Pasos al costado. ¿Qué tienen en común un disco, un libro y una pintura?
May 2, 2026

Parte 5:
Blue Dream.
Capítulo 5.
Desperté y me sentí en el paraíso. El paisaje era verde claro, y el cielo se podía apreciar claramente, lleno de un color dorado invadido por dulces nubes blancas con un borde amarillo. Escuché el viento, y el agua correr no muy lejos. Me sentí aliviado y tranquilo. Estuve acostado un buen rato, hasta que recobre el sentido. Abrí grande mis ojos, me levanté bruscamente y vi a mi lado, sentado, a Galeano.
—¿Qué pasó? —dije.
—Han dormido un largo rato —respondió—, se desmayaron poco antes de salir de la bruma, así que los cargué hasta aquí, cerca de un pequeño río.
Delante nuestro, no muy lejos se hallaba una gran montaña por la cual bajaba una cascada de agua. El paisaje era una inmensa pradera verde llena de flores y casi ningún árbol a la vista. A pocos metros, descansaban Irys y Bara junto con nuestras mochilas. Y a lo lejos, observé las franjas azules, y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
—Ella ya se despertó —me dijo—, estábamos esperando a que despertaras tú.
Irys abrió los ojos y se sentó en el pasto.
—Comeremos algo y seguiremos nuestro camino.
Galeano sacó de una de las mochilas un par de alimentos y lo repartió entre los cuatro.
—¿Cuánta bebida y comida nos queda? —pregunté.
Mientras comíamos, Galeano sacó su mapa de uno de los bolsillos.
—Nos encontramos aquí, un poco por encima y a la derecha del río de los caídos, detrás de estas montañas —dijo, señalando con su dedo en el mapa—, deberíamos llegar al Queendom en tres días… las raciones nos deberían alcanzar. Iré y llenaré un par de cantimploras con agua de aquel río —dijo señalando el agua de la cascada que teníamos cerca—. Deberíamos estar bien para estos próximos días hasta llegar al reino.
—¿Qué pasará allí? —preguntó Irys con temor—. ¿Qué pasará en el Queendom?
—¿A qué te refieres? —respondió Galeano.
—¿Habrá gente mala? ¿Crees que seamos bienvenidos?
—No hay que temer de nada, linda. No nos tienen en la mira. No se preocupen, yo soy viejo amigo del rey del Queendom, no dejaré que nada malo les pase a ustedes.
Irys suspiró con alivio. Incluso yo me había relajado y me sentía un poco más seguro al saber que el nuevo reino al que nos dirigimos, sería uno más normal, sin bruma al menos. Pensar que ya no tendríamos que pasar por esa maldita neblina enfermiza, me ponía felíz. Ahora más que nunca aprecié el lindo paisaje, el aire limpio, sano y fresco. Luego de descansar y haber comido, continuamos el viaje.
Al día siguiente, avistamos a lo lejos aquel gran río, el río de los caídos. Galeano nos advirtió sobre ese lugar, nuestro camino se dobló momentáneamente unos sesenta grados hacia nuestra derecha, es decir, hacia el norte, para bordear y alejarnos lo máximo posible de aquel lugar. Poco después, luego de tomar esa medida de precaución, nos adentramos en una pequeña selva. Allí pasamos el segundo día del viaje.
En la selva encontramos alguna que otra fruta, y un pequeño manantial en el cual llenamos con esa agua cristalina nuestras cantimploras y luego nos dimos un baño rápido y refrescante. La selva era extrañamente poco frondosa, había varios claros, y los árboles y pinos que habían no eran ni grandes ni los habían en grandes grupos. No hubieron criaturas peligrosas, pero lo que nos asustaba era escuchar un crujir cercano, y voltear rápido sólo para ver la sombra de algún mono o pájaro irse rápidamente al vernos. Nos mantuvimos alerta, pasamos la noche allí en la selva, y a pesar de que Galeano hizo guardia, no pude pegar el ojo por temor.
Luego, al siguiente día, los pies nos empezaron a pesar demasiado, fue entonces cuando, luego de salir de la selva y retomar la pradera, descansamos varias horas mientras conversábamos sentados en el suave pasto. A lo lejos se apreciaba ya la silueta de una eminente ciudad. Me quedé viendo la silueta, parecía tener varias torres puntiagudas, y emergía o parecía estar ubicada cerca de una montaña.
Las raciones empezaban a escasear. En mi mochila sólo quedaba un poco de miel y una lata de comida, además de media cantimplora con agua. Las mochilas que contenían principalmente comida y bebida eran las de Irys y Galeano, ya que la mía estaba ocupada con los discos. En las de ellos había comida y agua para al menos dos días más, es decir, no debíamos tener problemas.
—¿Tenemos dinero… no es así? —pregunté, esperando no perder la esperanza con la respuesta.
—Bastante poco... Pero tenemos suficiente para lo que necesitamos comprar —respondió Galeano.
—Yo no tengo nada… estoy pobre… —dijo Irys, poniendo una cara de tristeza exagerada, y luego sonriendo.
—No te preocupes por el dinero, Jim —dijo Galeano—. Está todo bajo control.
—Eso espero. No quiero que la ciudad a la que vamos acabe como… la anterior… mejor dicho, las dos anteriores —dije a modo de broma, y me reí ligeramente, pero en cambio ellos mantuvieron una expresión seria; Galeano captó el tono irónico luego de unos segundos y esbozó una sonrisa, Irys, en cambio, parecía enojada, seguramente entendió la broma, pero sin duda todo el asunto aún le afectaba.
—¿Hay algo que debamos saber de aquella ciudad? —dije, cambiando de tema.
—¿Saber? Hmm… pues, que es la segunda ciudad más grande de todas… y que es la que más… la que tiene más libertad, digámoslo así.
—¿Libertad?
—Pues… verán, es por eso que el Queendom ha estado en guerra con el Kingdom… porque este último mantenía a raya a aquellos que poseían habilidades. ¿Me entienden?
—Supongo… —respondimos Irys y yo.
—Mickael era un tirano, que no dejaba que nadie más que él y las personas que él elija usaran poderes. Es por eso que hace unos días ocurrió la guerra… Fredericka, el rey del Queendom, ganó, y liberó a los prisioneros del Kingdom. Varios de esos prisioneros eran los propios hijos de Mickael, quien los sometió al calabozo.
—Entonces… ¿Los buenos son los de allí? ¿Los del Queendom? —preguntó Irys, y me sentía igual de confundido que ella.
—No hay buenos o malos… —respondió Galeano—. Verán, casi todo el resto del mundo odia al Queendom y su gente. Esto debido a que promueven y financian un experimento que se ha hecho popular en el último siglo. Pero este experimento no se lleva a cabo en su reino, sino que es en las tierras gélidas, en la "Ciudadela salvaje". Es una decisión que han tomado ellos… que al resto del mundo no le gustó para nada.
—¿Y de qué trata ese experimento?
—Según entiendo, modifican el ADN de las criaturas para que desarrollen grandes poderes, y sin ningún efecto negativo… y por si fuera poco, en los últimos años han hecho un avance tal, que afirman haber evolucionado su experimento para que los seres modificados puedan tener múltiples habilidades sin ninguna contra.
—Increíble… —dijo Irys.
—Además, también experimentan con plantas… les dan la capacidad de ser conscientes… de tener múltiples sentidos… siento que todo eso va a acabar saliéndose de las manos.
Y estaba de acuerdo con Galeano, según lo que explicó, ese experimento parecía ser una bomba de tiempo hasta que creen al ser o los seres perfectos.
—Así es el Queendom, un lugar de ensueño, digamos. Donde reina la buena vida, y esto con tal de mantener contentos a su gente, para que no se revelen en contra del rey.
—¿Y qué hay o quienes están en esa ciudadela?
—No lo sé… nunca he estado allí —repuso Galeano.
Y nos quedamos un rato más, sentados, contemplando en la lejanía aquella silueta eminente.
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