Es la sensación de que estoy siempre a punto de recibirte,
de que tengo que ir a buscarte porque el correo ya me avisó que estabas llegando,
y a la vez de saber que no tengo que ir.
Que tengo que perderme por Victoria o llegar tarde,
incluso sabiendo el horario de cierre.
Es la necesidad de no consumirte y tenerte siempre al borde de la entrega,
el placer irretratable de saber que sos totalmente mía,
sin siquiera tenerte en mis manos,
de saber que nadie más que yo puede buscarte,
de saber que ya llegaste y no te podés perder.
Y que sólo puede pasar que no vaya a buscarte, o que se me acabe el tiempo mientras me vas volviendo loco.
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