Esta foto es de alguna tarde caminando por el barrio de mi abuela. El mismo barrio donde crecieron mi mamá y mis tíxs, donde jugábamos con mi hermano y mis primxs. El del almacén, los mandados y las golosinas.
Las callecitas que tantas veces recorrí, en auto con mi abuelo y de la mano con mi abuela, entre la escuela y el almuerzo, el almuerzo y la escuela.
La casa de los asados de domingo, los cumpleaños y los Días de. La de las mesas larfas donde se cuentan las buenas y malas noticias. Donde siempre se escuchan interminables charlas de política y quejas porque siempre se escuchan interminables charlas de política.
El recuerdo de correr a abrazar a mi abuelo, que mi abuela acompañe las comidas con pan francés, darle números para la Quiniela, salir al jardín a juntar nísperos, el helado de Saverio y una emoción exagerada por el hielo seco. Las siestas, la tele de fondo y las bolsitas de agua caliente.
Ahí, en Parque Patricios, es donde todavía lo pienso a mi abuelo, leyendo el diario y tomando mate. Ahí es donde hoy vive mi abuela y estoy segura también, la infancia.
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