Pasando la frontera y más profundo
Introducción
Los norteamericanos, según lo dicho por Ursula K. Le Guin, “have looked at their future as they looked at their Western lands: as an empty place (animals, Indians, aliens don’t count) to be ‘conquered’, ‘tamed’, filled up with themselves and their doings: a meaningless blank on which to write their names” (Le Guin, Ursula K., 2012, p. 2); los relatos de ciencia ficción –especialmente aquellos que retratan el futuro− representan con precisión la convicción estadounidense basada en dominar lo desconocido: aquella denominada imperialismo. La tecnología, entonces, aparece como un arma de dominación, empleada en función de la apropiación de la tierra del otro lado de la frontera: el lado B, o “the yang side” para Le Guin. Empero, si existe un lado B, un yang, es porque en definitiva existe un yin, que completa el todo; el lado que efectivamente existe, hogar de quien cruza la frontera en búsqueda de nuevos horizontes: “It’s the real world, the true and certain world, full of reality” (2012, p.2).
El todo siempre existió en su conjunto. Fue la civilización humana la que lo ha transformado en un mosaico, cuyas piezas, aisladas, carecen de comunicación entre sí y alejan al hombre del verdadero propósito: la unión con el Camino (Tao), y la aceptación del flujo constante, cíclico, de la naturaleza. Ursula K. Le Guin dedicó décadas al estudio de la filosofía taoísta −publicó incluso su propia versión del Tao Te Ching en 1997− , y gran parte de su obra poética refleja fuertemente los principios de dualidad y quietud del taoísmo. En “Más vasto que los imperios y más lento”, Le Guin explora la conexión con la naturaleza y busca el significado de la vida a través de Osden, el personaje principal, que no solo representa el conflicto entre la humanidad y el universo, la conocido y lo ajeno, la civilización y la naturaleza, sino también la complejidad de la condición humana en sí misma. En este trabajo intentaré demostrar que en “Más vasto que los imperios y más lento”, las fronteras imperialistas entre la civilización y la naturaleza son debilitadas por el uso del lenguaje para que el hombre llegue a un estado de conciencia superior, que posibilite la unión entre el yin –la humanidad− y el yang –la naturaleza−. Esta hipótesis podrá sostenerse teniendo encuenta dos supuestos; −primero− el principal objetivo de la filosofía taoísta: la conexión armónica entre el mundo humano y el natural; y −segundo− que el lenguaje funciona en el cuento como un puente sobre la frontera que divide ambos mundos, un puente entre las palabras y las cosas.
Una utopía de dominación
Una manera de describir a la ciencia ficción es afirmando que es un género positivista. Influenciados por la corriente filosófica de Auguste Comte, escritores como Julio Verne y H. G Wells se encargaron de representar la fe en el progreso científico a través de adelantos tecnológicos que mejorarían la calidad de vida de la población. Entre estos avances, se encuentran las naves espaciales: vehículos que permiten la expansión de la civilización, trasladando la raza humana a tierras desconocidas; una nueva forma de colonización.
Se trata de, en palabras de Le Guin, “una gesta heroica, hercúlea, prometeica, concebida como triunfo, y, por tanto, finalmente una tragedia. La ficción que da cuerpo a este mito será, y ha sido, triunfadora” (Le Guin, Úrsula K., 1986, p.6). Pues el descubrimiento de lo Otro y el acercamiento a lo ajeno, para talar sus árboles y plantar nuevas semillas, o bien la flecha- que-mata-el-Tiempo −atraviesa la frontera− y determina el curso de la tecnología, siempre serán fenómenos violentos, que si bien amplían horizontes, también los invaden. Se transgrede la frontera entre el mundo humano y el extraterrestre, con el objetivo de fertilizar el universo.
En “Más vasto que los imperios y más lento”, la Tierra envía una nave más allá de los límites del espacio alcanzados por la ciencia. Gum aterriza en un planeta verdoso, denominado por los viajeros como el Mundo 4470. Si bien podríamos afirmar que la frontera entre lo humano y lo extraterrestre es debilitada en ese mismo instante −en el que la civilización llega al wilderness, lo salvaje y desconocido−, argumentamos que se trata más bien de una profundización de la frontera: a partir de este momento somos testigos de una clara dicotomía entre la tecnología humana y la desolación de la tierra ajena, donde había vida, pero no vida humana.
No era seguro que el Mundo 4470 existía, hasta que la tripulación llegó allí; el lado detrás de la frontera, como lo describe Ursula K. Le Guin en su ensayo “On the Frontier”: “It does not exist, it is empty, and therefore full of dream and promise” (Le Guin, Ursula K., 2012, p.1), y en el cuento, “Sabían que sus voces rompían un silencio de mil millones de años, el silencio del viento y de las hojas, de las hojas y el viento, que soplaba, cesaba y volvía a soplar. Hablaban en voz baja, pero, siendo humanos, hablaban.” (Le Guin, Ursula K., 1975, p. 45). Existe un gran distanciamiento entre el grupo humano y esta gran masa verde, desconocida, imponente, y en el mismo grado embelesante; es una separación que indica que ciertos individuos están ocupando un espacio lleno de vida, no siendo parte de él. Esta disociación humano/naturaleza, es la primera falta que cometen los extranjeros. ¿Cómo alcanzar el Tao, si no hay una identificación armónica entre la tierra y el hombre?
El camino
El taoísmo filosófico es la Escuela del Camino (dao). El dao es una especie de vacío, un nombre otorgado a una dimensión innombrable, fuente de todo. Se trata de una ley inmutable, externa a todas las cosas, pero a la vez presente en todas ellas sin excepción. Como explica Doménech del Río en su capítulo sobre el taoísmo:
[…] Mientras que las otras cosas se mueven espontáneamente por los caminos que les son propios, el hombre se ha separado del dao, el Camino, a causa de la reflexión, al plantear alternativas y formular principios de acción. Es posible, pues, reducir a dos palabras la propuesta nuclear de todo el pensamiento taoísta: volver al Camino. (Doménech del Río, Antonio José, p. 126)
La vuelta al Camino consiste en un peregrinaje de desapego progresivo de las posesiones materiales y sentires mundanos, cuyo destino final es la armonía con el universo, pero, principalmente, con la naturaleza. El hombre no puede alcanzar un estado de equilibrio puro con el flujo cíclico del mundo natural si lo disocia de su experiencia en la Tierra; la separación de la civilización y la naturaleza, para convertirla en uno de los trofeos adquiridos por la razón humana, es el error para aquel que se adentre en la filosofía del todo.
Como señala Martín Gregorio Pérez en The Way of a Writer: Taoism in Ursula K. Le Guin’s The Left Hand of Darkness, el concepto de dualismo, central en la filosofía taoísta, determina, condiciona y moldea el mundo ficcional de Le Guin. De esta manera se expresa en el Tao Te Ching la dualidad de las cosas:
The whole world recognizes the beautiful as the beautiful,
yet this is only the ugly;
the whole world recognizes the good as the good,
yet this is only the bad.
(Tao Te Ching. Chapter 2.)
En “Más vasto que los imperios y más lento”, el dualismo está presente de manera inmanente en las acciones y sentimientos de los actores hacia Osden; experimentan un mismo sentir, pero de dos maneras distintas: como una moneda de dos caras, una representando al amor, y otra al odio: “Tomiko sabía lo que ella sentía, y, por lo tanto, lo que debía sentir él. Sabía que existe solo una emoción, o estado de ánimo, que puede así invertirse completamente, polarizarse, en un momento. En alto hainita existe una palabra, ontá, por amor y por odio.” (Le Guin, Ursula K., 1975, p.58)
El lenguaje y el mundo
“Which of us can claim to be real? After all, fiction writers make a reality of words.”(Le Guin, Ursula K., 2012, p. 2)
En “Más vasto que los imperios y más lento” encontramos una frontera central: la frontera entre la civilización y la naturaleza. Sin embargo, esta frontera se ve debilitada gracias al uso del lenguaje; en las ficciones de Ursula K. Le Guin, las palabras pueden modificar la realidad. Y en el mundo real también. Le Guin afirmaba: “My fantasies explore the use of power as art and its misuses domination; they play black and forth along the mysterious frontier between what we think is real and what we think is imaginary, exploring the borderlands.” (Le Guin, Ursula K., 2012, p. 2). La ciencia ficción es un género de exploración: nos permite incursionar en debates filosóficos sobre la existencia, lo real y lo posible. Pero también es un género de dominación: explorar y colonizar son actos de imperialismo. La frontera se fortalece en tanto la tripulación de “Más vasto que los imperios y más lento” impone el lenguaje de la ciencia, el lenguaje de la conquista −el lenguaje paterno−, en el Mundo 4470.
En nuestro mundo bipolar, lleno de dualismos, existe también una frontera que divide al lenguaje en dos: aquella que separa al lenguaje paterno del lenguaje materno. Si nos apoyamos en la lógica patriarcal que impera sobre la sociedad, podemos dar cuenta de la naturaleza de ambos tipos de lenguaje. Daniel Newell, haciendo referencia a Ursula K. Le Guin, comenta que:
Ella define la lengua paterna en términos de binarios: “El hombre blanco habla con lengua bífida; el hombre blanco habla con dicotomías. Su lenguaje expresa los valores del mundo dividido, valorando lo positivo y devaluando lo negativo en cada nueva división: sujeto/objeto, yo/otro, mente/cuerpo, dominante/sumiso, activo/pasivo, Hombre/Naturaleza, hombre/mujer, y así sucesivamente. La lengua paterna se habla desde la superioridad. Va en una sola dirección. No espera ni escucha respuestas.” (Newell, Daniel, 2010, p.2)
El segundo en cambio, es aquel que permite un intercambio con el Otro: la lengua materna la puede utilizar cualquiera que desee hablar con otra persona en lugar de a ella.
Sin embargo, este binarismo, como ya hemos observado, es central en el pensamiento taoísta: “Thus Something and Nothing produce each other;/ The difficult and easy complement each other;/ The long and the short off-set each other.” (Tao Te Ching. Chapter 2). La dualidad no sólo quiere decir que los objetos son iguales, sino que además se complementan y mantienen una armonía imperturbable, delicada. Afirma Newell: “Los binarios masculino y femenino no son vistos en una jerarquía por el pensamiento taoísta, sino más bien como piezas iguales en armonía mutua” (2010, p.2).
Osden, débil en su condición de émpata, es atravesado por las dualidades constantemente. Él mismo, por ser diferente, podría conformar un lado de otra dualidad: ante la otredad, ante lo desconocido, aparece el miedo; la tripulación siente asco ante una criatura tan repugnante, capaz de percibir lo sucio que tanto se esfuerzan por ocultar. El protagonista, entonces, experimenta la dualidad amor/odio en primera persona: somos testigos de cómo el uso del lenguaje redirecciona el curso de la historia, de manera que, cuando el grupo siente recelo hacia Osden, sus reacciones se agravan y el entorno natural siente temor; en cambio, cuando el grupo siente compasión por él, suaviza su comportamiento y siente predisposición a garantizar la seguridad de la comunidad:
Por un momento, se había sentido apoyado por el hecho de que ellos le escuchasen: ellos le oían, y por eso él hablaba. Estaba totalmente a su merced. Si ellos le rechazaban, él tenía que sentir odio; si ellos se burlaban de él, él se volvía grotesco; si ellos le escuchaban, él era el narrador. Estaba indefenso, obediente a las exigencias de sus emociones, reacciones, estados de ánimo. Y ellos eran siete, demasiados, de modo que él era constantemente zarandeado del capricho de uno al capricho de otro. No podia encontrar coherencia. (Le Guin, Ursula K., 1975, p.64)
Si bien son partes distintas, Osden y la tripulación, el amor y el odio, pertenecen a un mismo conjunto. Partes inseparables y recíprocamente dependientes de la otra. Osden se muestra hostil, duro y grosero con sus compañeros de exploración porque su “cura” está basada en la reinserción a una sociedad que utiliza una lengua que no cubre sus necesidades: la lengua paterna. Esta lengua, asertiva, dominante, violenta, no es compatible con el síndrome de Render, que conforma una otredad susceptible de ser dominada. Sólo puede reinsertarse a la comunidad cuando Tomiko se acerca a él a través de la lengua materna, el lenguaje del amor, la compasión y la humildad; a su vez, pilares del taoísmo. De la misma manera que Daniel Newell afirma en su tesis:
Con una sola palabra, Algarrobo renueva la perdida fe en sí mismo de Ged al mismo tiempo que fortalece el vínculo de su amistad. El efecto ostensible que tienen las palabras sobre la realidad física en el ciclo de Terramar revela la creencia de Le Guin de que el lenguaje y el mundo físico están íntimamente conectados. Esta conexión que lleva a que las palabras cambien la realidad física es un retorno directo a la teoría de la lengua materna de Le Guin. (Newell, Daniel, 2010, p. 5)
En “Más vasto que los imperios y más lento” se representa el trayecto personal de Osden desde la lengua paterna a la lengua materna.
Pasando la frontera y más profundo
Aún con la empatía verbal de Tomiko, Osden no se siente tranquilo: el bosque aún siente miedo, y la tripulación también. El cuento termina con la resignación de Osden ante la única opción lógica y plausible para restablecer el equilibrio: la vuelta al todo. El regreso al único lugar apropiado para una otredad, otro sistema ajeno, cuyalengua sea otra, la lengua materna:
Porque era racional, porque valoraba la razón aún más después de aquellaintolerable experiencia de la no-mente inmortal, Tomiko intentó comprender de manera racional lo que había hecho Osden. Pero las palabras escapaban a su control. Osden había tomado el miedo en sí, y, al aceptarlo, lo había trascendido. Había cedido su yo al otro, en una rendición sin condiciones, que no dejaba lugar para el mal. Había el amor del Otro, y merced a esto se le había dado su yo íntegro. Pero éste no es el vocabulario de la razón. (Le Guin, Ursula K., 1975, p. 77)
Los personajes de Ursula K. Le Guin, Tomiko y Osden, son, inevitablemente, uno. El yin, Tomiko, el lado conocido de la frontera, domina −y es dominado por− la lengua paterna; El yang, Osden, el lado más allá, pasando la frontera y más profundo, tiene el conocimiento de la lengua materna y necesita liberarse de la paterna para alcanzar el dao.
Tomiko, aunque mujer, no logra desaprenderse de la lengua paterna, tan arraigada al esquema científico sobre el cual se basa su formación profesional; por más que intente comprender el funcionamiento de la lengua materna, la lógica tras la rendición, la lengua paterna no interpreta palabras de compasión, y mucho menos de amor. Y el todo no puede ser comprendido ni analizado. El lenguaje es el puente entre el yin y el yang, y la aceptación es el sendero que guía a Osden a una trascendencia armónica: una rendición en la cual el todo es más importante que las partes.
Ambos, juntos, demuestran que para completar el camino de la filosofía taoísta, la unidad en la dualidad es lo más importante. Pero, por sobre todo, una profunda fe, renuncia y entrega hacia la quietud:
“Conocer toda la luz del día y toda la noche… Todos los vientos y todos los silencios juntos… Las estrellas del invierno y las estrellas del verano al mismo tiempo… Tener raíces, no tener enemigos. Estar íntegro, indemne. ¿Os dais cuenta? No tener a otros, no sufrir ninguna invasión” (Le Guin, Ursula K.,1975, p. 72).
Bibliografía
Ap. de Cátedra Introducción a la ciencia ficción.
Doménech del Río, Antonio José. Taoísmo. Filosofía y religión del dao. En Pensamiento y religión en Asia oriental (pp. 125-172). Editorial UOC. 4 https://pueaa.unam.mx/uploads/materials/Daoismo.pdf?v=1734410050
Le Guin, Úrsula K. (1975). “Más vasto que los imperios y más lento.”
Le Guin, Úrsula K. (1986). La teoría de la bolsa de transporte de la ficción.
Le Guin, Úrsula K. (2012). “On the Frontier”. En The Wave in the Mind. Talks and Essays on the Writer, the Reader and the Imagination.
Le Guin, Úrsula K. (2012). “Thinking About Cordwainer Smith”. En The Wave in the Mind. Talks and Essays on the Writer, the Reader and the Imagination.
Newell, Daniel. (2010). Labios elocuentes, oídos atentos: La “lengua materna” de Le Guin en las tres primeras novelas de Terramar. En The “Mother Tongue” in a World of Sons Language and Power in The Earthsea Cycle.
Pérez, Martín Gregorio. (2003). The Way of a writer: Taoism in Ursula K. Le Guin’s the left hand of darkness. Cuadernos de Lenguas Modernas 4(4), 2144. https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.140/pr.140.pdf
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