Las dicotomías son, por definición, una comparación. El desdoblamiento de dos fuerzas conceptuales capaces de anularse, excluirse u oponerse a partir de su naturaleza original, con el potencial de definirse entre sí por antinomia o complementarse a partir de una dependencia mutua que les permita alcanzar un estado superador. Lo interesante se produce cuando esa complementariedad se manifiesta de manera poética, a la vista de todos y sin que nadie se dé cuenta.
Cuando el espacio nos permite observar sobre la línea de frontera sin definirnos ni juzgar a los extremos se nos regala un momento similar a un Aleph. Un punto en el universo capaz de mostrarnos todos los demás puntos para que saquemos las conclusiones pertinentes. Dos maneras de enfrentarse al mundo de formas tan diferentes que tal vez tengan un punto común en la urgencia de la manifestación artística. Una cualidad equitativa en las intenciones finales de la obra que se concilia en el objetivo de contar algo y ser escuchados.
Charly dijo que las líneas paralelas, en algún punto, se tocan y esa observación analítica de los contextos es una herramienta fundamental para la concepción de la obra artística. Aprender a leer los márgenes que nos rodean y rescatar el clima poético de los entornos que intentamos retratar sin perder la agudeza del detalle ni la consistencia de la verosimilitud narrativa son el principio fundamental de la construcción artística y nos expone a profundizar sin miramientos entre las grietas, pasiones, fundamentos, personajes y reacciones de un segmento para dedicarnos a encontrar una frecuencia común que nos englobe junto a ellos para comprenderlos y crearles una representación honesta en sus igualdades y diferencias. Achicar los espacios entre la línea de puntos.
Las dicotomías, pensadas desde los grandes temas de la humanidad, esconden una profunda relación semántica que condiciona su existencia y las obliga a contenerse mutuamente. Tal vez, llevar esta reflexión al punto más superficial implica eliminar las valoraciones personales y semióticas. Pensar al odio como elemento fundamental de la existencia del amor, a la libertad como un estado dependiente de no ser subordinado por opresión o a la muerte como resultado de haber vivido.
Convivimos con la dicotomía. Sostenemos estructuras complejas establecidas desde la dualidad para ocultar el miedo a los espacios grises. Evitamos adentrarnos en el pantano de la incertidumbre que aparece cuando los blancos y los negros se mezclan, pero buscamos, inocentemente, responder preguntas existenciales con absolutismos intransigentes sin darnos la oportunidad de profundizar en los placeres de la duda y necesitamos establecer una postura definida sobre todo para sentirnos parte de un movimiento aunque, quizás, las dinámicas del pensamiento predisponga a la expansión y esta expansión se traduzca en el contacto cercano con otros círculos filosóficos, estéticos e intelectuales que nos influencien en la acción y, si tenemos suerte, en el ensanchamiento del pensamiento creativo.
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