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Pasos al costado. ¿Qué tienen en común un disco, un libro y una pintura?

Aug 4, 2025

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Pasos al costado. ¿Qué tienen en común un disco, un libro y una pintura?
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Parte 4:

Kingdom.

Capítulo 1.

Nos habíamos tomado toda el agua que llevábamos en nuestras botellas. Sólo quedaba medio litro en la mochila de Irys. Aún teníamos algo de comida, pero hacía días que veníamos comiendo pan con moho, tomates un poco podridos, y lechugas pasadas para no desperdiciar. Lo único medianamente bueno que nos quedaba, era la miel y el queso. Y aunque todo esto no era un problema ya que teníamos la ciudad en frente nuestro, no poseíamos mucho dinero. Galeano me había dicho que nos estábamos quedando sin dinero.

A medida que avanzábamos hacia la ciudad podía ver más claramente su estructuración y detalles; fuera de esta se encontraban los campos de cultivos con sus molinos, corrales de animales, graneros y chozas hechas de piedra y paja. La sustancia azul seguía invadiendo las tierras, impregnando de ese enfermizo color las chozas de los granjeros que ahora, por motivos obvios, se encontraban en ruinas y desalojadas. La bruma destruía los campos de cultivos, como si fuera una plaga, y los campos quedaban inservibles.

La ciudad estaba rodeada por murallas plateadas de varios metros de altura, parecían tener detalles y decoraciones como si fueran murales antiguos. Partes de las murallas también estaban teñidas por azul. Cada tanto había grandes puertas de madera en las murallas, protegidas por guardias totalmente inmóviles y con armadura pesada. Había bastante movimiento, una vez ya a menos de cien metros de la ciudad se empezó a escuchar el ruido de diferentes animales, al igual que veíamos varias carretillas de carga y unos cuantos grupos de personas yendo y viniendo, entrando y saliendo del reino.

Nos dirigimos directamente a una de las puertas y entramos sin problemas, la entrada fue gratis, y no nos inspeccionaron, estaba sorprendido y nervioso, pensé por un instante que nos detendrían.

Aquellas entradas estaban bien protegidas, arriba de las murallas había un pelotón de mosqueteros y debajo protegiendo las puertas ocho guardias con armadura plateada con retoques dorados armados con lo que parecían fusiles y espadas envainadas amarradas a sus cinturones. La vista era muy bella y totalmente diferente a Servidumbre y el reino escarabajo.

Las casas y las calles eran de adoquín bien cuidado. Farolas, bancas, diferentes locales, la estructura era bella, las casas tenían diferentes decorados en sus paredes y cada pocos metros por la vereda, habían árboles y arbustos de un verde muy vivo. No paraba de mirar hacia todas partes, me parecía un reino increíble y próspero. Diferentes personas, hombres, mujeres, niños y ancianos paseaban y compraban, iban en carretillas, leían el periodico, almorzaban y tomaban café en los restaurantes. Debíamos de detener nuestro paso cada pocos minutos, ya que Bara se encontraba curiosa, y no paraba de alejarse de nosotros para olfatear algo que le había llamado la atención.

Habiendo caminado ya un par de cuadras dentro del reino, Galeano se volteó hacia mí.

—¿Crees que puedas cargarla un rato? Serán sólo diez minutos —dijo, refiriéndose a Irys.

—Claro, no hay problema —dije, y la tomé en brazos.

Entonces, Galeano se dirigió hacia un chico que vendía periódicos. Alzaba su voz vendiendo su mercancía, parecía que le había ido bien, ya que sólo le quedaban tres copias en su pequeña carretilla. Galeano sacó unas monedas de uno de los bolsillos de su mochila y le compró un periódico.

—Hay que estar informados, al menos sobre la guerra. Hay varios exploradores que divisan cualquier movimiento enemigo y lo informan.

Galeano leía las noticias mientras caminaba, pero a los pocos minutos, redujo su paso ante una noticia que le había llamado la atención, hasta que se detuvo completamente para leerla bien.

—Mira… Aquí hay algo interesante.

Me señaló en una parte del periodico, que al leerlo, se me heló la sangre:

—"El ejército de ocho navíos misteriosos mencionados en el artículo de ayer han desembarcado en las costas de la Corte Carmesí y de ellos han salido un ejército de miles de soldados en dirección hacia los reyes de la zona".

No podía creer lo que estaba leyendo, habían relatado toda la pelea con precisión. Se mencionaba al ejército enfrentarse con la Corte que había despertado mientras el redactor se preguntaba qué significaba todo esto. Se menciona además un grupo involucrado de tres personas, dos hombres y una chica, además de un animal. Los detalles no faltaban.

—"Es algo de no creer. Gritos y sangre inundaron el escenario. Es una barbarie como nunca antes hemos visto. Una vez se disipó todo el polvo, no quedaron más que cadáveres y espadas clavadas a modo de tumbas, decoradas por sangre y vísceras".

Nos habíamos detenido con Galeano mientras leíamos. Su expresión al igual que la mía demostraba disgusto.

La noticia también relataba cómo varios de los colosos habían sido derribados como sólo dos de los cuatro gigantes, además de aquel otro grupo de personas, es decir, nosotros, habían logrado escapar. Galeano retomó el camino, yo estaba paralizado y totalmente concentrado leyendo.

—¿No pasará nada… no? ¿No tendremos problemas? —le pregunté, mientras él caminaba y miraba hacia adelante, sin expresión.

—Esperemos que no… habrá que estar atentos e ir con el perfil bajo… pero… si no han dado una orden de busca, si no hay carteles pegados en los postes, deberíamos de estar bien.

Dio vueltas varias páginas del periódico hasta que se detuvo en una, la leyó durante un momento, y luego cerró y dobló el periódico.

—No hay movimiento del enemigo —dijo mientras guardaba el periódico en su mochila—. Ya puedes dármela si quieres, veo que te está pesando.

—Puedo un rato más —dije—. La puedo cargar hasta que lleguemos al hotel.

—Damela, sé que te está costando. Aún faltan varias cuadras hasta que lleguemos al hotel.

Le devolví a Irys, y mis brazos quedaron doliendome.

—¿Conoces los lugares de esta ciudad? ¿Has vivido aquí? —le pregunté, expectante.

—Si… he vivido un par de años aquí. Tengo una propiedad en este reino, una pequeña casa.

—Entonces, tienes una casa aquí... ¿Pero nos iremos a un hotel?

—No he vuelto a aquella casa desde hace más de una década —repuso—. Debe estar completamente abandonada y sucia. No importa, pagaremos un par de noches en un hotel, no te preocupes.

Habíamos doblado un par de cuadras. Parecía que habíamos llegado a otro distrito, de clase media-alta. Casi todas las casas tenían un primer o segundo piso y había otras más lujosas de al menos cinco plantas. Comenzaban a aparecer muchos locales y de tanto en tanto varios perros callejeros y sin raza empezaban a seguirnos. Se dirigían directamente a Galeano mientras agitaban sus colas y agachaban sus cabezas. Sin darnos cuenta teníamos ya a varios perros siguiendonos. Galeano los acariciaba y los saludaba.

—¿Son tuyos? Parece que te reconocieron —dije.

—Soy amigo de todos los perros callejeros. Mis pequeños —dijo, acariciándolos—. Hacía mucho tiempo que no los veía, me sorprende, de hecho, que sigan vivos.

—¿Qué sucedía con aquellos colosos, las estatuas de la Corte Carmesí? —dije cambiando de tema—. Parecían tener vida… una vez las derribamos... ¿quedaron muertos para siempre? Aunque ahora que recuerdo, al derribarlos, los restos de roca desprendidos de sus cuerpos se seguían moviendo...

—¿Aquellas estatuas? Son obra de Greg. Su habilidad es manipular la tierra y la roca… Él movía las estatuas y seguramente habrá vuelto a reconstruir las que cayeron en batalla.

—Ah... ahora entiendo —dije sorprendido—. ¿Y quién es Greg, es la estatua más grande?

—Algo así. Está dentro de la estatua más grande, de ahí dentro las controla. Por suerte aquella batalla terminó "bien" dentro de todo. No hubieras querido ver todo su poder en acción.

—¿Y qué hacía allí? ¿Está sólo?

—¿Greg? Nadie lo sabe. Yo supongo que espera su muerte. Luego de que cayera su imperio, se quedó en aquellas ruinas y entró en ese estado de "letargo" extraño, parece que siente la llegada de la batalla y despierta para defender lo que es suyo, o lo que una vez fue.

Mientras hablábamos de todo esto habíamos llegado al hotel. "Soriana" era el nombre del lugar, estaba escrito con pintura y en letras grandes frente a la entrada.

Antes de entrar, Galeano me pidió tomar a Bara en mis brazos, y entonces me agaché y tomé a la pequeña. Era la primera vez que la tenía en mis brazos, y era bastante pesada, pero se dejó alzar sin problemas. Galeano se detuvo un momento antes de entrar, y les gritó a sus perros para que se quedasen afuera, pues ellos intentaban entrar con nosotros. Al entrar, nos atendió una señora de cabello castaño, ojos claros, robusta, que se encontraba detrás de una barra.

—¡Buenas tardes, bienvenidos a Soriana! ¿Buscan estancia…? Lo siento pero los animales no están… ¡Oh Galeano, cómo has estado! —dijo la señora que nos atendió, que por un momento se había molestado por Bara, pero que rápidamente cambió su expresión al ver Galeano.

—Buenas tardes Holga, un gusto verte de nuevo —dijo Galeano.

—¿Qué ha pasado? La joven... ¿Se encuentra bien? —dijo la señora, refiriéndose a Irys.

—Tranquila, está bien. Sólo necesitamos un lugar donde la chica pueda descansar.

No pude evitar observar mi alrededor, pues la planta baja era amplia, limpia y bella; el suelo era de madera oscura al igual que el techo, las paredes eran de piedra lisa iluminadas por luz tenue color naranja, varias mesas cubiertas con un mantel color crema, sillas y taburetes muy bien cuidados y a nuestra derecha había unas escaleras y un ascensor. Había dos grupos de personas sentadas, desayunando en la mesas, conversando y riendo.

Subimos por las escaleras luego de que Galeano reservara una habitación. Nos había dejado entrar con Bara luego de que él "persuadiera" a la recepcionista diciéndole cumplidos. Subimos por el ascensor y nos detuvimos en la cuarta puerta, Galeano sacó las llaves y abrió la puerta. Sin duda no escatimaban en decoración; la habitación tenía dos camas de madera con unas sábanas rojas que parecían un sueño. Una alfombra marrón cubría gran parte del suelo, había un mueble de ropa, dos mesitas de luz, una mesa con dos sillas, un estante con libros y periódicos, una ventana con una hermosa vista a la ciudad y un baño. Al entrar, los dos nos dirigimos a las camas, Galeano apoyó a Irys en una de ellas y la cubrió en las sábanas. Eran increíblemente cómodas, me atacó un sueño de repente y me quedé tendido allí por un largo rato.

—¿Sólo dos camas? —le pregunté.

—Descansa —me dijo, y no apartó la vista de Irys—. Yo iré a hacer algunas compras, y luego iré a mi casa, a ver cómo está todo. Pasaré la noche allí.

Galeano se despidió, y salió de la habitación. Me encontraba demasiado cansado y somnoliento, que no me dio tiempo suficiente a hablar con él. Descansé en la cama todo lo que pude. Abracé la almohada y me dormí.

Agustín D.

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