El tiempo pasa rotundo e inminente
mientras en una luz vacía aguardo
y el sonido del reloj atordece al silencio.
Espero y espero, alguien sabra porque.
Mi auspicio se derrumbo y ahora es una sala de espera,
a la lluvia no le importa porque cae
y a la flor que imploraba inmortalidad
de tanta espera
le crujieron ásperos los huesos.
Pero yo aguardo, espero, imploro
me escondo en la sombra de un ser que creo ajeno
cometo todas las atrocidades
y el reloj aun marca cero.
Entonces, dejo que el tiempo me lleve como dos olas tempestuosas
que me haga subir y bajar
ahogarme
hacerme conocer el fulgor de una bocanada,
para que no espere.
Para que no espere solitaria
para que no espere en vano y derrotada
para que escriba y para que ame
para que cuente cuántas veces he amado.
Y para que sepa por qué espero.
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