hay una calle de mi barrio que aún hoy lleva tu nombre,
una canción que no pude volver a oír,
un libro que quedó a la mitad
y una lágrima que se congeló
las flores que me regalaste siguen secándose dentro del libro donde las guardé,
las cartas de puño y letra perdidas en el fondo de un cajón que me negué volver a abrir,
mi amor abandonado en la esquina superior izquierda de mi corazón
hay un eco que a veces retumba en mi cabeza
como el sonido de una guitarra desafinada
que perdió alguna que otra cuerda a lo largo de los años
contengo el atisbo de un sentimiento que ya no sé nombrar
aferrado en los laterales de mi memoria
intentando esconderse del olvido.
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