¿Cuánto porcentaje
de este pensamiento es mío?
¿Cuánto me rehúso a fertilizarlo
en otro campo que condense una mente?
La suya.
Porque siempre es la suya.
No hay poda.
La maleza protege el enredo;
entrelazamientos entre campos
que se sienten parte de una misma sangre.
La que caerá.
Para cortar un lazo, la sangre caerá.
Polaridades opuestas,
polvos estrellados
que nacieron bajo naciones ajenas.
Llamas que se prenden de la corteza,
gemelas en la flama de su bandera.
Si tal vez corto esta piel
que se untó
de cada ramificación,
de cada enredadera
que atrapó a las plagas,
prisioneras de aquella que caza;
de esa destreza en el músculo
de una carnívora.
Para unirme a la sangre
de los insectos,
tengo que creer
en el mundo que degustan
sus creencias.
El que disfruta la tanatopraxia
de esos cuerpos.
Para existir entre sus pinzas,
para entrelazarme
en células
que harán de espejo
cada corrosión mía
que es iluminada en la noche.
Debo creer en la muerte, la que nos une.
Y para mí, ninguna pérdida es devota.
Ninguna mística es magia
si enamorada de mi juicio lo amarra.
Y mi mente ya no es mente.
Es la suya advirtiéndome
qué pensar, qué amar.
En qué creer.
Yo ya no creo.
Me aterra su creencia,
en la que tengo que dar por cierto cosas
que me deportan de mi alma,
de mi propia sangre...
Cuando amo su mente.

Milagros Gomez
Escritora Argentina del Terror Poético. Publicada en antologías y revistas internacionales. Directora y curadora editorial de la Revista Vapula.
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