenue, perturbadoramente tranquilizadora, luz de la luna, la cual entraba por un enorme agujero en el techo. Galeano apareció al poco tiempo con Bara en brazos, tomé a Irys, y nos fuimos.
Caminamos por la ciudad en una inquietante soledad, pasando por rastros de sangre y ruinas, como si fuera una ciudad fantasma. Algo descomunal había sucedido, era impensable, hacía tan sólo unas pocas horas las personas en la ciudad… vivían… compraban, comían y bebían. Paseaban y jugaban con sus hijos, despreocupados.
En cierto punto Galeano dejó libre a Bara, para que caminara y olfateara, pero ella se limitó a apegarse a nosotros como una mosca.
—¿Qué ha sucedido? —le pregunté, abatido.
—La guerra… el conflicto… Eso sucedió —me respondió tranquilamente, sin apartar la mirada de adelante, no pensó ni un segundo tanto en la pregunta como en la respuesta, no tartamudeo.
Sentí en su respuesta una frialdad, una humanidad a punto, o completamente arrebatada. Como si esto lo hubiera vivido ya diez veces, pero que quizás eran once.
La ciudad había quedado destruida mayormente dentro de la gran corona y en los alrededores de donde penetró el enemigo, por el noreste. El resto de la ciudad, como en los extremos del oeste y el sur, se encontraban intactos.
Recorrimos la ciudad. Parecía que caminábamos sin rumbo, él iba echando un vistazo a cada tienda, banco y mercado que encontraba. Al final se detuvo en uno, un mercado pequeño, el cual estaba casi intacto y sin nadie dentro. Recorrimos todo el negocio agarrando bolsas y mochilas y poniendo en ellas varios suplementos. Sentía un poco de culpa, caminaba casi agachado, tratando de no hacer ruido, a pesar de que ya no había nadie. Dejé apoyada a Irys en una pared mientras sostenía las bolsas y Galeano ponía en ellas latas de comida; envases con agua, frutas, verduras, luego nos metimos a una tienda a por ropa donde nos llevamos algo de ropaje invernal, además de ropa casual y de verano.
No podía evitar mirar de vez en cuando, a mis espaldas y a mis costados, como esquizofrénico, pensando que había alguien allí, observando. Llegué a pensar incluso que eran las almas de los inocentes que ahora nos atormentaban, nos veían desde un mundo espectral cómo robabamos y tomábamos sus cosas, profanando aún más el reino. Me estaba volviendo paranoico.
Esto nos conviene, me repetía intentando calmarme. Será mejor que tomemos aquello también que nos servirá bastante, decía, intentando disminuir el peso de la culpa.
—¿Dónde iremos? —le pregunté.
Ya casi estábamos saliendo de la ciudad luego de robarnos una buena cantidad de cosas.
—Nuestro siguiente destino —dijo, sacando el mapa de su bolsillo, abriéndolo—... Es aquí, el Blue Dream… el antiguo Marcus. Queremos ir hasta aquí, al Queendom, donde está el enemigo, los que atacaron el reino. Pero no son nuestros enemigos, no te preocupes. Como te decía, debemos ir allí, pero será mejor que no vayamos directo, por el río de los caídos, ya que es donde se suelen dar encuentros en el frente de batalla entre estos dos reinos, y por más que ahora el Kingdom no esté en condiciones de atacar, será mejor rodearlo. Iremos en cambio por este camino, y ya de paso visitaremos el Blue dream… -me explicó, mostrándome el mapa, señalando y recorriendo con su dedo las zonas.
—¿Pasaremos por aquí, Quinto? —le pregunté.
—Quinto… no. Podríamos descansar allí, pero tardaremos varias horas en llegar. Será mejor mantener distancia y no ir allí. Los habitantes estarán exaltados… no se que ocurrirá con el mundo ahora que Kingdom ha caído —repuso Galeano, cerrando el mapa.
Sorteamos varios restos de casas, escombros enormes, rocas, árboles tirados en medio de las calles, suelo destruido y completamente agrietado, hecho polvo. Nos encontrábamos en la gran grieta de las murallas del norte que abrió el enemigo hacía algunas horas.
Salimos a la pradera. El ambiente era escalofriante. La tranquilidad, el sutil ruido de los grillos, la acogedora vista de las estrellas y la soledad en la luz de la luna hacían de este camino uno onírico… como si lo que hubiera pasado fuera un sueño.
Seguimos, al salir de las murallas, una línea recta hasta dar con las montañas del norte. No seguíamos un camino en particular, sino que más bien íbamos recto, como presos que habían salido a la libertad, escapando, como desorientados.
Las montañas aún se encontraban a varios kilómetros en la distancia. Llegamos a un pequeño bosque donde Galeano decidió descargar nuestras cosas y descansar unas horas.
Apoyamos las bolsas y mochilas en el pasto, dejé a Irys recostada en el tronco de un árbol mientras tendiamos las mantas en el suelo. Galeano, en lo que removía las bolsas con sus manos, sacó de una de ellas un puñado de pasto y semillas envuelto en un saco y se lo dio de comer a Bara. Dejamos sobre el pasto tres mantas, además de otras tres para cada una, dobladas, a modo de almohada. Levanté a Irys y la recoste en una de las mantas. Hicimos una fogata. Habían palos y troncos por todo el lugar, eso y junto con el alcohol etílico, no hubo problemas en hacer fuego. Sacamos pues, varias raciones de comida y botellas con agua. Fue entonces cuando Irys despertó.
—¿Qué sucedió… dónde estamos? —la escuchamos decir.
Estaba intentando levantarse de su manta, tenía una mano apoyada en su cabeza.
—¡Que bueno que hayas despertado! nos estamos preparando para comer —dijo Galeano—. Nos encontramos en un bosque… como te darás cuenta. Nos dirigimos hacia nuestro próximo destino, el Blue Dream. ¿Te encuentras bien?
—¿Qué ocurrió? el reino… qué … ¡¿cómo quedó todo?!
Irys estaba preocupada. Su respiración se aceleró y se puso de pie rápidamente e intentó ver a través del bosque.
—Toma asiento por favor, Irys. Debemos comer y descansar, ha sido un día largo y mañana también lo será. No te preocupes por lo ocurrido. Lo importante es que estamos bien, ¿sí?
Irys cerró fuertemente sus ojos e hizo una mueca de dolor, mostrando sus dientes, presionandolos.
—Toma, come algo.
Galeano le tendió pedazos de pan, jamón, tomate y lechuga, además de agua.
Irys pareció tranquilizarse. Asintió y tomó lo que Galeano le ofreció. Se sentó en las mantas y comenzó a comer
—Robaron...
Galeano chasqueó con la lengua y se lamentó.
—Era necesario. Se que estuvo mal, lo sé. Pero no había otra forma de conseguirlo. No nos queda dinero apenas.
Irys no dijo nada. Me miró, y yo agache la mirada. Podía ver en ella una represión en sus sentimientos. Sentí como ocultó lo que iba a decir, y en cambio aceptó calmarse y comer.
Bara había terminado de comer y luego de recorrer y olfatear los alrededores, luego de irse hacia un árbol y hacer sus necesidades, se acostó cerca de Galeano y se durmió.
Yo, por mi parte, estaba exhausto. Apenas terminé de comer, me acosté en mi manta y me dormí plácidamente. Galeano dijo que se quedaría despierto para hacer guardia. En lo que me dormía, los escuché conversar durante un par de minutos pero sin llegar a entender algo de lo que hablaban.
Cerré mis ojos de a poco, pesados ya por los sucesos del día, queriendo ahogar los recuerdos, escapar de ellos, y qué mejor manera que descansando. Cerré mis ojos, cada vez más, escuchando el ruido de los grillos y el suave sonido del viento chocar contra las hojas. Cerré mis ojos lentamente, hipnotizado, mientras veía la última imagen antes de quedarme dormido, por donde los arboles dejaban ver, una pequeña mancha marrón en la luna.
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